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jueves, 9 de octubre de 2025

El comunismo y la política de los entusiastas (que también podría valer para lo woke)

A los que creen que los regímenes comunistas en Europa Central son exclusivamente producto de seres criminales, se les escapa una cuestión esencial: los que crearon estos regímenes criminales no fueron los criminales, sino los entusiastas, convencidos de que habían descubierto el único camino que conduce al paraíso. Lo defendieron valerosamente y para ello ejecutaron a mucha gente.

 Más tarde se llegó a la conclusión generalizada de que no existía paraíso alguno, de modo que los entusiastas resultaron ser asesinos. En aquel momento todos empezaron a gritarles a los comunistas: ¡Sois los responsables de la desgracia del país (empobrecido y despoblado), de la pérdida de su independencia (cayó en poder de Rusia), de los asesinatos judiciales! 

Los acusados respondían: ¡No sabíamos! ¡Hemos sido engañados! ¡Creíamos de buena fe! ¡En lo más profundo de nuestra alma, somos inocentes! La polémica se redujo por lo tanto a la siguiente cuestión: ¿En verdad no sabían? ¿O sólo aparentaban no saber?


La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)

martes, 8 de abril de 2025

Derecha e izquierda woke en el mundo global

En su lugar, tenemos un centro y una derecha alternativa, ambos esclavizados por una nueva clase dominante, los nubelistas, cuyo ascenso al poder ellos han permitido, mientras la izquierda está absorta en una guerra civil sobre la definición de «mujer», la jerarquía de las opresiones, etcétera. Entretanto, nadie habla en nombre de los proletarios de la nube, de los siervos de la nube, de los capitalistas vasallos, de lo que queda del proletariado-precariado tradicional, de las víctimas del cambio climático,

Hoy, la lucha de clases ha sido sustituida por la llamada «política de la identidad». Por desgracia, el impulso de proteger a las minorías raciales, sexuales, étnicas y religiosas y de aplicar una justicia restaurativa le viene muy bien a las personas en el poder que quieren parecer socialmente liberales; incorporan con entusiasmo estas causas a su discurso, siempre que sólo tengan que defenderlas de boquilla y hacer muy poco por proteger a las minorías de las causas sistémicas de su opresión. Además, esta adhesión discursiva a la política de la identidad permite a quienes tienen autoridad no hacer nada contra el poder extractivo económico y político que se entrelaza cada vez más con el capital en la nube. En cuando a la derecha alternativa, nada podría gustarle más. Reconoce en las políticas identitarias una oportunidad inmejorable para sacar provecho de los sentimientos defensivos, tribales, racistas y de lealtad grupal que despiertan en los votantes blancos. 

En este nuevo escenario político, la socialdemocracia es imposible. Ya no tenemos al capital en un bando y a los trabajadores en otro, lo que permitiría a un gobierno socialdemócrata hacer de árbitro y obligar a ambas partes a llegar a acuerdos.


Tecnofeudalismo (Yanis Varoufakis)

lunes, 3 de marzo de 2025

Ilustración oscura. Contra lo woke

Son recibidos como principios religiosos, con toda la intensidad pasional que caracteriza a los objetos de fe, y cuestionarlos no es un tema de imprecisiones científicas, sino de lo que llamamos ahora corrección política, y una vez llamamos herejía. Defender esta postura moral trascendente en relación al racismo no es más racional que suscribirte a la doctrina del pecado original, de la cual es el sustituto moderno sin ninguna duda. La diferencia, por supuesto, es que el “pecado original” es una doctrina tradiciones, a la que se suscribe un conjunto social en batalla, el cual está significativamente poco representado entre intelectuales públicos y figuras mediáticas. No solo eso, es profundamente obsoleto en la cultura mundial dominante y altamente criticado, sino ridiculizado, sin ninguna suposición de que el crítico está abogando por la lógica

La tolerancia ha progresado a tal grado que se ha convertido en una función policial-social, dando el pretexto existencial para las nuevas instituciones inquisitoriales (“Debemos recordar que aquellos que toleran la intolerancia abusan de la tolerancia en sí, y el enemigo de la tolerancia es el enemigo de la democracia” Moldbug ironiza).

