jueves, 10 de diciembre de 2015

SAN IGNACIO DE LOYOLA (1)

Martínez Montañés

Tanto como Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Felipe Neri o San Carlo Borromeo, San Ignacio se constituye en una de las figuras centrales del periodo de la contrarreforma, tanto por su pensamiento como por la expansión de la Compañía de Jesús.
Sus orígenes (de soldado a reformador religioso) nos hablan perfectamente de esta batalla espiritual que se está produciendo en Europa, uno de cuyos máximos líderes católicos será San Ignacio.
Rubens
Tomado de wikipedia

Tras su entrada en la religión (en la convalecencia a la que es obligado por su herida en la toma de Pamplona), su vida la podemos resumir en dos grandes periodos.
El primero abarcaría desde  1531  a la aprobación de la Compañía por parte del Papa.


Es un periodo de dudas pero también de enormes mortificaciones en donde el santo reconvierte su ética de soldado (de la que siempre quedará la obediencia ciega, la sobriedad y desprecio a los placeres de la vida, la importancia de la jerarquía o su misión de lucha contra la herejía) a otra de santo.

Numerosas penitencias (unas veces impuestas por las circunstancias, otras por él mismo) le hacen entrar en numerosos trances místicos (los primeros sucedidos en Manresa, aunque los más conocidos sean los italianos) mientras deambula por media Europa y Tierra Santa pidiendo limosna e intentando formarse.
Pues rápidamente comprenderá que no sólo es necesario la voluntad, sino también el conocimiento para la tarea que intenta llegar a cabo.
Su iniciación a las letras se produce en Barcelona y se culmina en Alcalá de Henares, Salamanca, París o Bolonia.
Capilla dedicada a San Ignacio en el Hospital de Antezana de Alcalá de Henares en donde el santo trabajó en sus cocinas mientras cursaba estudios en su Universidad

Durante este aprendizaje, San Ignacio comienza a elaborar y poner en práctica con su círculo más íntimo sus famosos Ejercicios Espirituales de los que ya hablamos aquí con más profundidad.
Alguna de sus ideas (cercanas a la devotio moderna y a Erasmo) levantarán numerosas suspicacias entre los inquisidores, siendo revisada una y otra vez  por doctores en religión y ocasionándole numerosos periodos de cárcel o encierro (como en tantos aspectos, San Ignacio y Santa Teresa seguirán en este punto camino paralelos, acusando a la santa de alumbrada y a San Ignacio de erasmista).
Pese a todo el santo seguirá su camino marcado y lentamente irá creando un grupo próximo que constituirá el germen de la Compañía.
Tras numerosas peripecias (en la que estuvo el intento fallido del viaje a Tierra Santa) se dirigió a Roma en donde tendrá su famosa visión de la Storta.
Jacinto Jerónimo de Espinosa

En 1537 el papa aprobará la Compañía de Jesús


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