Son historias de las personas que no cuentan, aquellos desheredados que no saben que no pueden (a menudo le faltan palabras para comprenderse), que la situación vital les termina marcando un destino fatal.
Es la Colombia rural, la Colombia pobre y alejada de cualquier cosa que hunde sus raíces en la miseria económica e intelectual.
Ante ella los protagonistas son héroes zarandeado por el destino, y sólo en algún milagroso momento, consiguen imponerse a él a través de tenacidad y un golpe de suerte. (Hay mucho de héroe clásicos, castigados por dioses inclementes)
Son historias de dolor, muerte y sexo en donde todo lo fundamental se entrecruza como si fueran tragedias griegas sin necesidad de dioses del Olimpo.
En ellas hay medio escondidas pero siempre presentes la guerra, el narco, la pobreza y la dominación.
También es deslumbrante el estilo las metáforas, las frases arriesgadas, un sentido del ritmo y de los adjetivos que no entra nos dejan entrar en mundos casi oníricos sin perder contacto con la realidad.
El libro es fruto de una larguísima experiencia de la autora en pequeñas escuelas rurales y pequeños talleres de literatura en donde enseña a los que no tienen voz a empezar a poseerla.








