Ya hablábamos hace unos días de un magnífico libro, Todo se derrumba de Chinua Achebe.
Hoy quiero recoger en este post algunos textos que pueden ser perfectos para trabajar en clase.
Los exploradores
—En la última estación de siembra había aparecido en su clan
un hombre blanco. —Un albino —sugirió Okonkwo. —No era un albino. Era
completamente distinto —sorbió el vino—. E iba montado en un caballo de hierro.
Los primeros que lo vieron se echaron a correr, pero él se paró a llamarlos. Al
final los más valientes se le acercaron e incluso lo tocaron. Los ancianos
consultaron a su Oráculo y éste les dijo que aquel desconocido iba a deshacer
su clan y a difundir la destrucción entre ellos —Obierika
.
Las misiones
Les habló de aquel nuevo Dios, el Creador de todo el mundo y
de todos los hombres y todas las mujeres. Les dijo que ellos adoraban a dioses
falsos, dioses de madera y de piedra. Cuando dijo eso recorrió la multitud un
profundo murmullo. Les dijo que el verdadero Dios vivía en las alturas y que
todos los hombres, al morir, se presentaban ante Él para que los juzgara. Los
malos y todos los paganos que en su ceguera se prosternaban ante pedazos de
madera y de piedra se veían lanzados a un fuego ardiente como el aceite de
palma. Pero los buenos que adoraban al verdadero Dios vivían eternamente en su
reino de la felicidad.
—Nos ha enviado este gran Dios para pediros que
abandonéis vuestro comportamiento malvado y vuestros falsos dioses y os volváis
hacia Él, para que al morir os salvéis —dijo.
(...)
Un anciano dijo que tenía una pregunta:
—¿Cuál es este dios
vuestro? ¿La diosa de la tierra, el dios del cielo, Amadiora del trueno, o qué?
El intérprete habló al hombre blanco y éste dio su respuesta inmediatamente:
—Todos los dioses que acabas de nombrar no son dioses en absoluto. Son dioses
del engaño que os dicen que matéis a vuestros hermanos y destruyáis a niños
inocentes. No hay más que un Dios verdadero y El posee la tierra y el cielo, os
posee a vosotros y a mí y a todos nosotros.
—Si dejamos a nuestros dioses y
seguimos a tu dios —preguntó otro hombre—, ¿quién nos va a proteger contra la
ira de nuestros dioses y nuestros antepasados abandonados?
—Vuestros dioses no
viven y no os pueden hacer ningún daño —replicó el hombre blanco—. Son pedazos
de madera y de piedra.
El establecimiento de la colonia
Pero
ya se estaban empezando a difundir rumores de que el hombre blanco no sólo
había traído una religión, sino también un gobierno. Se decía que había
construido en Umuofia un lugar para celebrar juicios y proteger a los
seguidores de su religión. Se decía incluso que había ahorcado a un hombre por
matar a un misionero
Os hemos traído una administración pacífica para vosotros y
vuestro pueblo, para que viváis felices. Si alguien os maltrata vendremos en
vuestra ayuda. Pero no os vamos a permitir que maltratéis a otros. Tenemos un
tribunal de justicia en el que juzgamos cada caso y administramos la justicia,
igual que en mi país bajo una gran reina. Os he traído aquí porque os habéis unido
para atacar a otros, para quemar las casas de las gentes y su lugar de culto.
Eso no se puede permitir en los dominios de nuestra reina, que es la gobernante
más poderosa del mundo.


























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