sábado, 27 de abril de 2013

El libro del sábado. SAMURAI. SHUSAKU ENDO



Es ésta una curiosa novela histórica que, basada en hechos reales, nos acerca dos civilizaciones antagónicas y apenas relacionadas: el  Japón feudal de los soghunatos y el Imperio español del siglo XVII.
Su origen y argumento recrea la historia de la fantástica, pero cierta, embajada japonesa a tierras de Nueva España (Méjico), la Habana, España, Francia e Italia realzada por un oscuro samurái Hasekura Rokuemon (bautizado en España como Felipe Francisco de Faxicura) y un franciscano misionero con ansias de grandeza, Luis Sotelo (en la novela, Velasco)
Escrita desde la mentalidad japonesa (aunque por un autor que profesa el cristianismo) es un buen contrapunto para ver una visión fuera del etnocentrismo tradicional de nuestro Imperio y siglo de Oro, que se enriquece con la confrontación de las culturas, religiones, sistemas económicos, tecnologías, ideologías … de ambos extremos del mundo.
Es también una profunda reflexión sobre la obra misionera ibérica con sus luces y sus sombras (desde a los martirios a los genocidios, de la pureza del alma a la utilización de la evangelización como una forma de ascenso social), de ambiciones personales, religiosas  e imperiales en un mundo dominado por poderes sin rostro que terminan por delimitar (como sigue ocurriendo) la existencia de los individuos, aplastando sus anhelos y diminutos deseos.

                 


Bien documentada (aunque falta la entrevista con el propio Felipe III), interesa especialmente el rico mundo interior de sus protagonistas y su lenta pero cierta evolución a través de la novela en donde el viaje (una vez más) lo es sobre todo interior, de apertura al mundo y sus multiplicidades. Veremos así al dominico que pasa del afán de gloria y notoriedad a toda una estoica (y maravillosa) renuncia tras el fracaso total de sus ambiciones; al samurái y su séquito que descubren un mundo fascinante (o repulsivo, según los casos) fuera de su pequeña llanura en el norte de Japón que les obligará a replantearse su forma de ver el mundo, conociendo otras formas de nobleza pero también de servidumbre.


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