miércoles, 29 de mayo de 2013

HAIKÚ. LA POESÍA MÍNIMA DE LA NATURALEZA Y LOS SENTIMIENTOS SUTILES.


Un viejo estanque
 Una rana que salta:
 ruido de agua


En Japón existe un género lírico tradicional llamado haikú. Son poemas brevísimos (tres versos de 5, 7 y 5) que hablan de naturaleza y los sentimientos que produce en el observador sensible.
Su origen se produce en el siglo XI, como pequeños estribillos de otros poemas mayores. En el siglo XVI se independizan y se escriben de forma autónoma.

Estos haikús están íntimamente relacionados con el pensamiento zen y otras artes vinculadas (artes marciales, ikebana, caligrafía...), y algo más que una simple poesía, es toda una manera de ver y sentir el mundo sin diferenciar lo importante o lo insignificante, buscando la esencia, apenas sin nombrarla.
Salgo.
El viento de la primavera se ha prendido
de los sauces


Su tema por excelencia es la naturaleza. (En Japón, la religión oficial es, junto al budismo, el sintoísmo, que rinde culto a la naturaleza y sus cambios). Son pequeñas cosas que ocurren en ella y que el observador atento observa e intenta reflejar sin apenas palabras los sentimientos que producen.

La barca y la orilla
conversan.
Larga jornada



Se trata de sensaciones breves, muchas veces fugaces (no son los grandes sentimientos de la poesía occidental), pues en la estética japonesa lo importante es el cambio y el movimiento, lo que no es definitivo.


Lame la cuchara
el muchacho con deleite
Sorbete. Verano


Son, además, poemas que dicen mucho más de lo que dicen. En el arte japonés es fundamental lo que no está pintado o dicho. El vacío, lo imperfecto o inconcluso. Gracias a él el espectador puede terminar de completarlo
La luna y yo
nos quedamos a solas;
tomamos el fresco junto al puente


Como decíamos tienen la virtud de no catalogar las cosas. Cualquier tema es válido para un haikú, también el humor

Incluso si tienes frío,
no te arrimes al fuego,
muñeco de nieve
.
Ahora, salimos
 para disfrutar de la nieve ... hasta que
 resbalón y caída!


O lo desagradable


Caballos en el mercado.
El meado apesta.
¡Qué calor!




Todo vale siempre que se transmita una sensación ante el mundo y, a la vez, sirva para que el lector pueda relacionarla con otras sensaciones suyas y encontrar la serenidad (una idea típica del zen en donde lo importante no es agarrarse a las cosas sino dejar fluir el mundo, sin juzgarlo, sólo sintiendo las cosas que ocurren como nubes que pasan por el cielo)


No hablaron una palabra
el anfitrión, el huésped
y el blanco crisantemo



Por eso es fundamental la sobriedad (nunca recargar el poema, igual que hacíamos con los ikebana) y pensar mucho para escribir poco (es mucho más complejo escribir un poema tan corto que uno largo)
.



El agua se cristaliza
las luciérnagas se apagan
nada existe



La pradera esta nublada 
Y las aguas guardan silencio.
 Es el atardecer

Las fotos que acompañan al texto son una especie de haikús hechos con la cámara y os las pongo por si os sirven de inspiración

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