sábado, 18 de diciembre de 2010

EL DIABLO COJUELO Y LA DESAPARECIDA TORRE DEL SALVADOR

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“Vamos, don Cleofás, que quiero comenzar a pagarte en algo lo que te debo», salieron los dos por la buharda como si los dispararan de un tiro de artillería, no parando de volar hasta hacer pie en el capitel de la torre de San Salvador, mayor atalaya de Madrid, a tiempo que su reloj daba la una, hora que tocaba a recoger el mundo poco a poco al descanso del sueño; treguas que dan los cuidados a la vida, siendo común el silencio a las fieras y a los hombres; medida que a todos hace iguales; habiendo una prisa notable a quitarse zapatos y medias, calzones y jubones, basquiñas, verdugados, guardainfantes, polleras, enaguas y guardapiés, para acostarse hombres y mujeres, quedando las humanidades menos mesuradas, y volviéndose a los primeros originales, que comenzaron el mundo horros de todas estas baratijas; y engestándose al camarada, el Cojuelo le dijo:

-Don Cleofás, desde esta picota de las nubes, que es el lugar más eminente de Madrid, mal año para Menipo en los diálogos de Luciano, te he de enseñar todo lo más notable que a estas horas pasa en esta Babilonia española, que en la confusión fue esa otra con ella segunda de este nombre.

Y levantando a los techos de los edificios, por arte diabólica, lo hojaldrado, se descubrió la carne del pastelón de Madrid como entonces estaba, patentemente, que por el mucho calor estivo estaba con menos celosías, y tanta variedad de sabandijas racionales en esta arca del mundo, que la del diluvio, comparada con ella, fue de capas y gorras.


Así comienza la famosa obra de Vélez de Guevara (El Diablo Cojuelo, 1641) que puedes leer íntegra aquí, una obra que, aprovechando la fantasía de poder volar y levantar los tejados de las casas, pueden ver qué sucede en la intimidad de los hogares. Una especie de Gran Hermano del siglo XVII en el que vemos todas las hipocresías, las falsedades, las falsas apariencias que eran habituales (lo son ahora) en el Siglo de Oro.

Su primera aventura la comienzan en la torre más alta de Madrid, la de la desaparecida iglesia del Salvador, junto a la Plaza de la Villa. Una iglesia en donde se reunieron los primeros concejos de la ciudad y en donde sería enterrado el propio Calderón de la Barca, que vivió muy cerca de ella.



Aquí la puedes ver, en un fragmento del Plano Texeira

Y en esta foto la Plaza de la Villa, un rincón prodigiosamente conservado, muy cercano al Convento de las Carboneras y la Plaza del Biombo.

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