miércoles, 18 de mayo de 2016

COMENTARIO MAPA DEL INICIO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


Clasificación.
Se trata de comentar un mapa de España en el cual aparecen las provincias en las cuales triunfó la sublevación militar del 18 de julio de 1936, y aquellas que se mantuvieron fieles a la República. Por tanto, podemos considerar dicho mapa como de tipo militar.
No aparece la fuente, escala ni el autor, pudiendo suponer que ha sido realizado por los propios autores del texto.
La finalidad del mapa es puramente didáctica, sin ningún tipo de implicación ideológica (al menos explícita)
No aparece la fecha de elaboración pero sí la que realmente nos interesa: la situación militar de julio de 1936.
Análisis.
En color azul aparecen las zonas en las que triunfó la sublevación militar del 18 de julio de 1936, en concreto, aquellas en donde la derecha era más fuerte, especialmente entre los círculos de pequeños y medianos propietarios agrarios (Castilla-León, Galicia o Navarra), o reaccionó más rápidamente con el apoyo de ciertos sectores (Aragón, Oviedo, Sevilla, Granada, aunque éstas dos últimas no aparecen señaladas en el mapa, dado que los acontecimientos sucedieron días después del 18 de julio, como la famosa muerte de Lorca) o, simplemente, contó con una fuerte presencia del ejército, con mandos adictos al pronunciamiento (los dos archipiélagos controlados por Franco y Goded, Canarias y Baleares, respectivamente).
En color naranja aparecen las zonas fieles al gobierno de la República, destacando las principales ciudades (Madrid, Barcelona y San Sebastián), así como gran parte de Andalucía, Extremadura, Levante, Cataluña, occidente de Aragón y cornisa Cantábrica, allí donde obreros, jornaleros y nacionalistas controlarán la insurrección.
Comentario.
La Segunda República Española (proclamada el 14 de abril de 1931), fue recibida con júbilo por las capas populares, pero con recelo y preocupación por los grupos conservadores, partidos monárquicos, Iglesia y un importante sector del ejército. De esta manera, las conspiraciones para derrocarla comenzaron casi desde el mismo momento de su proclamación, tal y como demuestra la intentona frustrada de Sanjurjo el 10 de agosto de 1932.
A partir de 1933 se comienza a desarrollar una vasta conspiración en la que participaron militares, falangistas (dirigidos por José Antonio desde la cárcel), carlistas (denominados tradicionalistas) y alfonsinos, acelerándose tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, produciéndose definitivamente tras el asesinato de Calvo Sotelo (líder de la derecha más radicalizada) en día 13 de julio.
El artífice de la conspiración es el general Sanjurjo, exiliado en Portugal tras su amnistía por parte del gobierno conservador, y el denominado “director”, Emilio Mola, destinado en Navarra por el gobierno del Frente Popular. También formaban parte de la conspiración los generales Francisco Franco (Canarias), Goded (Baleares), Cabanellas (Zaragoza) y Queipo de Llano en Sevilla, ciudad que servirá, junto a Cádiz, como cabeza de puente para trasladar las tropas de la Legión y los Tabores de Regulares desde el Norte de África, allí donde se había iniciado (Melilla) la sublevación el 17 de julio.

El fracaso inicial en las principales ciudades (Madrid y Barcelona en especial) y en los núcleos industriales del norte hay que achacarlo a la reacción de las organizaciones sindicales, de la izquierda y los nacionalismos vascos y catalán, así como a la fidelidad al gobierno (en parte gracias a las reformas de que Azaña había realizado en 1931) de gran parte del ejército, Guardia Civil, Guarda de Asalto, Armada y Aviación, mientras que en  las zonas rurales del sur fue importante el papel de los jornaleros.
Tal situación, además de demostrar la escasa preparación y organización del golpe militar, provocó la conversión del movimiento golpista en una guerra civil que duró casi tres años, pues aunque la zona arrebatada al gobierno republicano era bastante inferior a las previsiones de los conspiradores, no era tan insignificante como para hacerles abandonar sus planes.
De esta manera, la República contará con 14 millones de habitantes, las reservas del Banco de España (depositadas en Madrid y que se convertirán en el famoso “oro de Moscú”) la siderometarlurgia vasca, asturiana y de Sagunto, las industrias catalanas, la rica agricultura mediterránea, el plomo de Linares y el mercurio de Almadén.
Por su contra, los rebeldes (autodenominados nacionales) disponían de 11 millones de habitantes, las regiones cerealistas castellanas, además del ejército de África (el más preparado para el combate), y sobre todo, la ayuda de los regímenes fascistas italiano y alemán. Gracias a su ayuda y a la mayor organización que presentará todo su territorio (es clara la diferencia entre la concentración de poder de Franco como Generalísimo frente a las constantes luchas internas entre las distintas fuerzas republicanas, aspecto que se puede trasladar a las propias unidades militares) conseguirán la victoria en el año 1939.


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