martes, 10 de diciembre de 2019

AMBROSIO SPINOLA

                                        Tomado de wikipedia

Todos lo conocemos por las Lanzas de Velázquez. Ese militar que impide que se agache Nassau en su entrega de llaves.
Hijo de una de las principales familias genovesas (los grandes banqueros de la España Imperial), enfrentada con los Doria por el control de la república, eligió el camino de las armas para ennoblecer el pasado mercader de su familia y hacer verdad su lema: honor y prestigio.
Por Rubens
Tomado de wikipedia

Para ello siguió los pasos de su hermano menor, Federico, entra al servicio de Felipe III en la guerra de Flandes, intentando una estrategia naval que los hostigara desde el norte que terminaría por fracasar, produciendo la muerte de Federico.
Muy pronto Ambrosio intervendrá en algunos éxitos militares (como el sitio de Ostende) que le proporcionarán fama, convirtiéndose en general.
Grabado sobre las victorias de Spinola entre 1605-1606
Tomado de wikipedia

Sin embargo, pronto se sumó al partido que buscó y consiguió la famosa Tregua de los 12 años con Holanda, trabajando como militar para otras monarquías europeas hasta su finalización.

Bandera del tercio de Spinola
                                                                 Tomado de wikipedia

Desde entonces volvió a actuar como general plenipotenciario de los tercios de Flandes, en numerosas ocasiones adelantando el dinero para su formación y avituallamiento, participando en numerosos sitios, como el Juliers o el de Breda, que les darán fama y honores, siendo nombrado marques de los Balbases, caballero de la orden de Santiago y del Toisón de Oro.

Será su momento culminante, pues los celos de conde duque de Olivares a su ascendencia a la corte hicieron que se le fueran retirando el favor real mientras le enredaba en España en inagotables reuniones y consultas de las que nunca consiguió nada.
Al empezar la guerra de sucesión de Mantua fue enviado como gobernador al Milanesado, aunque ya en Italia fueron eliminados todos sus poderes, un golpe fatal que le derrumbará, muriendo un año después.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

lunes, 2 de diciembre de 2019

Una iglesia visigoda en el Boalo



Tomado de ABC


Muy cerca de Manzanares el Real, dominando la cañada que genera el río Samburiel, se ha descubierto una iglesia visigoda, posiblemente de finales del VII.
Desde los años 90 se conocían tumbas en la zona cuando comenzó a urbanizarse, pero ahora lo que empezamos a conocer es todo un edificio (tal vez un pequeño monasterio) que controlaba el paso de ganado por la zona


Un buen vídeo para conocerla

lunes, 25 de noviembre de 2019

BARRIO DE LA VILLA. PRIEGO DE CÓRDOBA


Encaramada sobre un Tajo (convertido en el balcón del adarve) forma parte del Priego islámico.

Se trata de un conjunto de estrechas callejas encaladas que son la perfecta expresión del urbanismo islámico, anárquico y cerrado sobre sí mismo y ahora adornado de macetas y flores.


Un lugar fuera de los grandes circuitos turísticos en donde encontrar estas ciudades secretas.



miércoles, 20 de noviembre de 2019

AIRE. BACH

Si habéis dado al play estaréis escuchando algo semejante a lo que debió componer Bach para , el príncipe Leopoldo de Anhalt-Cöthen en algún momento entre 1717 y 1723.
 Un juego entre las cuerdas (de sol, añadió el maestro) lento y cadencioso que es una de las melodías más bellas y extraordinarias de toda la historia de la música. Una pieza perfecta desde el principio al final con sus diferentes voces que se entruzan y mientras unas llevan la voz cantante, el resto crea un contrapunto exquisito y delicado.
Sin embargo, es muy probable que la versión que hayáis escuchado sea esta
Una versión más moderna que dio más protagonismo a los violines solistas y perdió un tanto el equilibrio con los que le hacían de base.
La realizó el violinista August Wilhelmj a principios de siglo XX, siendo ¡una de las primeras grabaciones del maestro! que durante siglos estuvo olvidado y con obras como esta se convirtió (perdón a Mozart y Beethoven) en el gran grande de la música

lunes, 18 de noviembre de 2019

XANADÚ Y EL JARDÍN ROMÁNTICO Poema Kubla Khan de Samuel Taylor Coleridge.


Cuenta el propio autor que el poema le fue inspirado en el duermevela tras la ingesta de opio y terriblemente destrozado por la aparición de una visita que le interrumpió tras una hora, impidiéndole continuar.

