sábado, 26 de octubre de 2013

ECA DE QUEIRÓS. El Mandarín


Como Galdós pero más poético. Como Blasco Ibañez pero más hiriente y social.
Eca de Queirós es acaso el más grande escritor de las letras lusas del XIX, aunque precisamente hoy no nos vamos a ocupar de sus grandes obras (Los Maya, el padre Amaro o el Primo Basilio).
Se trata más bien de una pequeña rareza. Una historia corta aparecida en periódicos y después redactada por el autor que le trajo considerables críticas por considerarla un puro divertimento.
Y siéndolo (por un extraño conjuro un portugués, funcionario escuálido de salario, llega a poseer todas las riquezas de un lejano mandarín chino), en la obra está siempre presente el espíritu crítico (a menudo naturalista) de las “obras grandes”. Casi a vuelapluma (la obra no tiene ni cien páginas) vemos aparecer las demoledoras críticas a la condición humana (los que le halagan por su dinero como antes le despreciaban, la codicia como elemental del hombre, el desperdicio de los grandes ricos, el lujo como un verdadero cáncer…), a la aristocracia, el clero…
En su segunda parte, cuando el personaje viaja a intentar conocer al supuesto mandarín que no deja de aparecérsele, como una conciencia con coleta, nos encontramos también perfectamente reflejada la ideología dominante del XIX, siglo por excelencia del colonialismo, con su admiración por la China imperial que, en el fondo, está llena de prejuicios (algo que, dicho sea de paso, seguimos utilizando en pleno siglo XXI, ¿o cómo nos ve la Europa del Norte, el nuevo poder, a la del Sur, el territorio colonizado gracias al euro y las financiaciones europeas).


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