Un drama en tres actos de la tragedia catalana, a menudo un tanto críptica para el lector no catalán que se pierde entre los numerosos personajes.
sábado, 26 de agosto de 2023
El libro del sábado. Jordi Ibáñez. Infierno , purgatorio, paraíso
jueves, 24 de agosto de 2023
Byung Chul Han la Sociedad del Cansancio. UNA RADIOGRAFÍA FILOSÓFICA DE NUESTRA ÉPOCA (los jueves pensamos)
lunes, 21 de agosto de 2023
sábado, 19 de agosto de 2023
El libro del sábado. W. GIBSON. QUEMANDO CROMO.
Rosa y los hologramas y la fascinación por las imágenes imposibles que se incluyen a si mismas
Un amor entre especies líquidas en constante evolución
Regiones apartadas. Desde un lugar llamado autopista, un agujero por el que entrar para explorar el universo , se lanzan astronautas y se recogen sus cuerpos muertos o profundamente perturbados junto objetos que vienen del exterior. Fantástico su angustia
Estrella roja. Una continuación de la Guerra Fría en el espacio, con ambos bandos hechos pedazos
Mercado de invierno, de cyborg a volverse inmortal haciéndose parte de la red, las basuras tecnológicas , las drogas artificiales e inteligentes, el estorbo de los cuerpos, su fragilidad y limitaciones
Combate aéreo. Un videojuego real de aviones perdisguiéndose, se dirige con la mente, habitaciones para pobres , proyecciones de ratas que atacan, un bloqueo sexual inducido y un duelo con drogas y pasados
Quemando cromo
sábado, 12 de agosto de 2023
El libro del sábado. Patricia Highsmith. Carol,
jueves, 10 de agosto de 2023
BARICCO. EL ALMA DE HEGEL Y LAS VACAS DE WISCONSIN (los jueves pensamos)
Interesantísimo ensayo del siempre magnífico Alexandro Baricco.
Sus ideas sobre la música clásica son tan claras como (para algunos) heterodoxas, casi criminales para ese grupo elitista de profundísimas convicciones y verdades absolutas (creánme, los conozco muy bien, desde hace muchos años).
En primer lugar ¡se atreve! a colocar por encima de la partitura, la interpretación, comprendiéndola como la única forma de hacer vivir (una vez más) la música. En tal exposición nos hace partícipe de los peligros de las actitudes arqueológicas que son, simplemente, una pura falacia, e incluso advierte sobre el aspecto pseudomesiánico que inventaros los románticos para esta música, su capacidad casi moral de la que participaría el espectador, imbuido en altos sentimientos y emociones que otros (la pura plebe) nunca alcanzarán con su música ligera.
No contento con esto, ataca a la Nueva Música Clásica en la que desembocó la música culta a inicios del siglo XX. En este camino, perfectamente legitimado en su epistomología, se perdió cualquier conexión con el mundo y los espectadores, convirtiéndose en un recinto hermético en donde, tan sólo, se esperaba algún día empezar a comprender, pensando que había que reeducar el oído cuando el problema era el puro sentimiento (su falta de comparecencia).
Para terminar el derribo, Baricco analiza el caso de dos compositores (Puccini y Malher) como ejemplos de cómo la música culta consiguió introducirse en la modernidad, volviéndola (como tantas veces habla Lucas) en géneros impuros en donde la realidad entra a borbotones en la música y la contamina con recursos persuasivos de la baja cultura.
Tremendo este Baricco; nunca le rendirán pleitesía los círculos selectos musicales
sábado, 5 de agosto de 2023
El libro del sábado. El padrino de Mario Puzzo
Fue una historia fantástica, pues tras una de nuestros maratones de cine en casa de Ciprián, decidimos leernos todos la novela original de Puzzo, como si nos hubiéramos convertido en un improvisado club de lectura.
Así convenimos. De aquí en una semana todos con la novela leída y marcada.
Desde entonces se desató la furia y pasamos horas (10, 45 pondría mi ebock cuando muchos años más tarde volviera a leerla) viendo desfilar a la familia Corleone en pleno, pues más que leer era confirmar la película casi palabra por palabra (Puzzo fue el guionista de la Primera, ayudó en la segunda y volvió a serlo en la tercera, y a fe que reutilizó bien su texto)
Todas las enseñanzas , los diálogos completos, hasta los silencios incluso ... Por la calle íbamos tarareando los principales temas y conocíamos algo más a algunos personajes de la historia, como Jonny Fontane y su voz perdida, la truculenta historia de Lucca Brassi, la de la amante de Sonny o profundizado en algunos temas que en las películas salían lateralmente como el transporte de melaza durante la prohibición y la creación de su gran imperio durante la Gran Depresión. (Nos llamó la atención es que una parte muy importante de la segunda película no llegaba a aparecer. Nada de Cuba y la traición de Freddo)
Así pasó la semana y el sábado realizamos una gran puesta en común que fue (sobre todo) volver a poner la película en dos primeras partes para ser conscientes que el libro era magnífico pero que la capacidad de traducirlo en imágenes de Coppola aún era mayor.
