sábado, 10 de agosto de 2013

El libro del sábado. LA CASA DE LAS BELLAS DURMIENTES. Kawabata





 Sabía que dormir con una muchacha semejante era un consuelo efímero, la búsqueda de la desaparecida felicidad de estar vivo

Desde hace tiempo es mi escritor japonés preferido y su descubrimiento fue a través de este libro, el mismo libro que había inspirado a mi escritor por excelencia, García Márquez, su último libro de narrativa: Memoria de mis putas tristes.
Por ese complicado sendero recalé en Kawabata para ya nunca más abandonarlo pues su obra es todo un prodigio de escritura sutil en donde casi pesan (y se degustan) más los silencios que las propias palabras que los rodean.


En esta brevísima novela el estilo se une a un extraordinario argumento: una casa en donde bellas jóvenes son narcotizadas para que viejos seniles duerman juntas ellas sin apenas rozarlas.
Sólo ver dormir a la belleza de la juventud, una belleza sin palabras ni recuerdos junto a la cual los ancianos recuperan su vida y viven una experiencia sensual (que no sexual) en donde los olores, los sutiles tactos, los sonidos del viento o las olas en los acantilados se multiplican como en una caja de resonancia mientras el pasado regresa y empieza a pesar en las vísceras, anunciando que lo fatal muy pronto llegará.
Es apenas eso, plumas ligeras que redescubren el mundo desde las sensaciones más mínimas. Apenas el escenario de una habitación desnuda en donde un hombre ve dormir a las bellas durmientes y coquetea con la muerte hasta…
Bueno, mejor no contarlo, aunque realmente daría lo mismo. Es el camino (el do del que ya hablábamos un día) lo que resulta verdaderamente subyugante y te impide dejar la lectura, como si tú mismo fueras el acompañante de las durmientes..


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