martes, 18 de septiembre de 2012

EL TERENCE MOIX MÁS HISTÓRICO


Las modas literarias alzan y hunden talentos, y lo que en un momento parecía imprescindible ahora apenas si tiene visibilidad.
Algo de esto parece haber ocurrido con Terence Moix, uno de los narradores más interesantes de la segunda mitad del XX español, tanto por sus méritos literarios como por su labor de acercamiento a la historia al público general, mucho antes de que la novela histórica fuera una nueva moda.
Por eso no está mal volver a él y mencionar alguna de sus obras más imperecederas en lo que se refiere a su novela histórica.


Evidentemente, No digas que fue un sueño, puede considerarse como su obra cumbre.  Ambientada en el convulso siglo I, la novela entrelaza varias historias que, desplegadas ante el lector, permiten crear un verdadero fresco del Mediterráneo oriental en esta época.
Pocas veces en la literatura se ha creado un personaje femenino tan fascinante como su Cleopatra que se alza sobre la historia sin perder por ello su condición humana.
Junto a ella, a través suyo, conoceremos la mediocridad de Octavio, la fuerza de la naturaleza que debió ser Julio César o la ambición de poder, cerebral hasta los límites, de Octavio Augusto.
La obra tuvo su continuación en el Sueño de Alejandría, más irregular.


                                           


Su segunda obra de tema  narrativo (El amargo don de la belleza)  se colocó, de nuevo, en su amado Egipto, varios siglos anterior. Siempre tan interesado por los momentos singulares en donde los hombres muestran lo más verdadero de su esencia. Por ello se eligió el periodode la herejía de Akenaton que, junto a su mujer Nefertiti, revolucionaron la tradicional religión egipcia con uno de los primeros monoteísmos de la historia.



En toda la obra, de nuevo comandada por un personaje femenino, planean el amor (casi siempre no correspondido), la pasión por la belleza, el poder y sus adversidades.

Casi como juego posmoderno publicó también La herida de la Esfinge, un capriccio romántico, como él mismo la denominó, en donde vemos el Egipto a través del orientalismo decimonónico, una excelente lección para comprender la importancia de la interpretación histórica del pasado




Por completo alejadas, en lo cronológico, sería injusto no mencionar otras novelas en las que Moix se convirtió en el más rabioso e irónico comentador de la actualidad. Mujercísimas, Garras de Astracán o Chulas y Famosas.





Son toda una verdadera radiografía de la España contemporánea, especialmente de toda esa variopinta fauna de la prensa del corazón, pseudos intelectuales, yuppies y otros tantos arribistas que nos siguen aún persiguiendo.
Son obras divertidas, corrosivas, alegres en la forma y terriblemente desengañadas en el fondo que bien nos vendrían ahora releer para encontrar el catálogo de pecados sociales que florecieron en el glamouruso crecimiento  iniciado a mediados de los ochentas que nos pasó del tardofranquismo a la posmodernidad 

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