sábado, 25 de agosto de 2012

El libro del sábado. EL HARÉN DE LA SUBLIME PUERTA





Sin poder ser considerado una obra maestra esta novela de Shmueli resulta atractiva y entretenida, dándonos una buena panorámica de lo que fue la Estumbul otomana en el siglo XVII
Su protagonista, un eunuco negro (como todos, esclavo) nos introduce en las intrigas del palacio de Topkapi en tiempos de Murat IV e Ibrahim el Loco, con Kosem (la Sultana Madre) controlando todos los hilos de un poder a menudo despiadado, en ocasiones simplemente caprichoso, que desbarata vidas y sueños en su ansiosa búsqueda.
La visión orientalista del haren
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Un poder (el de mujeres y esclavos) que se contrapone a la continua búsqueda de placeres de los sultanes. Todo en un cerrado microcosmos: el harén corrupto e intrigante en donde se intercambian sexo y favores, y la inocencia es un verdadero delito que suele costar la muerte.


 Tumba de Amet IV y sus familiares (en donde se encuentra también Kossen)
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Para la historia, lo mejor del libro son sus análisis políticos sobre el Imperio Otomano, de los que os dejo algunos textos

Detrás de esta fachada del aprendizaje tradicional, se escondía el tácito principio de preparar a una clase esclava para gobernar el Imperio Otomano. Era un sistema que impedía la creación de una aristocracia oficial de turcos nativos que pudiera rivalizar con la dinastía reinante (...). No había bajá, gobernador o persona con cargo de categoría que fuera turco de nacimiento (...) Después de su muerte, la mayor parte de lo que poseía volvía a ser propiedad del sultán (...) El sistema le garantizaba al Sultán tener alrededor a un grupo de hombre sin raíces o lealtades (...) Debían su ascenso no al nacimiento, rango o categoría, sino a la exclusiva voluntad del sultán

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En aquella época había en Estambul varias órdenes de derviches, cada una con su propia Tarika para acercarse a Ala, conseguir su ayuda y, finalmente, unirse con él
La Sultana Madre: Kössem

Hasta los tiempos de Solimán, se elegía al Gran Visir por su competencia. Desde entonces, se ha ido convirtiendo en cuestión de dinero. Los que aspiran a este elevado puesto deben en primer lugar tratar de ganarse el favor de aquellos que tienen acceso al Sultán (...) Evidentemente los cortesanos no venden sus favores a un Visir honesto y competente. Tiene que ser, en primer lugar, de su mismo pelaje. Una vez entregado dinero y joyas a aquellos que pueden influir en su nombramiento, el nuevo Gran Visir debe cumplir otras promesas y dar cargos a números infinitos de criados y cómplices (...) Explotar su cargo para cualquier otra cosa que no sea su propio provecho y el de los que le han ayudado es exponerse al desastre, porque muchos candidatos a este puesto están esperando entre bastidores con más promesas de dinero y privilegios. Por otra parte, para satisfacer a estos últimos, tiene que explotar al pueblo. Naturalmente hay un límite en esta explotación más allá del cual se rebelarán y exigirán un nuevo visir. De todo ello se saca la consecuencia de que el puesto de Gran Visir es precario, a menudo imposible y solamente un maestro en intrigas palaciegas puede aspirar a conservar este puesto y su cabeza durante mucho tiempo

 Harem en el Palacio de Topkapi

Con una corrupción semejante en el imperio, es sorprendente, no que continúe funcionando, sino que no haya desaparecido en algún momento en los últimos cien años. Con una mezcla de sultanes libidinosos, un ejército corrupto y rebelde, gobernadores venales, administración degenerada, arcas del Tesoro vacías y una población que se queja continuamente de la injusticia y la crueldad.



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