sábado, 1 de noviembre de 2014

LA VOZ DORMIDA. Una novela y una película para recordar nuestro pasado

Hace ya varios años, una maravillosa alumna me regaló dos libros que la definían completamente, una novela histórica sobre Artemisa Gentileschi y esta historia de La Voz Dormida.
Mujeres, compromiso (artístico o político) y violencia contra ellas por la única causa de querer ser en un mundo masculino (el de la pintura, el de la política o la simple vida).
Centrándonos en concreto en la Voz Dormida de Dulce Chacón, nos narra la historia de unas mujeres en torno a la cárcel (ya franquista) de Ventas. Son los primeros años tras la Victoria, y la represión de los vencedores es terrible en aquel Madrid gris y sin alegría, lleno de malas lenguas y venganzas personales.
En torno a esta cárcel y sus visitantes, la autora crea una historia verdaderamente conmovedora sobre sacrificios, militancia y, sobre todo, dignidad ante las humillaciones.


Y es que, aún presente, la política pasa a un lugar secundario ante los puros sentimientos (de amor, odio, revancha, sumisión, compañerismo...) que surgen o sobreviven en medio de la doble tragedia: la de la Guerra Civil aún reciente y de la represión franquista y su ideología católico-fascista. 
Son las vidas cotidianas lastradas por el silencio y el pasado, la cárcel injusta de maestras o analfabetas que en muchos casos sólo habían cometido el pecado de tener un padre/marido/hijo rojo; las sacas de presas y sus fusilamientos, la colaboración de la Iglesia con el Régimen, los maquis o las redes clandestinas. Todo lleno de matices que huyen del blanco y negro (bueno y malo) a la que tanto se acostumbra.




Y tan buena como la novela, la película es verdaderamente espléndida.
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