miércoles, 16 de enero de 2013

COMIENDO EN EL FEUDALISMO (2) LOS MONASTERIOS


Frente a las grandes y grasientas comilonas de los nobles, los monasterios medievales tenían una dieta mucho más saludable.
Con pocas carnes, consumían especialmente legumbres, hortalizas y pan (todo ello cultivado en sus campos y huertas), así como pescado (en algunos monasterios tenían sus propias piscifactorías) o queso (de sus rebaños)
Cada monje disponían también de un jarro de vino (en la Edad Media el vino era un alimento que daba calorías).
La comida se realizaba en el refectorio, en torno a largas mesas y con un púlpito para la lectura

Refectorio

Como os demás aspectos, la Regla de San Benito regulaba todos los aspectos de la comida (horarios, alimentos, ayunos, modo de comportarse en la mesa. Os he entresacado algunos fragmentos para comprender productos, horarios y forma de comer



Nos parece suficiente que en la comida diaria, ya se sirva ésta a la hora sexta o a la hora nona, se sirvan en todas las mesas dos platos cocidos a causa de las flaquezas de algunos, para que el que no pueda comer de uno, coma del otro. Sean, pues, suficientes dos platos cocidos para todos los hermanos, y si se pueden conseguir frutas o legumbres, añádase un tercero.
Baste una libra bien pesada de pan al día, ya sea que haya una sola comida, o bien almuerzo y cena.  Si han de cenar, reserve el mayordomo una tercera parte de esa misma libra para darla en la cena. Y todos absténganse absolutamente de comer carne

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Aunque leemos que el vino en modo alguno es propio de los monjes, como en nuestros tiempos no se los puede persuadir de ello, convengamos al menos en no beber hasta la saciedad sino moderadamente, porque ‘el vino hace apostatar hasta a los sabios’

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En la mesa de los hermanos no debe faltar la lectura. (...) 
 Reciba luego la bendición y comience su oficio de lector.  Guárdese sumo silencio, de modo que no se oiga en la mesa ni el susurro ni la voz de nadie, sino sólo la del lector.
 Sírvanse los hermanos unos a otros, de modo que los que comen y beben, tengan lo necesario y no les haga falta pedir nada; pero si necesitan algo, pídanlo llamando con un sonido más bien que con la voz.  Y nadie se atreva allí a preguntar algo sobre la lectura o sobre cualquier otra cosa, para que no haya ocasión de hablar, a no ser que el superior quiera decir algo brevemente para edificación
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«Desde la santa Pascua hasta Pentecostés, coman los monjes a la hora sexta, y cenen al anochecer. Desde Pentecostés, durante el verano, si los monjes no trabajan en el campo o no les molesta un calor excesivo, ayunen los miércoles y viernes hasta nona, y los demás días coman a sexta. Pero si trabajan en el campo, o el calor del verano es excesivo, la comida manténgase a la hora sexta. Quede esto a juicio del abad. Éste debe temperar y disponer todo de modo que las almas se salven, y que los hermanos hagan lo que hacen sin justa murmuración».



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