viernes, 3 de diciembre de 2010

DOS POEMAS DE AMOR DEL CONDE DE VILLAMEDIANA

Determinarse y luego arrepentirse,

empezar a atrever y acobardarse,

arder el pecho y la palabra helarse,

desengañarse y luego persuadirse;


comenzar una cosa y advertirse,

querer decir su pena y no aclararse,

en medio del aliento desmayarse,

y entre el temor y el miedo consumirse;


en las resoluciones, detenerse,

hallada la ocasión, no aprovecharse,

y, perdida, de cólera encenderse,


y sin saber por qué desvanecerse:

efectos son de Amor, no hay que espantarse,

que todo del Amor puede creerse.



Amor no es voluntad, sino destino


de violenta pasión y fe con ella;

elección nos parece y es estrella

que sólo alumbra el propio desatino.

Milagro humano es símbolo divino,

ley que sus mismas leyes atropella,

ciega deidad, idólatra querella,

que da fin y no medio a su camino.

Sin esperanza, y casi sin deseo,

recatado del propio pensamiento,

en ansias vivas acabar me veo.


Persuasión eficaz de mi tormento,

que parezca locura y devaneo

lo que es amor, lo que es conocimiento

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