lunes, 21 de septiembre de 2015

Textos I G M. Los ataques aéreos a París.



En pocos minutos el escaso alumbrado público encendido quedó apagado, sumiendo a París en la más absoluta oscuridad, en seguida trastocada por numerosos haces luminosos que perforaron el cielo, buscando el enemigo. Durante un buen rato no pasó nada, sólo el juego de los focos, espectáculo habitual en la ciudad en guerra, hasta que los gritos del vecindario le hicieron asomarse al balcón. Comenzó entonces un intenso fuego de artillería antiaérea, las detonaciones en el aire parecían conjugarse con las potentes luces artificiales (...) De pronto, alguien gritó: "¡Zepelín, zepelín!". Allí estaba, suspendido sobre Montmatre, donde lanzó varias bombas desde una altura superior a los mil quinientos metros"

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