miércoles, 23 de diciembre de 2015

PAULO III. El Papa que inició el Concilio de Trento

Sensibilidad, cultura y coraje se sumaban en aquel hombre excepcionalmente longevo a la inmoralidad, el cinismo y la voluntad de hierro
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Alejandro Farnesio (Papa Paulo III) será el pontífice que, después de tantas indeterminaciones, conseguirá convocar el decisivo concilio de Trento, dando fin al Renacimiento para comenzar una nueva época, la Contrarreforma.
Es, realmente, un espíritu contradictorio entre dos mundos, y si es un humanista y mecenas también comprenderá rápidamente que los tiempos han cambiado, y el imperio de la razón, el neoplatonismo y el antropocentrismo cristiano deben terminar para convertir a la Iglesia en el brazo (varias veces armado) frente a la reforma de Lutero (aunque curiosamente, será durante su papado en donde se confirme definitivamente la ruptura de Enrique VIII y la creación del anglicanismo)


De exquisita educación (en parte realizada en la corte de Lorenzo de Medici que le convierte en un verdadero espíritu renacentista), consigue su ascenso al cardenalato a través de la relación que tenía su hermana (Gulia) con Alejandro VI (Borgia)
Ya papa practicó, como era común, el nepotismo, situando a familiares en la Curia (Ascanio Sforza y Alejandro Farnesio, dos de sus nietos, convertidos en cardenales, tal y como podemos ver en el famoso cuadro que realizara Tiziano) y creando el ducado de Parma-Plasencia para su hijo Pier Luigi

Curiosamente, durante su papado ensalzó tanto a heterodoxos notables, como Pole (vinculado al núcleo espiritualista de Vittoria Colonna que analizamos aquí) como a Gian Caraffa (futuro Paulo IV), implacable organizador de la Inquisición romana.

Gian Pietro Caraffa

Lo cierto es que se comportó como el primer gran pontífice contrarreformista, no sólo por el inicio del Concilio de Trento sino por otros muchos actos: aprobación de la Compañía de Jesús y otras órdenes (Capuchinos, teatinos, Ursulinas), creación de la Inquisición y del primer índice de libros prohibidos
En la política internacional que se jugaba en la península italiana, mantuvo la neutralidad entre Francisco I y Carlos V, promoviendo primero la paz de Niza y más tarde el tratado de Crepy, e hizo una bula en la que prohibía la esclavitud de los indios, pues eran seres dotados de racionalidad (tal y como defendió hasta la extenuación el padre Bartolomé de las Casas)
Su mecenazgo fue amplio pero puntual, sin grandes intervenciones pero con encargos a Rafael, Miguel Ángel (Capilla Paulina) o Tiziano


Un libro para saber más de él.






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