miércoles, 2 de agosto de 2023
lunes, 31 de julio de 2023
Las cosas de Laura. Pensando con Virginia Wolf
«Señor —pensó, al recobrarse, desperezándose bajo el toldo—, qué vida más holgazana y más linda. Pero —pensó dando un puntapié—, qué peste son estas faldas en los talones. Pero la tela (brocato floreado) es la más deliciosa del mundo. Nunca he visto mi piel (puso la mano en la rodilla) lucir como ahora. ¿Podría, sin embargo, saltar por la borda y nadar con semejante ropa? ¡No! Luego tendría que confiarme a un marinero. ¿La idea me molesta? ¿Sí o no?...», se preguntó, encontrando aquí el primer nudo en el hilo parejo de su argumento. Llevo llevo faldas, si no puedo nadar, si quiero que me salve un marinero, ¡por Dios! —gritó—, no tengo más remedio». Eso la ensombreció.
(...)
Franca por naturaleza, y enemiga de todo disimulo, le fastidiaba decir mentiras. Mentir le parecía inhábil y trabajoso. Pero, reflexionó, el brocato floreado —el gusto de ser salvada por un marinero—, si para obtener esas cosas hay que recurrir a un procedimiento inhábil y trabajoso, a ese procedimiento recurriré. Recordó cómo de muchacho había exigido que las mujeres fueran sumisas, castas, perfumadas y exquisitamente ataviadas.
«Ahora deberé padecer en carne propia esas exigencias —pensó—, porque las mujeres no son (a juzgar por mí misma) naturalmente sumisas, castas, perfumadas y exquisitamente ataviadas. Sólo una disciplina aburridísima les otorga esas gracias, sin las cuales no pueden conocer ninguno de los goces de la vida. Hay que peinarse —pensó—, y sólo eso me tomaría una hora cada mañana, hay que mirarse el corsé: hay que lavarse y empolvarse; hay que pasar de la seda al encaje, y del encaje al brocado; hay que ser casta todo el año... —
Aquí agitó el pie con impaciencia y mostró una o dos pulgadas de pantorrilla. En el mástil, un marinero que miraba por casualidad, casi perdió pie; y se salvó en un hilo—. Si el espectáculo de mis tobillos es una sentencia de muerte para un sujeto honrado que, sin duda, tiene mujer y familia que mantener, mi obligación es ocultarlos —resolvió Orlando. Sin embargo, sus piernas no eran el menor de sus atractivos. Y dio en pensar a qué punto habíamos llegado, cuando una mujer tiene que ocultar su belleza para que un marinero no se caiga del palo mayor—. ¡Que se los coma la viruela!», opinó, descubriendo al fin, lo que en otras circunstancias le hubieran enseñado desde niña: es decir, las responsabilidades sagradas de la mujer.
(...)
«Caerse de un mástil —pensó—, porque una mujer muestra los tobillos; disfrazarse de mamarracho y desfilar por la calle para que las mujeres lo admiren; negar instrucción a la mujer para que no se ría de uno; ser el esclavo de la falda más insignificante, y, sin embargo, pavonearse como si fueran los Reyes de la creación. ¡Cielos! —pensó—, ¡qué tontas nos hacen, qué tontas somos!.» Y aquí parecía por cierta ambigüedad
(...)
«Vale más —pensó—, estar vestida de ignorancia y pobreza, que son los hábitos oscuros de nuestro sexo; vale más dejar a otros el gobierno y la disciplina del mundo: vale más estar libre de ambición marcial, de la codicia del poder y de todos los otros deseos varoniles con tal de disfrutar en su plenitud los arrebatos más sublimes de que la mente humana es capaz, que son —dijo en voz alta, como era su costumbre cuando estaba muy conmovida—, la contemplación, la soledad, el amor.» «¡Gracias a Dios que soy una mujer», gritó y estuvo a punto de incurrir en la suprema tontería —nada es más afligente en una mujer o en un hombre— de envanecerse de su sexo, cuando se demoró en la extraña palabra, que a pesar de nuestra severidad, se ha deslizado en el final del último párrafo: Amor, «El amor», dijo













