“Alzados los vecinos de Canilles de Aceituno, Sedella y Solares, los de Competa y de los otros lugares de la sierra de Bentomiz hicieron lo mismo, movidos por Martín Alguacil, vecino de Competa, hombre noble y de mucha autoridad entre ellos, por ser el principal del linaje de los Alguaciles, que en tiempo de moros tuvieron mando en aquella tierra.”
Luis de Mármol Carvajal en sus crónicas de la Rebelión morisca ya nos muestra la geografía que queremos estudiar: media docena de pueblos extremadamente blancos recostados en las faldas de Sierra Tejeda que le protege del frío norteño y le proporciona, gracias a múltiples manantiales, agua, agua que los propios picos extraen de las nubes.
Canillas
Y es que, si toda la Axarquía (comenzando por su nombre) es un museo vivo de la presencia islámica y morisca, esta zona, con difíciles accesos, aún lo es más.
Lo vemos en su trazado anárquico, en sus casas cúbicas, en sus estrechas vegas en donde el agua se reconducía para el regadío de sus moreras que alimentaran la industria de la seda.
Anchez
Salares
La zona, en el siglo XII (tras la huida masiva de los mozárabes hacia el norte) quedó seriamente despoblada, iniciándose una repoblación por parte de tribus procedentes de la zona marroquí (Masmudas y los Gomeres)
Con ellos trajeron el primer arte meriní, heredero directo del gran arte almohade que milagrosamente aún hoy se conserva en algunos de sus alminares que mantienen la decoración de paños de sebka.
Salares
Archez
La presencia islámica se continuó aún en tiempos cristianos (moriscos) hasta que la famosa revuelta de los Moriscos de Granada los terminó expulsando.

















