Cuando
me lo regaló una entrañable compañera me dijo:
- Es una novela
entretenida, casi como un esperpento, y además de un periodo del que no suele
haber nada: del Sexenio democrático.
En
ambas cosas tenía razón. Una historia esperpéntica de un negro caribeño en un
cantón independiente de la baja Andalucía por el que vemos desfilar anarquistas,
obispos secuestrados, gitanos tañedores de guitarra, militares bragados,
republicanos ciertos o inventados, amores lorquianos, tópicos deformados …
La
historia es agradable de leer y siempre deja una sonrisa (no exenta de
tristeza) ante el panorama de esa república sin republicanos trazada por la
ingenuidad de Pi i Margall en donde cambió todo para que nada cambiase y Pavía
pudiera devolverle la misma, negra, dislocada España al sucesor de Isabel II:
Alfonso XII y su sombra llamada Cánovas.
Con
ella los alumnos (4º ESO pero mejor aún 2º Bach) muchas de las claves de la España decimonónica, de su
estructura socioeconómica y política de una forma amena
***
Candelita, anarquista leído, gritó:
-
¡A confiscar las tierras y, de paso, darles mulé a
los señoritos!
-
Y otro del equipo:
-
- ¡Y también a la clerigalla!
***
Picadito sabía lo que había: más
anarquistas que socialistas, más socialistas que cantonales y más ciudadanos sin
convencimiento político.
Y sabía más cosas: que a los
socialistas les importaba un pito la democracia burguesa que quería imponer el
Cantón, pero que, llegado el caso, la apoyarían como estrategia, y que a los
anarquistas les importaba aún menos, pero con el inconveniente añadido de que éstos
no la aceptarían ni como estrategia siquiera
***
-
Qué más da ser esclavo en Cuba que trabajar por
tres perras en algún cortijo de algún cacique… Aquí también hay látigos y también
los señoritos tienen derecho de pernada, y los braceros huelen a esclavitud
porque ni agua les dan para lavarse, y menos para beber. Lo único es que uno
puede dejar el trabajo cuando quiera e irse a palmar tranquilamente de hambre
debajo una alcantarilla con ratas, compartiendo gazuza y penalidades. Y eso
siempre y cuando lo permitiera la Guardia
Civil
EL CORAZÓN MANDA, José Luis Matilla.
Rocaeditorial, 2005