Aquí comenzó el realismo sucio (a veces soez) y sobre todo deprimente, de Bukowski.
En él nos narra su historia real , la que sucedió antes de su llegada a la escritura, cuando estuvo doce años vinculado al servicio federal de Correos de la ciudad de los Ángeles.
Durante todo este tiempo, el personaje-autor (Chinaski) representa perfectamente el papel (reverso) del sueño americano, y nos sumerge en un mundo dominado por la rutina, la monotonía (bien regada de alcohol), el sexo (mucho menos placentero de lo que se espera) y una profunda desidia ante todo, como si la realidad fuera un aire pesado, sin glamour alguno.
Nos habla así también de otro EE UU mucho menos conocido pero tan existente y real como el de la clase media o la exquisita clase alta. Un mundo mísero, y no precisamente por el dinero, sino por la falta de horizontes, por su profunda incapacidad de crear sueños y destinos nuevos, un poco brillantes al menos.








