jueves, 8 de junio de 2017

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, FUNDADOR DE LOS DOMINICOS


Nacido en Caleruega (Burgos) en 1170 en una familia acomodada que le permitió los estudios necesarios para su rigurosa formación espiritual (casi catorce años en la universidad de Palencia en donde cursó artes, teología y magisterio del Estudio General).


Palacio natal. Caleruega

Santo Domingo de Guzmán. Maestro de Covarrubias

Durante este periodo se ordena como canónico regular y más tarde como sacerdote, siendo nombrado regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia.
Todos estos datos nos dan ya la primera característica de lo que luego serían los dominicos, hombres de iglesia pero también de profunda cultura, inmersos en la revolución que las primeras universidades medievales están generando a mediados del XII.
Sueño de Santo Domingo en donde Pablo y Pedro le instan a fundar su orden. En la esquina inferior aparece el perro blanquinegro (colores de la orden) con una tea encendida en la boca (la búsqueda de la verdad)

No es de extrañar que muchos de los futuros componentes sigan la senda del estudio,  como San Alberto Magno o su discípulo Santo Tomás de Aquino (que llevarán a la excelencia la Escolástica medieval), Francisco de Vitoria o Domingo de Soto (creadores de la Escuela de Salamanca y del derecho natural), Bartolomé de las Casas (que tanto lucharía por la dignidad de los indios americanos)...

Convento de San Esteban en donde surgirá la famosa Escuela de Salamanca

Tras este periodo de estudio, y por encargo de Alfonso VIII, comienza sus viajes que le llevarán a recorren la Europa septentrional y encontrarse de frente con la gran herejía del momento, los famosos Cátaros del Languedoc.

Santo Domingo predicando. Caleruega

En este momento, y ya en plena cruzada, se lanza a la predicación y el intento de conversión, una actividad para la que no valía el tradicional monacato ni de Cluny ni del reformado Císter, demasiado encerrado en si mismo.
Maestro de Covarrubias

Esta actividad le hace consciente de la necesidad de crear una nueva orden de predicadores, por completo inmersa en la sociedad de la época (en los propios burgos) que será ratificada por el Papado en 1216.


Santo Domingo recibiendo la aceptación de su orden por parte del Papa.

Santo Domingo morirá en Bolonia, en donde será enterrado en una magnífica arca en donde intervendrían Pisano, Arnolfo de Cambio o el mismísimo Miguel Ángel

A partir de entonces la orden dominica, como ejemplo de las órdenes mendicantes, se extenderá por toda Europa en tres claras direcciones: el estudio (con París, Bolonia y Salamanca, todas grandes universidades, como centros de acción), la predicación (con personalidades tan relevantes como San Vicente Ferrer) y la Inquisición (tanto medieval como moderna con personalidades como Torquemada), siendo la punta de lanza intelectual de la iglesia hasta la llegada de los jesuitas pero también la versión más agresiva de la misma en su evangelización y control de la herejía
Escudo de la Orden dominica. Cifuentes





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