sábado, 1 de mayo de 2010

CUANDO YO VIVÍ EN EGIPTO

Hoy hace un día brumoso y el cielo esta violáceo, las aguas por fin van retirándose y nos dejan toda su fertilidad, mi nombre es Maddi soy hijo de escriba, desde pequeño, estoy instruyéndome en el arte y las letras, he tenido suerte, y después de suplicarle a mi padre que me dejara venir a estudiar al río.

De repente se oyen gritos y voces, son la guardia del faraón buscando a alguien, yo desde mi refugio veo las idas y venidas de los guardias, gritan buscando a un tal príncipe Merira.

Tengo miedo. Los juncos y las palmeras me resguardan de los guardias, siento que alguien está detrás a mi lado, de repente me tapan la boca y me dicen: no hagas ruido,
Al darme la vuelta me encuentro conmigo mismo con mi vivo retrato, el extraño dice, no puede ser soy yo. Cuando las voces de los guardias se alejan, el desconocido se presenta como el príncipe Merira hijo del faraón y me dijo: ¿ y tu quien eres?
Yo le conteste que Maddi aprendiz de escriba.

Le ofrecí un poco de pan de dátiles y nos lo comimos mientras estábamos a la sombra de los grandes juncos. Después le pregunte por que se había escapado y me contó que se había escapado para saber como era la vida tras los muros del palacio por que necesitaba respirar aire fresco.
Merira decidió ir al templo de Hapsetsut, el templo de la faraona que había muerto hace poco, era un templo maravilloso y lo construyeron de forma que todo el pueblo lo pudiera admirar y rezar a los dioses (Ra e Isis).


Cuando me di la vuelta vi. Como un grupo de hombres subidos a unos andamios que empezaban a martillear las paredes, eran escultores reales, cuando me acerque un poco mas vi como empezaban a borrar el hombre de la reina de la estatua, y nos preguntamos quien sería capaz de hacer algo así, los escultores no estaban muy de acuerdo con el trabajo encomendado, pero aun así no tenían mas remedio que seguir quitando el nombre de la reina de cada parte del templo.

Había un hombre al cargo que supervisaba todo el trabajo, Merira me dijo que era su padre y que como estaba tan ocupado borrando cada parte que había mandado inscribir la faraona ya no le hacia caso y por eso se había escapado.


El padre de Merira como al igual que todos creían que se podía devolver a la vida a una persona si se encontraba dentro del templo una inscripción en las paredes o en una estatua.

El padre de Merira quería impedir a toda costa que la faraona volviera a la vida y entonces el príncipe le dijo a Maddi que tenían que detener a su padre.
Maddi sabia que había una inscripción en el techo del templo por que su padre la habia redactado el mismo la única que no había destrozado.
Cuando se hizo de noche volvieron al templo y leyeron esa inscripción y no paso nada
Se quedaron muy impresionados al ver que no había vuelto a la vida y cuando se fueron a dormir un rayo de luz cruzo el pueblo y los dos corriendo se dirigieron al templo lo mas rápido posible y vieron a una hermosa chica alta y muy guapa que vestía con ropas muy elegantes de faraona.
Se acercaron a ella y en efecto era ella y estaba asombrada de cómo habían destrozado una de las cosas que ella adoraba, cuando vio a dos pequeños niños de trece años dijo que quien eran y la contestaron que eran los que la habían devuelto a la vida y cuando amaneció se dirigieron los tres al palacio y cuando el faraón vio a la faraona que había vuelto a la vida no se lo creía.

Hapsetsut pidió tener de nuevo el trono que había perdido y cuando el faraón vio a su hijo ayudando a su mayor enemigo se quedo muy sorprendido, la faraona que había vuelto al trono desterró al faraón que destrozo su mayor construcción y volvió el reino justo al que estaban acostumbrados y los dos niños Maddi y Merira la ayudaron Merira se convirtió en el arquitecto real y Maddi en el escriba real.

Lucía Rodríguez (1º ESO D) SIES La Poveda en Campo Real

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