viernes, 10 de enero de 2014

LAS GUERRAS PÚNICAS. El inicio del imperio y la entrada romana en Hispania


Existía en la costa africana una fundación fenicia que había ido adquiriendo importancia: Cartago. Dominaba una área extensa del Mediterráneo occidental y tenía, en la islas de Sicilia, Cerdeña y Córcega, importantes intereses comerciales. La expansión romana choca en Sicilia con Cartago , iniciándose las llamadas Guerras Púnicas



La primera de ellas (264-241 a.C.) supone la conquista por parte de Roma de la isla de Sicilia, que se convierte así en la primera provincia romana. La lucha fue larga y desgastó a los dos bandos, pero fue Roma quien venció, imponiendo a Cartago unas severas condiciones de paz. Cerdeña y Córcega también pasaron a manos romanas aprovechando una revuelta de mercenarios que hubo en Cartago inmediatamente después de la guerra. 
Los cartagineses, con Amílcar Barca al frente, emprenden la conquista de la península ibérica, para compensar la pérdida de tan importantes territorios. Los romanos eran aliados de Masilia (Marsella), que a su vez contaba con varias ciudades aliadas en la costa mediterránea ibérica, que son amenazadas por los cartagineses. La conquista de Sagunto será el motivo del inicio de la segunda guerra (218-201 a.C.). 
Esta vez el general cartaginés es Aníbal, hijo de Amílcar Barca, que organiza un imponente ejército que desde la península ibérica llega hasta la italiana. Consigue sonadas victorias, pero no llega a atacar Roma. Embarca hacia Cartago y es allí derrotado en la batalla de Zama por Escipión. 
Aún habrá una tercera guerra (149-146 a.C.), donde ya Cartago quedará totalmente destruida. 
Como resultado de estas contiendas, Roma inicia la conquista de la península ibérica 

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     Todas estas conquistas representaron unos profundos cambios internos que ya configurarán toda la historia romana. Por una parte la guerra afecta a la política al aumentar los periodos de la magistratura y dar cada vez mayor valor al imperium, dando un nuevo referente (el militar) a la política romana
Socialmente se relajaron los vínculos clientelares mientras aparecía un nuevo actor político: la plebe de la ciudad de Roma, arruinados agricultores que no pueden hacer frente a los latifundios de explotación esclavista (o a las importaciones de grano barato de las provincias) acuden en masa a la gran ciudad, convirtiéndose en una fuerza explosiva, necesitando cada vez más dinero para comprar los votos .


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