miércoles, 8 de diciembre de 2010

LA CAÍDA DEL IMPERIO ESPAÑOL. LA GRAN CRISIS ECÓNÓMICA (2). Sobre las finanzas

El proceso inflacionista (subida de precios) de finales del XVI y primera mitad del XVII, conocido como Revolución de los Precios, se debió a varios factores: la llegada de metales preciosos desde América que aumentó la demanda (Hamilton), las emisiones de juros (lo cual aumentó desmesuradamente la deuda pública que sólo se consiguió enjuagar con acuñaciones cada vez más pobres en oro o plata, provocando una desvaloralización de la moneda y un aumento de precios) , la desactivación de la industria interior y la mentalidad nobiliaria de las apariencias (Elliott) en una economía subdesarrollada incapaz de absorber tanta circulación monetaria, pues (según Pierre Vilar), la masa de metal monetario superaba las posibilidades de inversión real. En el siglo XVII, el aumento de impuestos indirectos y la revaloralización artificial de la mala moneda fueron los culpables de su continuación (Trevor Davies)

Tomado de http://www.libertaddigital.com/economia/como-cuando-y-por-que-quiebran-los-estados-1276382834

La actuación de la Real Hacienda. Junto a los metales preciosos de las Indias, Carlos I obtuvo sus ingresos de Italia y Países Bajos hasta que estos quedaron exhaustos, pasando a tomar el relevo Castilla (sin apenas Cortes). Sin embargo su déficit crónico hizo que, en ocasiones, se incautara todo el oro y plata que llegaban a Sevilla, y se recurriera a la deuda en forma de Juros (con particulares a largo plazo) o Asientos (con los banqueros reales que poco a poco comenzaron a apoderarse de las fuentes de ingreso de la corona). Las finanzas estuvieron casi siempre dominadas por extranjeros, dominados primero por los banqueros alemanes del Emperador (los Fugger y Welser), y luego los genoveses. Olivares trató de emplear a marranos portugueses, pero seguía siendo insuficiente. Solo en la segunda mitad del XVII vuelven los castellanos ante la retirada de los genoveses

Felipe II , que recibió el imperio junto a la bancarrota, robusteció la Hacienda haciendo tributar al clero, doblando la alcabala, y recuperando el monopolio de la sal. Los enormes recursos se emplearon en la política exterior, pero con unos gastos creciendo más que los recursos resultaban insuficientes. Con Felipe III la crisis hacendística quedó estabilizada, gracias al periodo de paz, aunque se inició una práctica influirá muy negativamente en la economía (la acuñación en cobre para el mercado interior y el resello que duplicaba el valor nominal de las monedas, acabando con la moneda fuerte de los primeros Austrias y produciendo claros efectos inflacionarios, (Bennassar, Trevor Davies)

La política agresiva del Conde-duque unida a un descenso de la plata americana (falta de mano de obra, corsarios) y el lujo de la corte (Trevor Davies) agudizó los problemas. Se vendieron pueblos y cargos, se gravaron todos los artículos de consumo, se volvió a producir emisiones de mala moneda y se bajó el interés de los Juros, todo lo cual ayudó a reactivar la inflación que se acompañó con malas cosechas. El gran mal producido por la alteración monetaria acabó durante el reinado de Carlos II, en 1680, con la drástica deflación monetaria. Los resultados se sentirían en la recuperación del siglo siguiente



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