viernes, 16 de octubre de 2015

Comentario de texto. ISABEL II: MANIFIESTO DE MANZANARES.

Españoles: La entusiasta acogida que va encontrando en los pueblos el Ejército liberal; el esfuerzo de los soldados que la componen, tan heroicamente mostrado en los campos de Vicálvaro; el aplauso con que en todas partes ha sido recibida la noticia de nuestro patriótico alzamiento, aseguran desde ahora el triunfo de la libertad y de las leyes que hemos jurado defender.
Dentro de pocos días, la mayor parte de las provincias habrá sacudido el yugo de los tiranos; el Ejército entero habrá venido a ponerse bajo nuestras banderas, que son las leales; la nación disfrutará los beneficios del régimen representativo, por el cual ha derramado hasta ahora tanta sangre inútil y ha soportado tan costosos sacrificios. Día es, pues, de decir lo que estamos resueltos a hacer en el de la victoria.
Nosotros queremos la conservación del trono, pero sin camarilla que lo deshonre; queremos la práctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejorándolas, sobre todo la electoral y la de imprenta; queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta economía; queremos que se respeten en los empleos militares y civiles la antigüedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios, y como garantía de todo esto queremos y plantearemos, bajo sólidas bases, la Milicia Nacional. Tales son nuestros intentos, que expresamos francamente, sin imponerlos por eso a la nación.
Las Juntas de gobierno que deben irse constituyendo en las provincias libres; las Cortes generales que luego se reúnan; la misma nación, en fin, fijará las bases definitivas de la regeneración liberal a que aspiramos. Nosotros tenemos consagradas a la voluntad nacional nuestras espadas, y no las envainaremos hasta que ella esté cumplida.

Tomado de wikipedia


Clasificación y encuadre.
En 1854, y ante la progresiva descomposición de los últimos gobiernos de la década moderada que se habían iniciado con la entronización de Isabel II (inmersos en escándalos financieros y cada vez más débiles, intentando imponerse por medio de actitudes dictatoriales), un grupo de militares comandados por O´Donnell inicia un pronunciamiento conocido como La Vicalvarada. Tras un principio indeciso que les obliga a replegarse hacia el sur, el movimiento militar busca la implicación de los progresistas, motivo por el cual se redacta este manifiesto.
Su autor, aunque no aparezca en el texto, es de sobra conocido. Se trata de Cánovas del Castillo (aunque inspirado por O’ Donnell, director del pronunciamiento), político moderado que, tras la restauración borbónica, ocupará el poder en gran parte del último tercio de siglo junto a Sagasta.
El destinatario del texto, como ya se dijo, son los progresistas políticos así como las clases bajas en general a las que se les ofrece un programa mucho más avanzado que el de los tradicionales moderados.
Nos encontramos con un texto circunstancial y público de claro contenido ideológico que tiene como propósito el ya citado: ampliar la base del movimiento que ayude al triunfo del pronunciamiento y el derrocamiento del moderantismo más extremo.

Análisis.
Como ya se ha señalado en la clasificación, la idea fundamental del texto es el ofrecimiento de alianza que realizan los moderados de O’ Donnell a los grupos progresistas, planteando los motivos que les impulsan al pronunciamiento militar.
Entre ellos podemos detectar una gran cantidad de cuestiones ideológicas típicas del pensamiento progresista, como el sentimiento monárquico de carácter liberal, aunque eliminando la famosa camarilla que aconsejaba a la reina. De carácter conservador, ésta impedía cualquier tentativa de poder de los progresistas a la vez que patrocinaba las numerosas decisiones, a menudo caprichosas y personalistas, con las que la reina premiaba y castigaba las relaciones personales, tanto en el campo militar como en el funcionarial, tal y como nos comenta el texto en su intención de respetar la antigüedad y el merecimiento para militares y civiles.
Por otra parte se plantean ideas también progresistas como la de la libertad de imprenta (restringida y puesta en manos de los jueces por los moderados), la independencia de los ayuntamientos frente a la típica centralización moderada que ponía en manos del rey el nombramiento de los alcaldes (verdaderos ejes del sistema electoral, al controlar la elaboración de los censos), o el apoyo a la Milicia Nacional, ejército progresista desde su instauración en la Constitución de 1812 que había sido reconvertido por los moderados en una fuerza puramente represiva, la Guardia Civil.
De una forma más ambigua se plantea la mejora de la ley electoral que podríamos interpretar como una velada propuesta a ampliar el sufragio censitario, tal y como buscaban los progresistas para así poder tener un verdadero peso en las elecciones. De la misma manera se sugiera una posterior reunión de las Cortes Generales que plantea la idea de una nueva ley fundamental o Constitución que sustituyera a la de carácter moderado del 45, tal y como ocurrirá en el Bienio progresista con la llamada Constitución non nata del 56.
El carácter ecléctico de todas estas propuestas mencionadas nos recuerda lo que será en la futura Unión Liberal encabezada por el propio líder del presente pronunciamiento, O´Donnell. Este partido buscará la participación de los liberales menos extremistas de las respectivas y tradicionales formaciones moderadas y progresistas, siendo un avance del mismo la convivencia en el poder de Espartero (progresista) y O´Donnell (moderado) que se producirá en el Bienio Progresista (1854-56), periodo que sucederá tras el éxito de este pronunciamiento, cuando, gracias a este manifiesto, los progresistas arrastrarán a las clases populares a la revuelta, obligando a la reina a destituir al presidente del gobierno, Luis Sartoruis.
Tras él, muchas de las ideas aquí planteadas serán la base de la Constitución Non Nata, mucho más inclinada hacia el progresismo, igual que lo estarán otras leyes del Bienio (recuérdese las desamortizaciones civiles y eclesiásticas de Madoz), en un esfuerzo por romper el moderantismo clásico que, debido a varios factores (revueltas sociales, indecisión de Espartero, presión de los sectores más conservadores...) terminará por fracasar, aunque no por completo, pues O´Donnell mantendrá alguna de sus aportaciones durante los gobiernos que siguieron a 1854.
A partir del 1863 la situación se irá radicalizando progresivamente, con numerosos cambios de gobierno que no aciertan a encontrar soluciones a una situación cada vez más tensa, teniendo que esperar a 1868 (revolución de Septiembre conocida como la Gloriosa) para que muchas de las ideas aquí plasmadas vuelvan a resurgir en una versión aún más democrática (mayores derechos, sufragio universal masculino...), siendo la base en donde se apoyará la constitución de 1869.


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