viernes, 28 de febrero de 2014

EL FRACASO DE LA II REPÚBLICA Y LAS CAUSAS DE LA GUERRA CIVIL


Muchos son los factores que explican el fracaso de la II República como sistema política en España en los años treinta. 
Hay una serie de causas endógenas, como la multitud de partidos políticos, poco arraigados, falta de tradición democrática y la inadecuación de la Constitución; el alto nivel de analfabetismo que conduce a radicalizar las posturas políticas y la resistencia de las oligarquías ante su desplazamiento del poder
 En el fondo de la cuestión late una idea clave: la República quiso resolver demasiadas cuestiones aplazadas desde hacía demasiado tiempo (propiedad tierra, influencia de la iglesia, papel del ejército, aspiraciones nacionalistas, educación), siendo rápidamente superada por las posturas radicales de izquierda (CNT) y derecha (CEDA, Falange). 
La falta de una clase media provocó estas posturas radicales (García de Cortázar), típico signo de las sociedades disimétricas como era la española. No se pudo llegar, por tanto, a ningún entendimiento y sus distintas políticas lo único que consiguieron fue ampliar las distancias y los odios acumulados de las Dos Españas (Una parte del país odiaba a la otra mitad, y la temía, Azaña)
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Hay otras causas exógenas como el contexto de crisis económica mundial iniciado en el crac del 1929, que resulta poco favorable para los sistemas políticos representativos y radicaliza las posturas hacia comunismo o fascismo, y el fracaso del sistema de seguridad colectiva que representaba la Sociedad de Naciones.



Según Tuñon de Lara, se arrastra una crisis de Estado desde 1898 (que Makelafis alarga para encontrar su origen en la instauración del caciquismo), que desemboca en la Guerra Civil, proponiendo una primacia de lo civil sobre lo militar en el alzamiento. 
Para Aróstegui, se dan una serie de factores externos: lucha entre la democracia burguesa, el fascismo y el comunismo en un entorno en crisis y un ejército sin demasiadas convicciones políticas que buscaba un gobierno fuerte para acabar con el desorden y el peligro revolucionario (al modo del directorio militar y temporal de  Primo de Rivera), mientras que Saborido reparte responsabilidades, la de la autoconfianza y desorganización de la República frente a la negación de pérdida de hegemonía de las clases dominantes, todo ello en un contexto de modernización insuficiente que agudizó las tensiones. 
García de Cortázar habla en términos más sociológicos, atribuyendo el fracaso no a los políticos sino a la propia sociedad que se terminó plasmando en el parlamento. Añade también el tema el mito de de la violencia, constante histórica en España, que hizo comenzar la guerra mucho tiempo antes de ser declarada oficialmente.
Recientemente Makelafis ha planteado la teoría de equilibrio de incapacidades de ambos bandos para consumar su cambio social, siendo el ejército el, apoyado por la versión conservadora, rompe el empate


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