Aún así escribió el poema más bello de un jardín romántico.
En él vamos a encontrar numerosos rasgos del mundo romántico, el primero de ellos la propia gestación entre el sueño y las drogas que liberaban el yo y la razón para dajar entrar la ensoñación.
Un sueño enclavado en una remota región de China que recogía toda la fascinación por ese continente desde el siglo XVIII, cuando comenzaron a llegar las primeras chinerías a Europa y se empezó a vincular con la idea de exquisito y exótico, fuera de las características estructuras occidentales (la curva, lo asimétrico, lo inacabado y brumoso.

Hay, por otra parte una sacralidad sin necesidad de dioses, algo telúrico, enraizado a la propia tierra y sus componentes que crea un clima (tanto sensorial como espiritual) que transforma al soñador y lo conduce a un éxtasis (mejor, un nirvana) en donde el yo se comienza a diluir en el todo.

El agua juega un importante papel, pero sin mediación de lo humano, y tanto el río como los arroyos serpenteantes hablan de una naturaleza virgen de cualquier tipo de matemática, pues las medidas se vuelven relativas (las colinas tienen el mismo tiempo que los árboles plantados en ellas) y la luz y la sombras juegan, indecisas y sin ningún tipo de moralidad apriorística, pues tan "bello" (en un nuevo sentido) era la fuente como las grandes cavernas de hielo, pues ambas eran puro misterio.

En este punto arranca el momento más feliz de todo el poema, esa fuente y sus borbotones que son como granizos o mieses, una verdadera epifanía del paisaje que da vida al río sagrado y se coloca como ónfalos primordial que termina ... en tambores de guerra
EN Xanadú, Kubla Khan
mandó que levantaran su cúpula señera:
allí donde discurre Alfa, el río sagrado,
por cavernas que nunca ha sondeado el hombre,
hacia una mar que el sol no alcanza nunca.
Dos veces cinco millas de tierra muy feraz
ciñeron de altas torres y murallas:
y había allí jardines con brillo de arroyuelos,
donde, abundoso, el árbol de incienso florecía,
y bosques viejos como las colinas
cercando los rincones de verde soleado.
¡Oh sima de misterio, que se abría
bajo la verde loma, cruzando entre los cedros!
Era un lugar salvaje, tan sacro y hechizado
como el que frecuentara, bajo menguante luna,
una mujer, gimiendo de amor por un espíritu.
Y del abismo hirviente y con fragores
sin fin, cual si la tierra jadeara,
hízose que brotara un agua caudalosa,
entre cuyo manar veloz e intermitente
se enlazaban fragmentos enormes, a manera
de granizo o de mieses que el trillador separa:
y en medio de las rocas danzantes, para siempre,
lanzóse el sacro río.
Cinco millas de sierpe, como en un laberinto,
siguió el sagrado río por valles y collados,
hacia aquellas cavernas que no ha medido el hombre,
y hundióse con fragor en una mar sin vida:
y en medio del estruendo, oyó Kubla, lejanas,
las voces de otros tiempos, augurio de la guerra.
La sombra de la cúpula deliciosa flotaba
encima de las ondas,
y allí se oía aquel rumor mezclado
del agua y las cavernas.
¡Oh, singular, maravillosa fábrica:
sobre heladas cavernas la cúpula de sol!


lunes, 11 de noviembre de 2019

Rocca Albornoz . Spoletto


Construida por Álvarez de Albornoz (aquí vimos su apasionante vida) para el Papa Inocencio VI  como forma de control de la ciudad (una de las más importantes de los Estados pontificios) y un símbolo del poder papal ante el inminente regreso de la sede papal de Avignon a Roma.

Su arquitecto, que ya había colaborado con el cardenal en las roccas de Gubbio, Orvieto o Urbino, fue el arquitecto  Matteo Gattaponi .
Para ello creó un doble recinto gemelo rodeado de torres dividido en dos patios: uno de guardia y otro de onore.
El segundo se ordena en torno a un patio atribuido a Bernardo Rossellino con pozo central lleno de pinturas sobre los distintos papas que ocuparon este lugar.



El salón principal está dedicado a los banquetes, con un pequeño recinto más privado (cámara pinta) en donde encontramos exquisitos frescos dedicados al amor cortés que floreció en el Trecento desde orígenes provenzales, siendo la base para el futuro Quattrocento.



