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jueves, 20 de junio de 2024

Ana María González. Ficción e identidad. Ensayos sobre el posmodernismo (Los jueves pensamos)

Entresaco algunas ideas de este conjunto de ensayos sumamente interesantes

La postmodernidad como el paso de la cultura de la paciencia a lo transitorio, de la palabra a la imagen, de la máscara, la ironía y el cinismo

Madonna y sus múltiples looks como ejemplo de posmodernidad líquida, cambiante. Un bricolage incesante de temas antiguos (Marilyn, ropa interior, afiches religiosos utilizados de firmas irreverentes...)
Matrix como metáfora de nuestro doble mundo virtual real en donde lo primero ya compite con lo segundo y puede sustituirlo
La moda no como ideología sino como máscara y búsqueda de identidad que va de abajo a arriba
Las identidades fragmentadas que buscan nuevas formas, de ahí los grupos sociales nuevos, la religiones woke, indigenismos, nacionalismos
Antes la identidad era un largo camino de aprendizaje, la imagen del peregrino, la memoria en camino hacia el futuro. La identidad posmoderna es la del turista (la de las redes sociales), superficial, en busca de novedades, sin tiempo para profundizar, acumulación de experiencias aisladas, de midas efímeras.
Lo moderno es esfuerzo, lo posmoderno lúdico
Del gobierno que administra cosas y hombres al posmoderno que crea y manipula imágenes. Es una política de comunicación de problemas, problemas de imagen. Proyectar imágenes y empatías como Pedro Sánchez o Ayuso , pues hemos dejado de racionalizar y se venden como mercancías que han de seducir, no ser necesariamente útiles

Solsona


                                              ÍNDICES DE NARRATIVA

jueves, 2 de mayo de 2024

Michel Maffesoli: Iconologías. Nuestras idolatrí@s postmodernas. (Los jueves pensamos)



Che Guevara, Harry Poters, Houellebecq, Zidane, Serkolène, My Space, Second Life, Google... son imágenes perfectas para descubrir y analizar el imaginario (y bestiario) posmoderno, pasando de lo cotidiano al mito como una manera de sublimar lo esencial.

A través suyo, el autor plantea la muerte de los mitos y razones ilustradas (tan apolíneas) y el resurgimiento de los sentimientos y emociones dionisíacas. 

El mundo ha pasado del individuo autogestionado por la razón que se une a través de las ideas (nación, partido, cultura...) a los demás, a otro individuo mucho más líquido, profundamente deseante, idolátrico y ansioso de buscar nuevas formas de tribalidad (tribus urbanas, tatuajes, conciertos...)

Se pasa así de la lógica a la pulsión, de la explicación a la seducción, la teatralización, el gesto... que triunfa en todas las esferas, desde la individual al comercio o la política.




jueves, 21 de marzo de 2024

AGUSTÍN LAJE. LA BATALLA CULTURAL (los jueves pensamos)

 


No, no torzáis el gesto, por lo menos no desde el principio, ni tampoco leáis el subtítulo.
Quedaos por el momento con el título general y disfrutaréis igual que lo hice yo aunque seáis progresistas.
No entréis en la propia batalla cultural que se analiza en el libro y encontraréis un ensayo potente y objetivo que analiza el concepto de poder y el de cultura como fuente moderna del mismo.
Con miles de citas de todo pelaje (pero siempre muy competentes) Laje analiza en qué consiste esta idea de la batalla cultural inventada en la Revolución francesa  que la izquierda fue haciendo suya a través de los intelectuales de Nietzsche, escuela de Fráncfort, Gramsci o los posmodernos del entorno de Foucault.
En esta larga cadena de esfuerzos la cultura se convierte en un arma (tanto ofensiva como defensiva) que la revolución digital ha convertido en crucial, pues es la que establece el relato (y con el las adhesiones y odios, el punto de vista crítico...).
Su lectura es sumamente reveladora de los mecanismos y procesos que nos han llevado al mundo posmoderno, digitalizado y woke que ha sucumbido al dominio neoliberal y global y las diferencias sólo se establecen en el terreno de esta cultura.
Todo este análisis es impecable y podrá servir al lector para que analice según su ideología el mundo de la política actual, tanto a la izquierda como a la nueva derecha radical.
Un magnífico manual de análisis político



                               ÍNDICES DE NARRATIVA



domingo, 11 de junio de 2023

David Bernabé. La trampa de la diversidad.

 


Lucas llevaba ya años diciéndomelo pero siempre había otro libro que se le adelantaba y me impedía leerlo.

Acaso es que el propio libro esperaba el momento perfecto para ser leído, justo tras los resultados catastróficos de la izquierdas en las elecciones municipales y autonómicas de mayo.

Lo empecé a leer esa misma noche, buscando algo de silencio ante unas televisiones y radios que no hacían más que anunciar nuevos territorios azules en el mapa y no pude dejar de leerlo hasta terminar de leerlo este viernes pasado (menos mal que no había ensayos ni conciertos en toda la semana, pues habría ido a ellos con muy pocas horas dormidas).

Desde el primer momento libro de atrapó, enseñándome (o recordándome) muchas cosas.

