sábado, 18 de septiembre de 2021

EL LIBRO DEL SÁBADO. Paul Auster. La habitación cerrada


Tercera entrada de la Trilogía de Nueva York que utiliza la biografía como nueva fórmula de investigación que termina siendo autobiografía (pues hay tantas personas que viven dentro nuestro pero creemos ver afuera, como si la realidad fuera un espejo, deformante acaso) para hablarnos de las obsesiones y sus peligros, especialmente el de convertirse en esa maleable realidad.

Personalmente a mi me parece el más flojo de los tres, especialmente por su final que quiere cerrar sin de verdad hacerlo.

Lucas Corralejo


Todos nuestros libros de Auster


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sábado, 11 de septiembre de 2021

EL LIBRO DEL SÁBADO. Cristoff, María Sonia. Desubicados


Cuando entra en crisis, necesita retirarse para recolocar sus pensamientos, y para ello, qué mejor lugar que el zoológico.

Un lugar al margen de lo cotidiano que sirve para pensar e hilvanar ideas en ese intenso monólogo interior en que la autora (con un humor caústico) nos trae y nos lleva por sus ideas, desde el poder al clima, de lo humano y también de lo divino. Grandes temas y pequeñas observaciones, muchas de ellas demasiado afiladas para las mentes más estrechas

Merece la pena pensar con ella


Solsona


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martes, 31 de agosto de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Las causas de la de ultraderecha

Los prejuicios funcionaban aquí como gasolina barata que ponía en marcha un ejército de peones en las redes sociales, por más que los medios de comunicación trataran de desmontarlos con datos y estadísticas. Es habitual que, cuando se trata de escoger entre la realidad y sus estrechos prejuicios, los individuos se queden con sus prejuicios, porque al menos estos conforman entre sí un relato coherente, mientras que la realidad es solo un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa. Casi nadie se tomaba la molestia de verificar tales informaciones, pues había titulares para alimentar todas las formas de intransigencia, y los simpatizantes de LUX no eran los únicos, pero sí los más reacios a revisar la credibilidad de las noticias, hombres que habían renunciado al combate fundamental: el combate contra sus propias ideas preconcebidas, hombres para los que la realidad solo era un comentario, una nota a pie de página de sus propias

(...)

Contábamos con medios de comunicación e información con los que hubieran soñado los filósofos ilustrados, herramientas prodigiosas con las que fomentar el conocimiento, y no obstante las empleábamos como una gigantesca máquina de producir bilis, con titulares tendenciosos sobre la inmigración, las feministas, los progresistas, que conducían al lector a un mismo corolario: nadie te tiene en cuenta, eres la última pieza del engranaje, la izquierda solo se preocupa de los rumanos, de los mahometanos, de las mujeres histéricas, de los travestis y de los negros. Pero ¿quién se preocupa de ti? Y ese mensaje calaba con facilidad entre los desempleados, los desahuciados, los desengañados, los desposeídos, los desharrapados, entre todos aquellos que anhelaban proclamar que no eran unos privilegiados, que no tenían la culpa de lo que hacían otros varones heterosexuales, blancos y españoles, que no era el género masculino en su conjunto el que agredía o violaba a una mujer. ¡Mírame! Vivo con cuatrocientos euros al mes en un barrio degradado, sin apenas ayudas sociales y sin esperanza. ¿De veras te parezco un privilegiado, un representante del orden patriarcal, un supremacista? Y, aunque lo fuera, ¿por qué hablaban ustedes de los hombres como si pertenecieran a un estadio evolutivo anterior a las mujeres? ¿Por qué los varones teníamos que sentirnos culpables, por ejemplo, de todas y cada una de las agresiones sexuales, como si se hicieran en nombre de todos? Un crimen es un acto individual o colegiado, no es la sociedad la que impulsa tu conducta, la que te empuja a la alcoba de la agredida ni te susurra instrucciones al oído mientras fuerzas su intimidad. No, siempre se está solo frente a la víctima. Un hombre que viola o que mata a una mujer no es la expresión de una superestructura ideológica, sino alguien que está solo en la cabina de mandos del mal.

(...)

 Lo que aquellos hombres hacían era gestionar el miedo. El sistema era simple: los perturbados, los inmigrantes ilegales, los enemigos de la patria tenían que saberse en permanente peligro y en completa indefensión, y de este modo dormirían con miedo, se afeitarían con miedo y caminarían con miedo por las calles. La violencia, de este modo, ni siquiera sería necesaria, porque bastaría con la mera expectativa de la violencia.

(...)

Toda esa constante radiación sobre lo que los hombres hacemos, sobre nuestros privilegios, de la masculinidad tóxica, esa tenaz censura sobre nuestras palabras y ese fastidioso corsé de lo políticamente correcto. ¿Qué esperaban ustedes, que agacháramos la cabeza y escondiéramos el rabo entre las piernas? No, algún día nos rebelaríamos contra todo eso.


LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



miércoles, 28 de julio de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Debates con la ultraderecha

 Yo lo había visto en el que siempre me pareció su medio natural, los debates televisivos. Podría decirse que su estrategia en aquel lance consistía precisamente en no debatir, en descargar su batería de datos sin dirigirse de forma directa a sus oponentes, siempre mirando a cámara para apelar a los espectadores. Si un rival aireaba la cifra de víctimas de la violencia de género, él contrarrestaba poniendo sobre la mesa las denuncias falsas de mujeres. Si otro le afeaba su discurso insolidario con respecto a la inmigración, él aireaba dos o tres casos recientes de violaciones en grupo o de robos perpetrados por menores musulmanes. Frente a la abstracción de los principios, de los derechos humanos, el acudía a los incidentes concretos, a la anécdota, a los delitos ignominiosos con nombres y apellidos extranjeros [esto no va de derechos humanos, acostumbraba a decir, sino de supervivencia], la mayoría de las veces esgrimiendo falsas estadísticas sobre las ayudas a los inmigrantes, o sobre los índices de delincuencia y de internamiento carcelario de los distintos colectivos de extranjeros en el país, rumanos, marroquíes, ecuatorianos..., pero que tampoco podían ser refutadas: si un rival denunciaba la incongruencia de sus cifras con los datos oficiales, siempre le quedaba el recurso de acusar a las entidades públicas de concurrir en una inmensa conspiración alentada por financieros internacionales para ocultar la verdad a los ciudadanos, y si su oponente le reprochaba la naturaleza conspiranoica de aquellas afirmaciones, él siempre podía acusarlo de formar parte de la conspiración, de estar a sueldo de aquellos mismos magnates. 


LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



sábado, 24 de julio de 2021

EL LIBRO DEL SÁBADO. E. L. Doctorow. Homer y Langley


Una delicadísimo paseo por la historia del siglo XX, desde la primera guerra mundial en la que fue herido Langley hasta los movimientos sociales de los sesenta y la especulación inmobiliaria de los 80 (y entre medias, los felices 20 y la Gran Depresión, los mafiosos de la ley seca, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la contracultura...)

Una historia real de dos hermanos cuya casa, tras la muerte, se abrió para ver un almacén entero del siglo gracias a la obsesión de Langley por encontrar la forma perfecta de un periódico eterno y, a la vez, un ansia/odio por las cosas que le llevan a coleccionar máquinas de escribir, montar un coche entero dentro de una habitación... Entre ellas y él se crean lazos extraños que suelen evitar lo utilitario, convirtiéndose en una especie de doble piel.

El otro hermano, Homer, ciego desde muy temprano y, precisamente por ello, testigo constante de las furias y los sueños de Langley. Su amor por la música es una verdadera delicia (en el fondo todo en la novela lo es, hecha con un amor suave y delicado por las palabras), pero también lo es toda la relación filial de esos dos seres impares que navegan sobre el siglo sin perder su individualidad.

Como digo, el estilo es asombroso. 

Una forma sin escollos de contar, como un río suave en que fuéramos nosotros pequeñas briznas de hierba sobre su superficie que avanza sin parar nunca, sin fallo alguno. Todo previsto. Los azares domados por unas personalidades que se asombran de todo pero todo lo aceptan.

 CIPRIÁN


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miércoles, 21 de julio de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Los discursos de la ultraderecha 1

Eso que ustedes llaman diversidad no es más que desorden, disgregación. Todo ese discurso de la izquierda me recuerda a la entropía del cosmos. Ustedes disgregan la normalidad, la pulverizan y la esparcen por el espacio vacío. Donde debería haber unidad y cohesión, solo proponen nebulosas de polen de ideas [sí, esa fue la rebuscada imagen que empleé entonces, lo recuerdo a la perfección: nebulosas de polen de ideas]. ¿Es que no lo ve? ¿No se da cuenta de que estamos perdiendo nuestras señas de identidad?

(...)

No lo dude: nosotros disponíamos de todas las herramientas necesarias para propiciar aquellos brotes psicóticos y encender la mecha de la indignación, una inmensa red de páginas falsas, grupos de chat, avatares, perfiles clonados y bots gestionados por una empresa ucraniana pagada por la familia de Fausto que conseguían millones de interacciones viralizando noticias falsas, manipulando otras o descontextualizando vídeos y titulares viejos o filmados en otros países que nosotros presentábamos como si hubieran ocurrido aquí y ahora, grabaciones que se multiplicaban por las redes hasta que perdíamos el control sobre ellas, el viejo mecanismo de las habladurías convertido en matemáticas, en un algoritmo, en parte controlado y en parte incontrolable, y todo ello amasado con los peores materiales. 


 LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



sábado, 17 de julio de 2021

El libro del sábado. Selva Almada. El viento que arrasa

 

 Con un paisaje predominante (que a veces es Rulfo y otras Carlos Fuentes), Selva nos habla de una historia impar de cuatro personajes desubicados: un gringo, un predicador, un adolescente y un niño.

Cuatro personajes que viven sus propias soledades y una avería de un coche y la posterior tormenta, les termina por unir, haciendo (el destino) extrañas carambolas que no se podían haberse previsto un sólo día antes).

Con un dominio del lenguaje y el ritmo, sin ningún fuego artificial y una sensación de terrible cansancio (el del fracaso), la novela navega por los tiempos de los distintos personajes, iluminándonos trozos de sus vidas, los suficientes para sufrir con ellos.

 CIPRIÁN


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sábado, 10 de julio de 2021

El libro del sábado. MO YAN. BOOM!


En mi pueblo «boom» también significaba «alardear» y «mentir». A los niños fanfarrones y mentirosos les llamaban «booms». 

Esta es mi primera incursión en este escritor tan alabado (por su manera de narrar, por su realismo mágico dentro del mundo, ya de por sí mágico, de la cultura china, por sus complejidades espacio temporales heredadas de Faulkner en donde nos cuenta una misma historia desde sus orígenes temporales disfentes que terminan por converger) como criticado (por su cercanía al sistema político del comunismo chino que, tal vez, se vio sancionado por el premio Nobel)

Realmente, aún estoy un poco confundido, pues me ha fascinado su forma de narrar (aunque una cierta economía de palabras redundaría en la mejora de sus historias), especialmente a ese universo casi onírico de la China rural en donde la carne se ha convertido en un verdadero dios, con el protagonista (y voz principal del relato) como su verdadero y único sacerdote, primero como directivo de una gigantesca fábrica de carne, luego en un propio templo edificado en su honor.

Un lugar de pasiones, corruptelas y odios sin fin que hablan de los sistemas de poder y control (desde la familia a las relaciones laborales o el vasallaje a los poderosos locales) y, a la vez, de las necesidades y sentimientos humanos que frustran. (En este punto podría tratarse de una metáfora, muy muy oscura, sobre el mundo chino, sus corrupciones y miserias)

Por otra parte, algunos pasajes me han parecido o confusos respecto al resto o simplemente prescindibles, pues es el problema de realismo mágico: hay que atarlo muy fijo para que no se escape y sólo pueda dar pequeños brincos sobre la realidad, interactuando constantemente sobre ella. Si se le deja andar y vagabundear todo termina por perder sentido (que es lo que me ha ocurrido en algunos momentos de la novela).

No sé, tal vez sea simplemente una imposibilidad propia






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miércoles, 7 de julio de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Las verdaderas verdades der la ultraderecha

 «¿Sanidad? ¿Educación? —proseguía la Hallman en aquella entrevista—. ¿Para qué querríamos que las proporcionara el Estado? ¿No hemos aprendido bastante de la experiencia de la Unión Soviética? Cuando el Estado mima a los ciudadanos, estos se acomodan bajo sus faldas. La vida es una lucha, y lo que nos hace mejores es precisamente esa lucha, esa competición, clave de la evolución biológica, y también de la evolución social», discurso que encajaba como un guante con aquella moral heroica que propugnaban sus camaradas de filas.


LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



sábado, 3 de julio de 2021

EL LIBRO DEL SÁBADO. Los restos del día. Ishiguro


Un libro maravilloso que, a lo largo de los años, significó cosas diferentes para mí.

Cuando la leí en los noventa me quedé fascinado por esa dignidad de la que tanto habla (y practica) el protagonista y voz del relato. 

Una dignidad que en aquellos tiempos me pareció algo grandioso que puede justificar toda una vida y, a la vez, un disfraz perfecto en donde esconderse ante los demás. 

Sin embargo, quince años después, una nueva lectura me revolvió el alma. 

La novela seguía estando tan bien escrita como siempre (creo que es una de las mejores suyas, siempre tan sutil, tan pausada, con impetuosas pasiones, algunas muy políticamente incorrectas,  escondidas tras un espeso barniz de educación y buenas maneras) pero tenía algo demoníaco dentro de ella

Una moral de perdedores, realmente. Esa dignidad entonces me pareció un profunda cobardía, la misma que yo mismo he tenido durante años y años en mi vida. Ese miedo ante el mundo, la timidez congénita, que sólo parecía paliarse creándose corazas y dignidades.

Evidentemente el cambio estaba en mi, en mi profunda revisión de las cosas tras mi ¿fracaso? como profesor en un colegio privado que me llevó a la más dura de las depresiones. Esta dignidad que sólo sirvió para que me pudieran explotar sin apenas despeinarse (sólo mucho después entendí que no se puede ser caballero ante un tigre, y mucho menos ante un empresario sin escrúpulos ni autoestima que sólo conseguía sobrevivir humillando a los demás)

Lucas Corralejo


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