sábado, 31 de enero de 2015

PEREC. UN HOMBRE QUE DUERME



Experimentas un reposo total, estás, en cada momento, protegido. Vives en un paréntesis venturoso, en un vacío lleno de promesas del que no esperas nada. Eres invisible, límpido, transparente

Un nuevo experimento de Perec: el de un hombre que intenta (¿lo conseguirá?) dejar de ser un animal social en plena capital europea, París.
Un estudiante de veintitantos decide tan solo dormir o vivir durmiendo, volviéndose un ermitaño en la capital parisina, con cuartel general en su buhardilla de menos de cinco metros cuadrados.


Desde entonces su camastro, las miles de pequeñas señales en la pared, la cacerola, el cubo en donde lava los calcetines, se convierte en su paisaje mientras abandona amigos y familias en el afán de dejar de sentir, de ser con los demás.
Desde entonces París cambia de rostro para convertirse en un inmenso y cada vez más terrible escenario en donde comprar los gallois, leer le Monde, visitar Museos, entrar en cines, deambular sin rumbo por sus calles, jugar a las máquinas... sin más contacto con los demás que el puro roce físico en un intento de volverse invulnerable ante la sociedad, renunciando a ella no para pensar más, sino para ser casi de mármol, vivo pero muerto, respirando sin más.
Y todo en un París que es el reverso de si mismo, cada vez más deteriorado, insalubre, terrible... La anti-grandeur

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