Tan terrorífico como bello. Tan duro como poético.
En la primera se encuentra la historia en si, la de aquellos que no quisieron oponerse a sus destinos y pasaron a esa categoría tan extraña de lo travesti a la que muy pronto unieron la de la prostitución.
Es la terrible crónica de unas vidas marcadas por la explotación, la violencia, el odio social, la incomprensión.
Una existencia que solo se puede endulzar por el deseo y por la hermandad con sus iguales que se apoyan en las tragedias.
Junto a esto último la belleza está también en su prosa, de una verdad poética tan maravillosa que vuelve agradable todo lo anterior.
Su escritura está llena de hallazgos, como la de esas gotas de realismo mágico que hacen más soportable el mundo y la lectura. Sus hombres sin cabeza o las metamorfosis de algunas de ellas son magníficas.
Pero además de esto está la ternura de sus palabras. Una mirada tan tierna como preciosa que no oculta lo que ocurre pero lo envuelve en palabras, lo llena de una extraña esperanza, como esa matrona travesti que se convierte en madre.








