miércoles, 16 de marzo de 2016

Un texto sobre la I Guerra Mundial, La vida en la retaguardia

Cada vez había menos gentes en las calles, aunque fuera domingo. Tampoco se veían mujeres y niños, dada la carestía de vida y la escasa posibilidad de salir de compras; las mujeres,  que cobraban a lo sumo el subsidio de guerra, se habían visto obligadas a buscar trabajo en ausencia de sus maridos y hermanos: colgar carteles, repartir el correo, picar billetes o conducir locomotoras cuando no compartían trabajo en las fábricas, en especial de armas. Y a los niños, que ya no iban a la escuela, tampoco les faltaba en qué ocuparse: muy solicitados desde los once años de edad, sustituían a sus hermanos mayores en las empresas y en los campo de alrededor de la ciudad, donde conducían caballos, trillaban los cereales o apacentaban el ganado. Los demás eran fundamentalmente ancianos, indigentes y algún que otro inválido.


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