viernes, 11 de abril de 2014

LOS PROBLEMAS DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL EN LA ESPAÑA DEL XIX


Tomado de http://www.miguellucaspicazo.es/2012/11/industria-siglo-xix.html 

Si analizamos las características del modelo británico de revolución industrial, veremos como la España del XIX incumple casi todos ellos, produciendo una revolución industrial débil y tardía que será un lastre para toda la Edad Contemporánea

- Capital. La burguesía que se había ido formando en el siglo XVIII o bien se arruinó al final de siglo o pasó a forma parte de las filas de la nobleza. Los capitales se refugiaban en la enorme deuda pública que emite el Estado, y después en las propiedades rústicas que se subastan con las desamortizaciones o en negocios especulativos (bolsa, construcción). Además de eso, la burguesía española (quizás debido al peso social de la nobleza que había tenido tradicionalmente en la historia de España), se convierte rápidamente en rentista, utilizando más el dinero (al igual que hacían los nobles) más como forma de prestigio (y destinado por tanto al lujo) que como verdadera inversión, tal como criticará Joaquín Costa
Esta falta de verdadero espíritu empresarial (La ya famosa traición de la burguesía planteada por Braudel) buscará habitualmente la salida fácil del mercado interior y la sombra protectora (y proteccionista) del Estado. Sólo en algunas regiones, como el País Vasco o Cataluña, existirá una verdadera burguesía al modo europeo, que afrontará los riesgos de una inversión en industria o ferrocarril.

- Mercado. Muchas regiones españolas orientaban su comercio hacia América, que se pierde al ser destruida la flota en Trafalgar (1805), y buscan entonces los americanos otros proveedores y después su separación de la corona española. El mercado interior es inexistente debido al pésimo estado de las comunicaciones (por su orografía y tardanza y mala planificaciónde las líneas del ferrocarril), dándose en muchos lugares el autoconsumo. Es especialmente significativo el divorcio cada vez más evidente entre un centro apegado a lo tradicional frente a una periferia más pujante y emprendedora.

- Revolución agraria. Las buenas intenciones que estaban detrás de las desamortizaciones que planteaban ilustrados como Jovellanos, se quedan en una herramienta fiscal para el Estado (aquí las hemos analizado con detalle). El proteccionismo y la posibilidad de aumentar la extensión del cultivo con esa misma desamortización, mantienen unas productividades bajas, una nula acumulación de capital y un profundo desinterés por la reinversión

- Mano de obra barata. El campesinado se aferra a los bajos rendimientos al sentirse amparado por el proteccionismo. No existe una demanda de mano de obra industrial, con lo que no hay apenas salida de población hacia núcleos urbanos. El crecimiento demográfico es escaso porque las condiciones de vida del proletariado son penosas. Su escaso nivel de renta generará una escasa demanda interna, muy dependiente de los ciclos agrícolas. 

- Técnicos. Pese a la escasa tradición de técnicos que había en España, al final del XVIII si se podía contar con suficientes para iniciar el proceso de industrialización. Las condiciones políticas del reinado de Fernando VII (persecuciones, cierra de universidades…) hizo que muchos ilustrados les apartara de la vida pública o terminaran exiliándose. 

- Política del gobierno. Los tres primeros cuartos del siglo estuvieron marcados por las disputas entre facciones por hacerse con el poder (absolutistas contra liberales, progresistas contra moderados), lo que hace que las políticas económicas están relacionadas con favores políticos a determinados grupos y no en relación con las necesidades reales del país. Las propias guerras carlistas y los numerosos pronunciamientos crearán una situación muy poco favorable para el desarrollo industrial, tan sólo en algunos momentos del reinado isabelino y, sobre todo tras la restauración alfonsina de Cánovas.

De esta forma la industrialización en España se hace de manera lenta.
 Con un retraso considerable frente a Inglaterra, podemos situar el inicio del despegue industrial durante la década moderada (1844-54), duplicándose la actividad durante la década 1860-70 y consolidándose en el último tercio de siglo con la restauración de Cánovas, para frenarse tras el desastre del 98.


La revolución no fue un proceso homogéneo, sino puramente sectorial, ligado especialmente a la industria textil catalana y la siderurgia, con un fallido intento andaluz.

Un interesante vídeo



Una interesantísima presentación




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