En principio es un libro sobre poetas (más que sobre poesía), los llamados realvisceralistas que pretenden regenerar la literatura patria y sólo son puros papeles llevados por el viento del destino que terminarán prisioneros (como una enorme metáfora) en el desierto de Sonora.
Sin embargo, todo esto es, en realidad, una falsedad, una pura cáscara para esconder las mil historias y personajes que se desarrollan en torno a una idea literaria de la que nunca conocemos nada (o casi nada). Estos personajes, historias y lugares que pasan del DF a Barcelona, París, Israel o la propia África Negra, desarrolladas en más de 20 años hasta terminar en desierto de Sonora y el verdadero asesinato que se produce al revés de lo normal en las novelas de detectives, al principio.
Todo esto es la novela que encumbró a Bolaño, una pura vida que se desborda más allá de las páginas sin final feliz ni moraleja, como es la propia y real vida, llena de lugares sin magia, de anécdotas llenas de costuras, de casualidades, de incomprensiones y (como fogonazos extremos) comprensiones entre los propios personajes (o sobre ellos mismos).
A mi particularmente me ha fascinado la segunda parte en donde la novela se rompe como un espejo, en mil pedazos, cada uno contado por un personaje distinto, que ilumina una faceta de los dos protagonistas a la vez que cuenta su minúscula historia personal.







