lunes, 29 de octubre de 2012

MIGUEL DE MAÑARA. (1). El siglo XVII en Sevilla


Los dos Mañara. El poderoso y tal vez pendenciero (como afirma su leyenda) representado por su espada, y el Mañara, protector de los pobres y campeón de la humildad y el servicio a los demás en su retrato como hermano mayor de la Hermandad de la Caridad
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Pocas personas resumen tan bien nuestro Siglo de Oro y todas sus contradicciones como Miguel de Mañara, sevillano ilustre que muy pronto inspiró el mito de Don Juan a través de la obra de Tirso de Molina El Convidado de Piedra (una de las fuentes que servirían a Zorilla para escribir su Don Juan Tenorio)
Sin embargo, y fuera del mito, Miguel de Mañara fue real, y quienes visiten Sevilla se lo encontrarán en cada rincón de una de las joyas de la ciudad: el Hospital de la Caridad.
De origen elevado, fue educado como un verdadero caballero y desde muy joven comenzó a ocupar altos cargos en la capital hispalense (junta de gobierno de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo, provincial de la Santa Hermandad, uno de los alcaldes mayores de Sevilla, diputado de la defensa de la tierra de Sevilla, de la Casa de la Moneda, de la visita de boticas, de las llaves del Archivo y del agua, de la Cárcel Real y de la Casa de Inocentes; diputado de los gremios de chapineros, guarnicioneros, roperos, olleros y peineros; miembro en las juntas del Consulado, caballero veinticuatro de Sevilla,…)

Palacio de los Mañara, en la antigua judería de Sevilla. La imagen del Mañara poderoso y elitista


Sin embargo, esta larga lista de honores pronto quedará truncada por una crisis personal. Tras la muerte de su mujer, se retirará a un “desierto” carmelita durante unos meses.
A su regreso a Sevilla todo en él habrá cambiado. Su vida de señor que podemos suponer llena de honores, contactos, riquezas y placeres, se pierde por completo para ingresar en la Hermandad de la Caridad en donde la humildad, la ayuda al prójimo y la caridad sin reconocimientos serán sus bases de comportamiento

Esta institución se dedicaba a la poca glamurosa tarea de recoger los cadáveres abandonados de las calles y de enterrar a aquellos que disponían de medios, viviendo de las limosnas de sus hermanos y colaboradores.

El cambio fue de tal envergadura que de simple hermano terminó por convertirse en verdadero director de la Hermandad que  fomentó hasta extremos extraordinarios. Amplió su actividad a la ayuda de todo tipo de pobreza, aumentando  las limosnas con la entrada masiva de las clases privilegiadas como hermanos.
No contento con ello, Mañara comenzó la reforma de la Regla y creó lo que es hoy el Hospital de la Caridad sobre parte de las antiguas atarazanas islámico-cristianas.

Junto a todo ello, la actividad de Mañara será muy importante en el terreno literario (con un Discurso sobre la verdad basado en los ejercicios espirituales de San Ignacio) y, derivado de él, también artístico, siendo uno de los mecenas más importantes de la Sevilla dorada, como analizamos aquí.


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