martes, 10 de febrero de 2015

EL MECENAZGO DEL PAPADO. SIGLO XV

En un post anterior vimos la corrupción que se produjo en la Iglesia del Renacimiento, y que en gran parte fue el origen de la Reforma
Sin embargo el Papado renacentista tuvo sus zonas luminosas, como la de servir como gran mecenas del arte renacentista.
Martín V por Pisanello

En 1420 regresaba el papa Martín V a Roma, abandonando su sede de Avignon y poniendo fin al Gran Cisma de Occidente.
A su retorno encontró una ciudad devastada que comenzó a reconstruir y publicitar (uno de sus grandes humanistas, Alberti, escribirá Descriptio Urbis Romae), volviendo a dar vigor a las peregrinaciones.

Sixto IV
Tomado de wikipedia

Se reorganizaron las traídas de agua, se consolidaron las murallas, se creó una policia mientras se reconstruían basílicas y, lentamente, se comenzaban a valorar las ruinas romanas a la que los artistas renacentistas (Brunelleschi, Alberti, Donatello) viajaban para recuperar el gran estilo antiguo (éste es el verdadero origen del Renacimiento).
Los Papas apoyaron decisivamente este estilo con el mecenazgo durecto de artistas, gran parte de ellos provinientes de Florencia (en donde se estaba creando el estilo). Arquitectos como Alberti (que fue nombrado asesor cultural) o Rosselino, escultores como Donatello, los Pollaiolo (sepulcro de Inocencio VIII), pintores como Fra Angelico (que pintó la capilla Nicolina), Piero della Francesca, o Ghirlandaio, Botticelli o Perugino (que pintaron las paredes bajas de la Capilla Sixtina).
Melozzo de Forli. Sixto IV nombrando a Platina prefecto de la Biblioteca Vaticana
Tomado de wikipedia

Junto a este apoyo a los artistas se crearon dos instituciones que tendrían una enorme influencia en artistas y pensadores posteriores; la biblioteca Vaticana (creada por Sixto IV con obras tanto religiosas como antiguas) y el Museo de Antigüedades (también Sixto IV, que comenzó a salvar muchas piezas encontradas en las excavaciones que comenzaron a realizarse desde mediados de siglo y en las que aparecieron la loba capitolina, el Coloso de Constantino o el propio Laocoonte





























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