Una lectura apasionante que te consume hasta que consigues terminarla (es la perfecta lectura de verano que permite largas sentadas para abandonarla lo menos posible)
A mitad de camino
entre la novela histórica y la negra, sus autores consiguen un ritmo endiablado
que engancha. Para ello no renuncian a nada, desde los carbonarios a los
carlistas, la epidemia de cólera, la prostitución, la marginalidad o las
grandes de España. Es verdad es que a veces hay clichés un tanto manidos, casi
decimonónicos, (aunque se terminan manejando con soltura) pero también
numerosos cambios y giros del argumentos, algunos verdaderamente geniales.
Aparte de la
propia trama sobre la que poco se puede decir sin caer en spoilers, los
autores consiguen con ella una plataforma para hablar de nuestros propios
tiempos, y reflexionar sobre lo que significan y producen las pandemias (de
cólera en el caso de la novela), sobre la pobreza extrema que maltrata a las
personas hasta destruirlas moral y físicamente o sobre la política y sus tic
maquiavélicos. Aunque a veces rozando la pura anacronía, aparecen la trata de
menores, las violaciones, el papel de la mujer, los bulos y rumores que traen
las pandemias (tanto los pobres como el clero son acusados de envenenar el agua
de las fuentes con el cólera).








