Mudanza., la de una casa que es la metáfora de un cuerpo que es la menopausia.
Lo elegí con entusiasmo cuando vi su contraportada. Quería leer mi propio diario en las palabras de otra. Quizás por eso me defraudó.
El libro es correcto, tiene ritmo, pero no coincidía con mis necesidades. Yo ansiaba encontrar todos mis miedos y solo encontré sofocos y escalofríos. Busqué cómo era el sexo tras un divorcio y tras la menopausia, pero no encontré más que algunos lugares comunes y poca chicha.
Era rápido, de escenas cortas y bien enlazadas, pero superficial, al menos para otra menopáusica que buscaba una investigación sobre todas debilidades y miedos que llegan según se va retirando la regla.
Necesitaba una cartografía precisa de este mundo y solo me enseñaron una postal que quizás llegue mejor a todos los públicos .
Buscaba una explicación de los nuevos deseos que aparecen de nuevo con una fuerza atronadora. Un terremoto al que no estás acostumbrada y te da miedo. Miedo de ti misma, pues te pareces una desconocida que está harta de obedecer y necesita aire, nuevo aire que respirar.
Por eso no me gustó, aunque sea entretenido y con chispa. Aunque sea un lugar común, no es el libro, soy yo quien lo ha leído mal





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