sábado, 3 de diciembre de 2011

El Libro del sábado. EL JARAMA de SÁNCHEZ FERLOSIO




Hacía mucho tiempo que una relectura me ha llenado tanto, quizás me ha parecido aún más maravilloso y conmovedor que en su primera (ya antigua) lectura.
Como todo el mundo conoce, esta novela supuso toda una revolución tanto en los temas como en la forma de narrar dentro de nuestra posguerra que tantos seguidores tuvo.
Bajo una anécdota simple (una excursión de verano al Jarama para bañarse en sus aguas), Sánchez Ferlosio compone todo un retablo del paisaje (que analizamos en este artículo de Geobiombo) y de la época histórica en la que se está escribiendo, los años 50, en plena reconversión del régimen franquista que está pasando de la más absoluta autarquía al desarrollismo (aún incipiente). Un momento clave en nuestra historia reciente en la que aparecerá la nueva clase media que fundamentará nuestra democracia actual con todo el cambio que esto conlleva (desde el económico hasta el social o el ideológico, el que mejor se puede observar en la lectura del libro)
Todo esto lo desarrolla a través de un diálogo tan entretenido como atento a los giros y personalidad de los distintos hablantes, entre los que encontramos dos grandes grupos contrapuestos, los jóvenes urbanos, que a duras penas comienzan a encarnar los nuevos valores que ahora nos son tan comunes, frente a los parroquianos habituales del bar, que aún son la España rural, tradicional en sus valores y formas de ver e interpretar la realidad, que está comenzando a perder peso con la modernización.
La tensión que se establecen entre las dos Españas nos permite ver lo que fuimos y cuándo comenzamos (aunque fuera de forma tan tímida) a ser lo que somos en la actualidad
Por cierto, también puede utilizarse para geografía
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- Tito, ¿y a ti qué te parece que una chica se ponga pantalones? Como Mely
- (…)
- Yo, fíjate; anduve una vez con idea de ponérmelos y luego, no me atreví

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- Antes éramos los de los pueblos los que íbamos a pasar las fiestas en las capitales. Ahora, en cambio, son los de las capitales los que vienen a Madrid
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- A mi me aburre lo tranquilo – dijo Mely -, me crispa; la tranquilidad es lo que más intranquila me pone. Y eso de conocerse todo el mundo, ¡vaya una gracia! No me convence la vida de los pueblos, lo siento; debe ser el tostón número uno.
- Estoy contigo, Mely – le decía Fernando; no puede hacerte ilusión ninguna cosa, si sabes que mañana y pasado y el otro y todo el año vas a hacer lo mismo, las mismas caras, los mismos sitio, todo igual.
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El guardia se dirigía a Mely.
- ¿No sabe que no se puede andar por aquí de esa manera?
- ¿De qué manera?
- Así, como va usted.
Le señala el busto, cubierto solamente por el traje de baño.

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