–Mira, Amelia, los medios son un colador. Si intentas pasar el teorema de Pitágoras por él, lo que llega al que escucha, como mucho, es que un triángulo tiene tres lados. Eso con suerte. Del cuadrado de la longitud de la hipotenusa equivalente a la suma de los cuadrados de las respectivas longitudes de los catetos no queda nada. Si acaso quedan los catetos, ahí fuera, haciendo como que entienden algo.
miércoles, 26 de enero de 2022
lunes, 24 de enero de 2022
Emmanuel Carrere. Limónov. Textos para repasar la URSS
La revolución ha dejado de devorar a sus hijos, el poder, según una expresión de Anna Ajmátova, se ha vuelto vegetariano. Bajo Nikita Jrushov, el porvenir radiante se presenta como un objetivo razonable e indulgente: seguridad, aumento del nivel de vida, crecimiento apacible de alegres familias socialistas en las cuales a los niños ya no se les alienta a denunciar a sus padres. Es verdad que hubo el período delicado en que tras la muerte de Stalin liberaron a millones de zeks, y a algunos incluso les rehabilitaron. Los burócratas, provocadores y soplones que les habían enviado al gulag estaban seguros de una cosa: de que no volverían nunca. Pues bien, algunos han vuelto y, por citar de nuevo a Ajmátova, «dos Rusias se han encontrado cara a cara; la que denunció y la que fue denunciada». No se produjo el potencial baño de sangre. Delator y prisionero se cruzaban, recíprocamente sabían a qué atenerse, y cada uno desviaba la mirada y se iba por su lado, a disgusto, los dos vagamente avergonzados, como personas que en otro tiempo han cometido juntas una fechoría de la que es mejor no hablar.
Destituido Jrushov de sus funciones, la generación de apparatchiks salida de las purgas implantó, bajo la égida del afable Leonid Brézhnev, una especie de estalinismo blando, compuesto de la hipertrofia del partido, la estabilidad de los cuadros dirigentes, los enchufes, los nombramientos internos, las grandes y pequeñas prebendas y la represión moderada: lo que se ha llamado el comunismo de nomenklatura, por el nombre de la élite que se beneficiaba del mismo, pero este grupo selecto, en el fondo, era relativamente numeroso y, por poco que se siguieran las reglas del juego, no demasiado inaccesible. Esta estabilidad plomiza, carente de sentido y en cierto modo cómoda, prácticamente todos los rusos con edad para haberla conocido la recuerdan con nostalgia hoy que se encuentran condenados a nadar y muchas veces a ahogarse en las aguas heladas del cálculo egoísta. La gran máxima de la época, equivalente a nuestro «trabajar más para ganar más», era: «Fingimos que trabajamos y ellos fingen que nos pagan.» No es muy estimulante como modo de vida, pero bueno: nos las arreglamos. No arriesgas mucho, a no ser que hagas estupideces. Pasamos de todo, reconstruimos en el fondo de las cocinas un mundo del que sabemos seguros, a menos que te llames Solzhenitsyn, que seguirá siendo como es durante siglos, porque su razón de ser es la inercia.
En aquel tiempo, justo después de la caída de Jrushov y la asunción del poder por la troika Brézhnev-Kosyguin-Gromyko, esto es un delito, y un delito relativamente serio. Está prohibido todo contacto con extranjeros, sospechosos a la vez de propagar por medio de libros, de discos o hasta prendas de vestir peligrosos virus occidentales, y de sacar del país textos de disidentes.
Le sometieron a inyecciones de azufre atrozmente dolorosas y a una simpática terapia denominada la okrutka, consistente en sumergir al paciente envuelto en una sábana en una bañera de agua helada y en dejarle secar dentro.
Esta verdad fundamental es, por supuesto, el gulag. Es también que el gulag existe antes y después de Stalin, que no es una enfermedad del sistema soviético sino su esencia y hasta su finalidad. Solzhenitsyn pasó diez años recopilando en secreto los testimonios de doscientos veintisiete antiguos zeks y, con su letra minúscula, enterrando sus manuscritos, haciéndolos microfilmar para trasladarlos a Occidente, edificó este monumento, Archipiélago Gulag, que se publicó en Francia y en Estados Unidos a principios de 1974 y empieza a leerse en Radio-Liberté. El hombre que en ese momento acaba de asumir la dirección del KGB, Yuri Andrópov, comprende que esta bomba es más peligrosa para el régimen que todo el arsenal nuclear norteamericano, y toma la iniciativa
Limónov (Emmanuel Carrere)
sábado, 22 de enero de 2022
EL LIBRO DEL SÁBADO. Ricardo Meléndez Salmón. Medusa.
Una lectura fascinante, dura, un tanto difícil por su condensadísima densidad.
martes, 18 de enero de 2022
Las cosas de Laura. Teléfono movil vs democracia
El 73 % de los españoles se informa a través del teléfono móvil, en escuetos titulares redactados a la medida de su propia tendenciosidad.
domingo, 16 de enero de 2022
EL HOMBRE DE NEANDERTAL. TEXTOS. ARSUAGA.
Los neandertales no eran muy altos, con un promedio de estatura masculino en torno a 170 cm y un promedio femenino alrededor de 160 cm. Sin embargo, su complexión física era extraordinariamente robusta.
No obstante, no debe pensarse que los humanos modernos avanzaron de este a oeste como una apisonadora que extinguía a todos los neandertales a su paso. Durante miles de años unos y otros debieron de repartirse el mapa de Europa formando un mosaico de poblaciones entremezcladas. Como hemos visto, hace unos
La especie elegida (Juan Luis Arsuaga; Ignacio Martínez)
sábado, 15 de enero de 2022
La hierba de las noches. Modiano
Un París que hace años que desapareció y que el protagonista recupera a base de pequeños recuerdos que se van enredando en la prosa, como pequeñas mariposas.
martes, 11 de enero de 2022
LAS COSAS DE LAURA. Abrupta reflexión
El amor de juventud es el verdadero, el más mentiroso. Eso lo hace indestructible. Uno le entrega todo: los sueños, las esperanzas, lo que los demás esperan de él. El joven, que es egoísta, se complace en quererse a través de cualquiera, hace como que ama a otro, pero se ama a sí, que es lo que toca, nunca querrá más que entonces, prendado de su reflejo (¿hay amor más puro?).
Los años extraordinarios. Rodrigo Cortés.
sábado, 8 de enero de 2022
Pedro Lemebel. Tengo miedo torero.
Una bellísima historia de un amor no correspondido (algo aceptado desde un principio) entre un homosexual maduro, la Loca del Frente, y un apuesto joven que planea un atentado contra Pinochet, a mediados de los 80.
martes, 4 de enero de 2022
LAURA. Sobre votantes y votados
Mi manía de llamarles queridos niños a ellos, a la gente, a los electores. Sí, yo los llamo mis queridos niños, te lo dije en la primera reunión, porque así no me olvido de sus caprichos infantiles, no me dejo engañar por esa incomprensible superioridad que exhiben sobre los políticos. Los políticos son todos tal, dicen, o los políticos son todos cual, como si jamás se hubieran visto representados por ellos en el espejo. Porque el espejo les miente, tú eres más guapa, tú eres mejor, les dice, y ellos se lo creen, pero son iguales. Como el perro se acaba pareciendo al amo. ¿O era al revés? El votante termina por ser igual que lo votado. ¿O era al revés?
sábado, 1 de enero de 2022
Gabriel García Márquez. La increíble y triste historia de la cándida Enrendida y su abuela desalmada.
Junto a Doce cuentos peregrinos, el mejor libro de cuentos cortos de Gabo.

