lunes, 3 de marzo de 2014

LA MOMIA DE LENIN


Dentro de la política legitimadora de Stalin, Lenin significaba el origen de la revolución, el eslabón fundamental de la cadena de liderazgo que se había iniciado con Marx y Engels y terminado con Stalin.


Por ello era frecuente que los grandes desfiles fueran presididos por el cuátriple retrato (del que se excluía lógicamente a Trotsky, el gran perdedor, como ya explicamos aquí) o se manipularan imágenes para darle a Lenin más protagonismo y, de nuevo, eliminar la imagen del gran traidor, Trotsky (aquí ya lo vimos).
Un paso más allá dentro de esta idea, como si se tratara de un faraón egipcio o (aún mejor) un nuevo santo, laico, de la revolución que venerar en sus reliquias, el cuerpo de Lenin fue embalsamado y aún hoy puede visitarse en los sótanos de la plaza roja.


Se iniciará así una tradición (curiosa idea religiosa readaptada al ateísmo revolucionario comunista) que se continuará con el propio Stalin, Mao o ya en la actualidad, Chavez




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