La estructura defensiva aún pertenece al XIV (sin artillería), con grandes muros rectos y torres cuadradas a las que se añade un albacar para el ganado (posiblemente una herencia andalusí traída por el propio cardenal desde modelos hispanos, protegida por una torre al modo de las albarranas.

Semejante función tienen las famosas torri que se internan en la montaña y se conectan por un puente y un acueducto.



Un texto para entender las Termas Romanas



Placidia fue hacia una de las bañeras medianas. En ella cabían tres o cuatro personas. Soltó la tela que cubría su cuerpo, sobre una banqueta de madera, y se metió dentro. El agua tibia comenzó a relajar su musculatura.



El baño caliente tenía más clientela. Se notaba que las mujeres buscaban la parte más agradable. El vaho del agua desprendía una bruma húmeda y pegajosa y enseguida notó el cambio de temperatura.

Notó como la carne se le encendía a pesar de estar bajo el agua y creyó que no resistiría la temperatura. Una de las esclavas se acercó con un cubo de agua caliente y antes de que pudiera decir nada, lo vertió dentro y Placidia sintió que le quemaba la piel. Fue solo un instante. Poco a poco se fue acostumbrando a la nueva temperatura y al cabo de un rato, era ella la que pedía a las esclavas de los baños que le volcaran el agua. Se sentó en el saliente por dentro de la bañera y el agua le cubrió hasta el nacimiento de los cabellos. Estuvo así un tiempo y fue notando que el calor ablandaba los músculos, destensaba los tendones, y daba flacidez a sus carnes prietas. Inspiró por la nariz y la humedad del ambiente calentó por dentro sus fosas nasales. Dejó sus brazos sin fuerza, muertos, para que fueran atraídos hacia la superficie.

(...) Fue hacia el frigidarium. Sin pensárselo dos veces, soltó la tela y se metió de golpe. Creyó que se le cortaba la respiración, siempre le sucedía en los primeros instantes. Notó que la circulación se le activaba, metió el resto del cuerpo y tan sólo dejó la cabeza fuera del agua. No quería perder el peinado que llevaba y tampoco le gustaba sumergirse toda. Dejó que el agua fría tonificara su cuerpo y se propuso aguantar un rato más. Luego salió del estanque y fue hacia las pequeñas habitaciones laterales donde aguardaban las masajistas. Se desprendió de la tela y se tumbó boca abajo en el primer diván. Había decidido que las aguardaría allí. La esclava encargada de estos menesteres colocó un fragmento de lino suave por encima de las nalgas de Placidia, y se untó las manos con aceite de olivas y las frotó entre ellas para calentar el ungüento. Luego se colocó a la cabecera del diván y llevó las manos hacia los costados de Placidia e inició el masaje. Pasó la palma de la mano sobre las lumbares y la movió despacio hacia la parte alta de la espalda, cerca de los hombros. Luego volvió a bajarlas por el centro y repitió el movimiento varias veces. Después la masajista se movió alrededor del diván y pasó a un lado de Placidia para masajear desde allí el costado contrario, cuando creyó que había logrado destensar aquella parte, cambió de lugar, fue al otro lado y se puso a frotar suave sobre el riñón más alejado. Luego le bajó el lino por debajo de las nalgas, se untó de nuevo con aceite y masajeó aquella zona durante un rato. Volvió a taparla y comenzó el masaje sobre las piernas. Primero una, de los muslos hacia abajo, metía las manos muy arriba, casi a la altura de la entrepierna, y bajaba presionando a lo largo del miembro. Luego se untó de nuevo las manos y pasó al pie. Estuvo estirándole los dedos y haciéndole pequeñas presiones sobre ellos. Cuando terminó de aquella pierna, se la cubrió con el lino para que mantuviera el calor y buscó la otra. Destapó hasta el muslo y pasó los dedos abiertos sobre la carne dejando caminos blancos que enseguida se tornaban rojos. Repitió los mismos movimientos. Tomó el resto del lino, le tapó ambas piernas y regresó a la espalda de Placidia. Allí empujaba con fuerza sobre los músculos y distendía los tendones enganchados. Parecía que quería meter sus dedos finos por debajo de la escápula y Placidia se dejaba hacer y ronroneaba como un gato satisfecho. La mujer se volcaba luego sobre el cuerpo de Placidia y de vez en cuando estiraba hacia la nuca con una mano y con la otra empujaba hacia las nalgas tratando de abrir los espacios entre las vértebras. Cuando creyó que había trabajado suficiente con la parte posterior de Placidia la hizo darse la vuelta.