miércoles, 8 de mayo de 2013

EL LUTERANISMO. IDEAS PRINCIPALES



Lutero, Bucero y Melanchton desarrollan a lo largo de varios años toda una teología protestante que irá evolucionando según los propios acontecimientos internacionales. 
Sus puntos clave son los siguientes:

La salvación solo es posible por la fe y el sacrificio de Cristo.
Lutero tenía una visión muy pesimista del hombre. Lo veía muy pequeño ante el poder de Dios e inclinado hacia el mal. Por eso termina por pensar que de nada valen las obras si no existe una verdadera fe que sólo Dios puede conceder. Esto es lo que se llamará Justificación por la fe: si queremos salvarnos sólo podemos abandonarnos a la voluntad de Dios, creyendo absolutamente en él.
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Las Sagradas Escrituras (Biblia) son la máxima autoridad
Por encima de papas y concilios, cualquier hombre puede interpretarlas (Libre Examen). El buen cristiano debe leer la Biblia y pensar sobre ella. El origen de esta actitud hay que buscarlo en la Devotio Moderna y el pensamiento de Erasmo.

La pérdida de importancia de la Iglesia

De la misma manera la absolución (perdón) de los pecados sólo depende de un verdadero arrepentimiento. Para ello ya no se necesita un sacerdote que nos confiese y es, otra vez, un acto privado.
Todos los cristianos pertenecen al orden espiritual, eliminando todo tipo de jerarquía (iglesia invisible). Sin embargo, tras las revueltas de campesinos y nobles, Lutero va cambiando este punto en busca de un orden que no degenere en disturbios. Aparecen así los Guías Espirituales o pastores, sin orden sacerdotal (ni celibato).
Solo hay dos sacramentos, Bautismo y Eucaristía, los únicos instituidos en las Escrituras, mientras que se niega el Purgatorio, el culto a la Virgen y los Santos. En la Eucaristía no está presente la sangre de Cristo. Es solo una conmemoración.

Todas estas ideas quieren, en el fondo, eliminar la importancia de la iglesia como estructura, y se deben al desprestigio de la institución, o las ideas extendidas desde la Devotio moderna y el pensamiento de Erasmo

Todo estos cambios no gustaron al Papado y junto al emperador Carlos V intentó acabar con los luteranos, como puedes ver aquí



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