sábado, 29 de marzo de 2014

CREMATORIO. CHIRBES. Las especulaciones inmobiliarias; las especulaciones de nuestros interiores


Una novela de materia espesa como la pez que te envuelve lentamente hasta atraparte y ahogarte sin remedio. Así se sale de la lectura de la novela, tambaleante, lleno de adherencias putrefactas, las que todo ser humano lleva en sus más profundas oscuridades.
Cuando comencé a leerla iba atraído por el tema de la especulación urbanística en la costa levantina en que luego se basó la serie del mismo nombre, magnífica, aunque pasara un tanto desapercibida.
Y es cierto, una parte de ella habla de esa destrucción del paisaje a cambio de fortunas particulares y salarios de miseria. De ella y de sus tentáculos que la conectan con las mafias (rusas, sudamericanas) con todo su corolario de drogas, delincuencia o venganzas.

Pero la novela es mucho más que eso, es una extraña mezcla entre Roth y Henry Miller que se va introduciendo (más que en círculos en vertiginosas espirales) en el alma y sus miserias de los distintos personajes.
Aparece así todo un catálogo que es, a la vez,  personal y generacional. La hija del especulador, mimada pero a la vez que reniega del dinero en el que vive, de Matías, el hermano mejor, tan progresista en sus actividades públicas (tan amante él de la agricultura ecológica) como egoísta en sus asuntos particulares, del mafioso ruso quemado en un coche que busca la libertad a través del amor mercenario de una prostituta, del escritor acabado al que un profesor de literatura intenta hacer una biografía en la que nunca pondrá sus más patéticos defectos...
Con una escritura libre, que cambia de punto de vista y se pierde y vuelve en las disgresiones, con un ritmo de réquiem, de morosa enumeración de nuestro reverso más oscuro, Chirbes es un cirujano de los tumores que nos habitan y que, a la postre, son el origen de otros tumores morales públicos de los que tanto nos escandalizamos


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