Una obra, menor pero bella, de uno de nuestros escritores favoritos.
En ella no nos encontramos con una ficción sino de un juego de historias rescatadas del Antiguo Testamento, casi un estudio (no programado) de alguno de los mecanismos literarios que convierten a la Biblia en una de las mejores obras narrativas de todos los tiempos, desde la sorpresa final a la desmesura, la tragedia, la continencia y la abundancia.
Fantástica para quien gusten de la fina ironía del autor que, sin dañar, juega con todos aquellos temas eternos (a veces profundizando a su manera de ser interpretados, de forma tan curiosa, en el nacional-catolicismo franquista)
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