sábado, 15 de junio de 2013

Manuel Vicent. AGUIRRE EL MAGNÍFICO o dos textos sobre el segundo franquismo



El último libro de Manuel Vicent sigue estando escrito tan maravillosamente como siempre, tan irónico como de costumbre, aunque resulta escaso en su empeño: crear una fantasía novelada de la vida de Jesús de Aguirre, Duque de Alba.
Evidentemente hay descripciones maravillosas y juegos de inteligencia (del autor, del biografiado) que nos dejan con la miel en los labios, pues apenas si llega a profundizar ni en el ambiente, ni en el numeroso y fantástico coro que lo acompañaba, ni en el personaje.

Sin embargo, y pese a lo breve, el libro es un perfecto reflejo del segundo franquismo desarrollado durante el desarrollismo, con sus curas rojos, esa alta burguesía que prospera ante el milagro español, la aparente apertura en un rancio país...




La ley de prensa de Fraga acababa de suprimir la censura previa. Ya no era obligado ir con las galeradas al ministerio o a la delegación de Inforrmación en las capitales de provincia para que un censor dispéptico (...) tachaba a su antojo con un lápiz rojo cualquier palabra, frase, pensamiento u opinión que no le gustara. En cierto modo, Fraga había cortado las alambradas, pero había dejado sembrado el campo de minas y cualquier periódico se jugaba la edición entera y una editorial toda la tira de un libro impreso si una mina estallaba al pisarla

Mientras tanto, Fraga inauguraba paradores, bautizaba costas, levantaba muros de cemento en los litorales, a medias entre el fascismo y la especulación, ambas pasiones ponderadas por el mal gusto a cargo de promotores de cuello gordo, analfabetos y con mucha barriga. La Guardia Civil aún se paseaba por la arena de las playas con mosquetón al hombro y testa charolada y apuntaba sólo con el dedo el esternón de las chicas en biquini



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