Además de esto ocurrían otros relatos sobre la vida del supuesto escritor que se vuelve a retomar en esta novela que escribe (a cuatro manos, dos de ellas ficticias) y ayudado por otro escritor que es un nuevo personaje (Bibiano) y un inspector de policía (también imaginado) que busca justicia.
Como puede verse la obra es una pura intertextualidad, un simulacro dentro de otro en donde la verdad, casi nunca directa, es tan sólo las palabras que se han oído a otro que cuenta lo que le dijeron... hasta convertirla en una pura posibilidad.
Y pese a todo, el autor y sus compinches deciden convertirse en detectives literarios para reencontrar el que fue (además de enorme, infame por sus asesinatos) una de las plumas más valientes y esclarecidas, subido a un avión como si fuera una nueva vanguardia.
Un Bolaño ya en cuerpo entero








