sábado, 21 de marzo de 2015

CUENTOS PREHISTÓRICOS (2). DOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS

Tomado de wikipedia

Un día estaba yo en mi cueva, con el amanecer de fondo; tenía frío. Quería desayunar una buena carne pero estaba muy dura, así que decidí tomarme algunas frutas maduras. Los arboles estaban lejos, caminé. Encontré las frutas y llené la panza; había comido tanto que no podía andar, más bien rodaba. 
Caminando hacia mi cueva encontré un árbol que tenía una luz que daba calor, me pregunté qué sería eso y me acordé de que la noche anterior había sonado un ruido estruendoso. Yo había pensado que había sido mi padre roncando, pero no, fue un rayo. Lancé piedras, palos, hojas... Todo lo que tiraba se convertía en esa luz. Decidí coger esa luz con un palo para llevarla a mi cueva con mi familia. Llamé a esa luz “fuego”. 
El fuego quería atacarme, porque a medida que  pasaba el tiempo se acercaba más a mi mano. Hubo un momento en que me hice daño. Me fijé en mi mano y la piel había cambiado, yo estaba alucinando. Llegué a mi cueva y le enseñé  mi mano a mi familia, se quedaron atónitos. Ya por la tarde salimos a cazar nos encontramos con cebras, jirafas, gacelas… típicas de la sabana. Pero nuestro preferido era el ñu, el pobrecito era feo y tenía una barba que necesitaba un corte, pero su carne era más blanda que otras. Cuando lo cazamos con las flechas que habíamos hecho empezamos a comerlo. Estaba riquísimo
En ese momento me acordé del fuego, y pensé que si ponía la carne encima y le iba dando vueltas cambiaría. Al día siguiente fui al mismo sitio donde encontré el fuego, y vi lo mismo pero más extendido, había arrasado con todo. Temía que llegase a mi cueva, casi me pilla pero yo fui más rápido. 
Semanas más tarde vino una lluvia  y lo apagó pero los árboles que todavía se conservaban en buen estado estaban muy lejos, a mi solo de pensarlo me entraba pereza. Probé lo de poner la carne en el fuego y funcionó, estaba más blanda y jugosa, qué rica. 
Al día siguiente estaba paseando por el campo y vi como una hoja caía del árbol, caía como balanceándose, me puse a descansar sentado junto a un árbol y una cosa pegajosa me llegó al hombro. Miré hacia el árbol y salía de unas ramas. Se me vino a la cabeza la hoja que se balanceaba y pensé en juntar esas dos cosas, hice como una especie de hoja grande que había pegado con esa sustancia. Pensé que si me lo ponía a la espalda podía balancearme pero aun estaba doblado, así que puse palos atados y las hojas encima. Cuando lo tuve primero lo tiré solo, y se balanceaba, más tarde me tire con el desde una roca y funcionó. Pensé… un invento mas para la humanidad. Me quedé satisfecho con mi trabajo.


Mayanker Maldonado Castillo 
IES Los Olivos en Mejorada del Campo

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