¿Qué es lo que hace que el asesinato o el asalto sea peor si la motivación se atribuye a “odio”? Dos factores son especialmente prominentes, y ninguno tiene una conexión obvia a las normas legales comunes. Primero, el crimen se carga de un elemento ideológico o hasta espiritual, confirmando no solo la violación de la conducta civilizada, sino también su intención herética. Esto facilita la completa abstracción del odio de la criminalidad, donde toma la forma del “discurso del odio” o simplemente “odio” (el cual siempre se contrasta con la “pasión”, “indignación” o la “ira” moralista representada por el lenguaje crítico, controversial o simplemente abusivo dirigido hacia grupos no protegidos, categorías sociales, o individuos) El “odio” es una ofensa en contra de la Catedral en sí, una negación de su guía espiritual, y un acto mental de rebeldía en contra del destino manifiestamente religioso del mundo.

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Un multiculturalismo asertivo de un suave totalitarismo democrático.


Para saber mucho más de la Ilustración oscura. Nick Land


martes, 15 de octubre de 2024

¿UN NUEVO FUTURO PARA LA IZQUIERDA FUERA DE LO WOKE?

 En primer lugar, hay que incitar a mujeres, inmigrantes y personas de color menos privilegiadas a apartarse de las feministas adaptadas al mercado, los antirracistas meritocráticos y el movimiento LGBTQ+ convencional, cómplices de la diversidad corporativa y del capitalismo verde o “ecocapi-talismo” que se apropiaron de sus inquietudes para modificarlas de modo que resultaran compatibles con el neoliberalismo. Esa es la meta de una iniciativa feminista reciente que procura reemplazar el feminismo de élite por un “feminismo para el 99%”. Otros movimientos emancipatorios deberían copiar esa estrategia.

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es imprescindible convencer a las comunidades trabajadoras sureñas, rurales y del Cinturón del Óxido de la necesidad de apartarse de sus actuales aliados criptoneoliberales. El truco consiste en persuadirlas de que las fuerzas que promueven el militarismo, la xenofobia y el nacionalismo étnico no pueden y no van a proporcionarles los prerequisites materiales esenciales para una vida digna, mientras que un bloque populista progresista sí está en condiciones de hacerlo. De ese modo, sería factible deslindar entre los votantes de Trump que pueden y deben ser sensibles a ese llamamiento, y los racistas declarados y los nacionalistas étnicos de la derecha alternativa que no lo son. Decir

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No sugiero que un bloque populista progresista deba silenciar las acuciantes inquietudes en torno al racismo, el sexismo, la homofobia, la islamofobia y la transfobia. Al contrario, el combate contra estos males debe ocupar un lugar central en un bloque populista progresista. Pero es contraproducente abordarlos con una condescendencia moralizadora, a la manera del neoliberalismo progresista. Este enfoque supone una visión superficial e inadecuada de esas injusticias, que exagera groseramente la idea de que el problema reside en la mentalidad de la gente y soslaya la profundidad de las fuerzas estructurales e institucionales subyacentes.

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estoy bastante preocupada por el surgimiento de un imaginario de izquierda que se concentra obstinadamente en los movimientos sociales y no piensa en los sindicatos, los partidos y otras formas de organización de los trabajadores. Creo que la izquierda está en crisis al menos en dos aspectos: carecemos tanto de una visión programática como de una perspectiva organizativa. Es como si hubiéramos pasado de la crítica del partido leninista al espontaneísmo neoanar-quista. No me parece que este último sea algo serio, si lo que queremos es cambiar el mundo de raíz. Por eso me interesa explorar el enorme terreno comprendido entre esos dos extremos.


¡Contrahegemonía ya! (Nancy Fraser)


martes, 1 de octubre de 2024

EL PROGRESISMO NEOLIBERAL Y LA MÁSCARA WOKE

El proyecto neoliberal no podía venderse políticamente tal como era. Exigía un lavado de cara. Y ahí es donde entraron los “progresistas”, que aportaron cobertura ideológica a los propagandistas del libre mercado y los plutócratas asociados al sumar corrientes individualistas liberales de feminismo, antirracismo y derechos para las personas LGBTQ+. Muchos progresistas, desde luego, no se interesaban ni se concentraban en la cuestión económica. Pero existía una afinidad electiva entre su idea de “emancipación”, meritocrática y ansiosa por romper el techo de cristal, y el ethos del libre mercado. Tanto ellos como los neoliberales tenían una visión individualista y elevada de las cosas. Eso era una afinidad electiva.

