lunes, 2 de noviembre de 2015

EL COMERCIO DE LA LANA A FINALES DE LA EDAD MEDIA


La aparición de la Mesta en el siglo XIII reorganizó toda la trashumancia del ganado lanar, incrementando su producción.
Principales cañadas reales

Toda esta lana abasteció a fábricas españolas (Béjar, Cuenca, Segovia, Valladolid, Burgos) pero sobre todo se dedicó a la exportación al norte de Europa en donde se crearon los grandes centros textiles (Brujas, Amberes, Gante, Inglaterra, Rouen...)


Su exportación se realizaba desde los puertos de Bilbao y Santander, mientras que la contratación de los pedidos (como ya vimos aquí) se realizaba en las ferias de Medina del Campo.
Plaza de las ferias. Medina del Campo

Este comercio hizo que prosperase la economía castellana, especialmente la de los dueños de los grandes ganados (Órdenes Militares, nobles, clero), aunque hizo que la agricultura no se desarrollara de la misma manera (pues los conflictos por tierras o destrozos de los rebaños entre ganaderos y campesinos siempre se resolvían a favor de los primeros).
La exportación, además, hizo que no se desarrollara una potente industria interior y que en los siguientes siglos se produjese una terrible paradoja. Los españoles comprábamos tejidos flamencos y holandeses hechos con nuestra propia lana. Vendíamos la materia prima (la lana, mucho más barata) y comprábamos el producto manufacturados (los vestidos, mucho más caros).
En resumen, el comercio de la lana benefició en el corto plazo a Castilla y los estamentos privilegiados, pero a la larga impidió que se creara una burguesía industrial y aumentó el precio del textil


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