miércoles, 19 de septiembre de 2012

CONSTANTINOPLA. LA CAPITAL DE LA EDAD MEDIA


Si Babilonia, Tebas, Atenas o Roma fueron las grandes capitales de la Edad Antigua, Constantinopla lo será de la Edad Media.

Ella será la capital del Imperio Bizantino, y sólo el crecimiento musulmán le irá robando protagonismo a partir del siglo VIII (Damasco, Bagdad o El Cairo), y ya muy tardíamente (fines de la Edad Media) las nuevas capitales europeas (Venecia, Florencia, Brujas, París, Londres...)


En su origen fue una pequeña colonia griega y luego romana que Constantino reedificó de nuevo para convertirla en la gran capital del Imperio Oriental. (Aquí puedes ver los restos que aún conserva la ciudad de este momento)
Tras la caída de Roma en el 476, la ciudad se convirtió en la gran capital de Bizancio.

Se encuentra situada en un lugar estratégico: el estrecho del Bósforo, controlando las rutas comerciales entre el Mediterráneo, el mar de Mármara y el Mar Negro, teniendo contacto, además, con el norte de Europa a través del camino desde el Danubio y hacia Asia a través de las ramificaciones de la ruta de la seda.
Además contaba con un extraordinario puerto natural, el Cuerno de Oro, que se protegía por una gigantesca cadena. Gran parte de su economía se basaba en este comercio que se establecía desde él.

A uno de sus lados se encontraba la zona vieja, toda ella rodeada de murallas desde tiempos romanos.
En su parte más estrecha se creó el centro más representativo, con el gran palacio (del que apenas quedan restos), el hipódromo (lugar de carreras de caballos pero también de rebeliones, como vimos en la revuelta Niké) y varias iglesias regias Santa Sofía (la gran iglesia de Justiniano), Santa Irene, Sergio y Baco.

La zona contaba con sus murallas y puerto propio, así como un elaborado sistema de cisternas para asegurar el suministro incluso bajo estados de asedio. Aún hoy, bajo la antigua basílica, se puede visitar la espectacular basílica sumergida, obra también financiada por Justiniano
.


El resto de la ciudad se dividía en barrios, con multitud de iglesias (aquí tienes la de Teotokos o el monasterio de Lipsy miles de viviendas de mala calidad (muchas de ellas una simple habitación de madera) que provocaron sucesivos incendios que destruían grandes zonas de la ciudad.

En sus momentos de máximo esplendor debió llegar a tener casi medio millón de habitantes


         
Al lado contrario del cuerno de Oro se situaba la Pera o Gálata, el barrio de los extranjeros, en donde vivían genoveses, venecianos, musulmanes... que comerciaban con Bizancio.


Torre Gálata, realizada por los genoveses

Y a aún existía una tercera ciudad en la parte asiática que se extendía por todo el Bósforo y estaba reservado a las clases dirigentes.



 A la derecha, Constantino ofrece su nueva ciudad, Constantinopla, a la Virgen. 
A la izquierda, Justiniano le ofrece su gran iglesia
mosaico de Santa Sofía


Esta gran  ciudad  resistió  asedios,  pestes, incendios  y revueltas durante más de diez siglos, y sólo caerá en manos de los turcos otomanos en 1453.


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