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Clinton tuvo la idea de crear un “nuevo” Partido Demócrata capaz de conquistar el apoyo de los profesionales urbanos y los “trabajadores simbólicos” instruidos y de descentralizar las reivindicaciones de la base tradicional del partido entre los obreros fabriles. Tony Blair adoptó este modelo para su nuevo laborismo, cuyo objetivo era poner coto al monstruo del conservadurismo británico. Políticos como Blair y Clinton eran oportunistas que imaginaban estrategias para que sus partidos continuaran ocupando un lugar relevante y ganaran elecciones en tiempos de cambio. De paso, inventaron una nueva formación política hegemónica. El neoliberalismo progresista fue el sucesor de la so-cialdemocracia al estilo New Deal.

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Para que el proyecto neoliberal triunfara, había que presentarlo en un nuevo envase, darle un atractivo más amplio y vincularlo con aspiraciones emancipatorias no económicas. Una economía política profundamente regresiva podría convertirse en el centro dinámico de un nuevo bloque hegemónico solo si se la adornaba con las galas del progresismo. Por consiguiente, los “nuevos demócratas” tuvieron que aportar el ingrediente esencial: una política progresista de reconocimiento. Respaldados por fuerzas progresistas de la sociedad civil, difundieron un ethos del reconocimiento superficialmente igualitario y emancipatorio. En el núcleo de ese ethos convivían ideales de “diversidad”, “empoderamiento” de las mujeres, derechos para la comunidad LGBTQ+, posracialismo, multicul-turalismo y ambientalismo. Estos ideales se interpretaban de una manera limitada y específica que era plenamente compatible con la transformación de la economía estadounidense conforme a los dictados de Goldman Sachs: la protección del ambiente significaba el comercio de las cuotas de emisiones de carbono. La promoción del acceso a la propiedad de la vivienda equivalía a armar lotes de préstamos de alto riesgo y revenderlos como bonos respaldados por hipotecas. Igualdad era sinónimo de meritocracia.

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El programa neoliberal progresista para alcanzar un orden justo de estatus no apuntaba a abolir la jerarquía social, sino a “diversificarla” mediante el “empoderamiento” de las mujeres, las personas de color y los integrantes de minorías sexuales “talentosos” para que llegaran a la cima. Ese ideal es intrínsecamente específico de una clase y apunta a garantizar que individuos “meritorios” de “grupos subrepresentados” puedan alcanzar posiciones y retribuciones similares a las de los varones blancos heterosexuales de su propia clase. La variante feminista es reveladora pero, por desdicha, no única. Centrada en el “feminismo corporativo” y la “ruptura del techo de cristal”, sus principales beneficiarías solo podían ser quienes ya poseían el capital social, cultural y económico requerido. En cuanto a las demás, ni lograrían subir un escalón desde el sótano.

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se forjó una nueva alianza de empresarios, banqueros, residentes suburbanos, “trabajadores simbólicos”, nuevos movimientos sociales, latinos [Latinx] y jóvenes, sin perder el apoyo de la comunidad afroestadounidense, que sentía que no tenía ningún otro lugar adonde ir. En la campaña por la nominación presidencial demócrata de 1991-1992, Bill Clinton se alzó con la victoria al hablar de diversidad, multicul-turalismo y derechos de las mujeres, aunque luego predicaría con el ejemplo de... Goldman Sachs.

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Es innegable que el neo-liberalismo progresista ha beneficiado a las capas superiores de las clases profesionales y gerenciales, y ese es un sector numeroso e influyente. A las mujeres o las personas de color de ese sector, como a sus pares masculinos blancos, les ha ido bastante bien. Pero no, los beneficios para el resto no me impresionan tanto. Bhaskar Sunkara: El ejemplo de Cuomo, el gobernador de Nueva York, que aprobó una ley y se movilizó para legalizar el matrimonio igualitario la misma semana que clausuraba refugios para jóvenes que eran en su mayoría LGBTQ+fue hasta cierto punto un gran símbolo del momento presente.


¡Contrahegemonía ya! (Nancy Fraser)

jueves, 26 de septiembre de 2024

LOS JUEVES PENSAMOS. CONTRAHEGEMONÍA YA. NANCY FRASER

Es una experiencia maravillosa cuando te encuentras convertidas en certeras palabras tus intuiciones largamente vislumbradas entre la niebla, sin poder concretarse del todo.

