jueves, 7 de julio de 2011

LA FUENTE DE LOS CAÑOS DEL PERAL Y LOS AGUADORES

"Lo primero que hizo mi ama fue darme una cantarilla de cobre, no pequeña, para que fuese con ella a coger agua a los Caños del Peral"
Alonso de Contretas Discurso de mi vida (1630)


En el interior de la propia estación del metro de Ópera nos podemos encontrar una agradable sorpresa que nos acerca nuestra historia. Los restos musealizados de los famosos Caños del Peral.

Esta zona fue durante mucho tiempo una geografía llena de cárcavas que sólo comenzaron a urbanizarse en el siglo XVI.
Aprovechando la gran cantidad de agua de la zona (por la que corría, en la parte alta, un arroyo, el del Arenal, y con numerosas surgencia en la parte baja, llamadas hontanillas).


Se crearon entonces varias estructuras.
Por una parte se realizó una alcantarilla cubierta para soterrar el arroyo Arenal, evitando los barros de la zona.

Por otra se creó, al modo de los viajes de agua islámicos, una especie de acueducto, llamado de Amaniel, que llegaba hasta el Palacio.


Por último se creó una fuente pública, llamada de los Caños del Peral, por el arquitecto Juan Bautista de Toledo que trabajó en el Escorial).


Esta fuente servía tanto para el ganado, como para lavar la ropa (en sus numerosos pilones) o regar las huertas cercanas de Santo Domingo, don Bernardino, o la de la Priora (actual Plaza de Oriente).
Pero sobre todo servía para el consumo humano.
Las casas no tenían agua corriente y el agua había que traerla de las fuentes. En las familias adineradas lo hacían los sirvientes, aunque existía un oficio peculiar, el de aguador.
Aguador de Sevilla. Velázquez
Tomado de wikipedia

Había dos tipos de aguadores. Los que vendía el agua por las calles (de cuba) llevándolas en grandes cántaros a lomos de las mulas, y los que subían barriles de agua a las casas (de barril). Estos últimos no tenían muy buena fama entre los maridos madrileños pues parece ser que más de uno se entretenía en la casa con la mujer más tiempo del necesario para saciar otro tipo de necesidades. Vociferantes y bastante chulescos eran una parte importante de la picaresca del siglo

El precio del agua dependía de la fuente de la que provenía; no todas tenían el mismo sabor y la misma calidad (por ejemplo había aguas llamadas gordas, mucho más apreciadas).
Este oficio duró en Madrid ¡hasta el propio siglo XX!





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