El autor comienza a explicarnos el origen del neoliberalismo en esos felices 80 en donde Thatcher y luego Reagan reinventaron toda una regresión sobre el estado del bienestar nacido de la Gran Depresión y la Guerra Fría, comenzando a desmantelar el papel del estado como corrector de los desmanes del capitalismo. (Es alucinante leer los discursos de Thatcher y compararlos con los de la derecha actual, coincidiendo punto por punto)

El neoliberalismo creció con la caída del muro y colonizó la sociedad,  convirtiendo la política en un nuevo objeto de consumo y, en relación con esto, eliminando la noción de clase obrera por la aspiración generaliza de pertenecer a la clase media. Más un deseo que una realidad pero que presiona de forma intensa en el voto de todas estas personas, tradicionalmente de izquierdas. (Al fin comprendí cómo podía suceder que Vallecas o Carabanchel votarán a PP de forma absoluta; cada vez votamos más lo que querríamos ser; nuestro voto es como un cche que nos compramos por encima de nuestras posibilidades pero que nos genera, desde lo personal a lo social, un status)

Paralelo a este proceso, la posmodernidad (su relativismo, individualismo, pensamiento débil, corrección política…) tomó las dinámicas culturales nacidas a finales de los 60 e hizo aparecer las identidades (sexuales, animalistas, anticoloniales, feministas, homosexuales, raciales…).

A partir de entonces la izquierda se escinde entre la tradicional de clase (preocupada por las condiciones económicas y sociales de los sectores menos favorecidos) y otra, disgregadora, ocupada en las identidades (que el autor nunca niega pero critica) que operan en lo cultural y simbólico.

Esta última, ante la imposibilidad de verdaderas medidas que aseguren la mejora de los individuos apuesta (en la mayoría de las veces) por medidas simbólicas, neolenguajes, técnicas de representación, acciones puramente realizadas para los medios de comunicación … que tienen un proceso inflacionario muy acelerado, copando la atención mediática y política.

Se crea así una política atomizada hecha para múltiples minorías que en muchos casos son simplemente happenings (muy interesante su comparación entre la antigua militancia política y el actual activismo posmoderno) y reacciones que en vez de debate terminan generando odios y cancelaciones.

Con todo ello se rompe la unidad de la izquierda (permitiendo la expansión entre sus grietas del neoliberalismo, incluso en nuestra forma de pensar progresista, convirtiendo la tradicional solidaridad en competencia por el espacio mediático) y, además, se da combustible para alimentar a la ultraderecha que no ha parado de crecer. Su capacidad de utilizar en las redes y los discursos las contradicciones de estas identidades (muchas veces llevándolas al esperpento o jugando con ellas demagógicamente) les permiten llegar a un público que en muchas ocasiones se siente amenazado por todos los ataques que sufre la tradición (social, económica, cultural…). Soy hombre, blanco, heterosexual, europeo, cis… ¡Eres el enemigo!

El análisis es demoledor (no tanto sus soluciones, que no pasan más allá del  puro buenismo) y es perfecto para tomar conciencia de muchos de los movimientos de los distintos partidos, precisamente ahora que tenemos nuevas elecciones a la vista en las que se enfrentarán ultraderechas, neoliberalistas o partidos de fuerte carga identitaria

      LAURA


domingo, 20 de marzo de 2022

FOUCAULT. EL MARCO DEL DISCURSO COMO LOS LÍMITES DEL CONOCIMIENTO

                                                                       

La posmodernidad habla, una y otra vez, sobre la verdad y sus posibilidades, como Derrida que sólo puede hablar de las cosas, a propósito de ellas (pero nada más), o como Lyotard que acabó con los grandes relatos legitimadores, o como los Estudios Culturales , que dieron voz a otras verdades fuera de las eurocentristas...
En este sentido, la aportación de Foucault, es esencial al poner el acento en el discurso (dispositivo mental que , por medio de palabras, razonamiento y verdades crea nuestro marco mental sobre el que podemos conocer).
De esta manera el discurso determina totalmente nuestra forma de entender la realidad, pues sólo podemos ver lo que nos permite el marco (y de la forma que lo permite).
Son los tópicos, las generalizaciones, los roles , los universales, el lenguaje empleado que nos permiten conocer pero también enjuiciar (ergo, crear nuestra verdad que, como nuestro discurso, será parcial y por esencia cambiante) y, a la postre, crear poder (el que deriva de los saberes de una época que es justificado y legitimado por ellos: ¿quién en su sano juicio defendería ahora la esclavitud mientras que Aristóteles, San Agustín o Descartes la veían, dentro de su dispositivo mental, como algo por completo valido, que ni siquiera hay que pensar?)

De todo ello surgen cuestiones positivas: la importancia de criticar los marcos mentales desde los que se habla y analiza que tanto han utilizado los movimientos de liberación (feministas, LGTBI, queer, antiglobalización...) o la importancia que tienen las batallas culturales  para abrir el marco, girarlo o destrozarlo por completo para conseguir nuevas visiones (paradigmas) que nos ayuden a evolucionar social y mentalmente; pero también negativas : el relativismo cultural al erosionar la potencia de las verdades que rompe las normas comunitarias y permite, especialmente en la actualidad, colarse en el discurso público a formas neofascistas y populistas, que incluso llegan a negar la esfericidad de la tierra.