Cuando sucede la luz ilumina lo que antes eran simples bultos, todo cobra un sentido evidente.

Y es que Nancy Fraser realiza en muy pocas páginas un acerado análisis de la política estadounidense (que puede trasladarse sin dificultad al caso europeo) partiendo de dos vectores: representación (de las distintas identidades) y redistribución (de la riqueza entre las clases).

Surge así el concepto progresismo (en cuando a representación de las minorías raciales, de género, LGTBIQ+...) neoliberal (en cuanto a sus formas económicas en donde la riqueza cada vez se redistribuye menos y la brecha entre los muy ricos y el resto se acelera).

Clinton, Obama , Biden representan así una fachada comprometida con los colectivos menos representados que, en el fondo, abandona a las clases bajas con su modelo de globalización financiera, desindustrializadora de los países ricos y con todos los poderos del estado organizados para una paz social que no deje ver los verdaderos problemas.

Según la autora, todo esto ha dejado grandes bolsas de clases bajas, desclasados, clases medias en decadencia que ha aprovechado la ultraderecha (Trump) para auparse al poder (tanto por sus problemas económicos y sociales como por un profundo odio hacia las clases privilegiadas y otros chivos expiatorios, como los inmigrantes).

Evidentemente esto sólo es un anzuelo pues en cuanto llegó al poder, Trump siguió su ideas neoliberalistas (aún más agresivas).

Todo ello se plantea como una oportunidad para que la izquierda reaccione y cree (según Gramsci) que puede volver a crearse una contrahegemonía frente a esta ultraderecha (pues el anterior progresismo está en franca decadencia) volviendo al concepto de clase social (en donde se puede incluir las identidades, pero no ser el referente fundamental) en donde tu pobreza es tan importante como tu raza, género u orientación social.

Aunque no lo explicite, en el fondo todo el análisis es una crítica al universo woke de progresismo "de pijos", de clases acomodadas que pontifican (con un aire de suficiencia) a los negros, mujeres, LGTBIQ+ pobres sobre cómo el patriarcado blanco les oprime.

Un aviso a la deriva cada vez más neoliberal de la izquierda mientras está ensimismada en el bosque de las identidades (¿o acaso las utiliza como una forma de blanqueamiento, como una sutil forma de control y superioridad moral?)


LUCAS CORRALEJO


lunes, 1 de julio de 2024

Contra lo woke

Se refiere al movimiento woke

Sí.

¿Está en contra?

De cómo están las cosas ahora sí; de los fundamentos no, porque en sus inicios llevaban toda la razón en las denuncias que hacían en temas de racismo, machismo, etc. Pero aquí ha pasado como en todas las revoluciones culturales: llega un momento en que se pierde el control y cae todo en manos de los más intransigentes, o bien de los que tienen oscuros intereses.

Richard Ford 2024

jueves, 21 de marzo de 2024

AGUSTÍN LAJE. LA BATALLA CULTURAL (los jueves pensamos)

 


No, no torzáis el gesto, por lo menos no desde el principio, ni tampoco leáis el subtítulo.
Quedaos por el momento con el título general y disfrutaréis igual que lo hice yo aunque seáis progresistas.
No entréis en la propia batalla cultural que se analiza en el libro y encontraréis un ensayo potente y objetivo que analiza el concepto de poder y el de cultura como fuente moderna del mismo.
Con miles de citas de todo pelaje (pero siempre muy competentes) Laje analiza en qué consiste esta idea de la batalla cultural inventada en la Revolución francesa  que la izquierda fue haciendo suya a través de los intelectuales de Nietzsche, escuela de Fráncfort, Gramsci o los posmodernos del entorno de Foucault.
En esta larga cadena de esfuerzos la cultura se convierte en un arma (tanto ofensiva como defensiva) que la revolución digital ha convertido en crucial, pues es la que establece el relato (y con el las adhesiones y odios, el punto de vista crítico...).
Su lectura es sumamente reveladora de los mecanismos y procesos que nos han llevado al mundo posmoderno, digitalizado y woke que ha sucumbido al dominio neoliberal y global y las diferencias sólo se establecen en el terreno de esta cultura.
Todo este análisis es impecable y podrá servir al lector para que analice según su ideología el mundo de la política actual, tanto a la izquierda como a la nueva derecha radical.
Un magnífico manual de análisis político



                               ÍNDICES DE NARRATIVA