jueves, 25 de febrero de 2016

QUEVEDO. EL MISÓGINO. Texto


Quizá quien llevó más lejos la burla contra las mujeres cultas fue el gran poeta y gran misógino Quevedo, que llegó a escribir un libelo contra ellas titulado La culta latiniparla. Catecismo de vocablos para instruir a las mujeres cultas y hembrilatinas. Dedicada a una imaginaria «Doña Escolástica Poliantea de Calepino, graduado en tinieblas, docto a escuras, natural de las Soledades de Abajo, Señora de Trilingüe y Babilonia», la obra es una sátira contra las amantes de los clásicos, a quienes acusa de convertir a los grandes escritores grecorromanos en «autores de falda y críticos de faltriquera». 
Por supuesto, las mujeres cultas son para el autor necesariamente feas. Quevedo se hace así eco de una vieja y duradera idea que ha tendido a establecer una estrecha relación entre la falta de atractivos físicos y el desarrollo intelectual femenino; semejante prejuicio parte del supuesto profundamente patriarcal de que a la mujer guapa le basta su belleza para garantizarse no sólo la estabilidad económica del futuro, sino incluso la felicidad. 
Escribe pues Quevedo: 
Muy discretas y muy feas, 
 mala cara y buen lenguaje,
 pidan cátedra y no coche, 
 tengan oyente y no amante.
 No las den sino atención, 
 por más que pidan y garlen, 
 y las joyas y el dinero
 para las tontas se guarde. 
 Al que sabia y fea busca, 
el Señor se la depare: 
 a malos conceptos muera, 
 malos equívocos pase.


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