Un tempranísimo libro de ensayos del maestro (1926) que sólo tras su muerte María Kodama quiso volver a imprimir.
En el se mezclan dos mundos que serán tan contradictorios como constantes en su obra.
Por una parte se encuentra el arrabal y la Pampa, con sus pendencieros porteños y gauchos, el lunfardo y el más puro arrabal que todo lo arrastra como una enfermedad contagiosa.
Junto a ellos se encuentra (sin apenas un momento de pausa) el Borges erudito y crítico que juega (casi como si fuera Picasso) con los grandes clásicos como si fueran contemporáneos de bar. Quevedo o Góngora, Milton, Wilde o Lorca
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