viernes, 22 de julio de 2011

LAS PENDENCIAS DEL JUEGO EN EL SIGLO DE ORO

Mandó el capitán nadie jugase, porque cada uno llegase rico a Malta; mandó echar los dados y naipes a la mar y puso graves penas quien los jugase, con lo cual se ordenó un juego de esta manera: hacían un círculo en una mesa como la palma de la mano, y en el centro de él, otro círculo chiquito como de un real de a ocho, en el cual todos los que jugaban cada uno metía dentro de este círculo chico un piojo, cada uno tenía cuenta con el suyo, y apostaban muy grandes apuestas, y el piojo que primero salía del círculo grande tiraba toda la apuesta, que certifico la hubo de 80 cequíes. Como el capitán vio la resolución dejó que jugasen a lo que quisiesen; ¡tanto es el vicio del juego en el soldado!
Alonso de Contreras. Discurso de mi vida
.

Naipes siglo XVII (la desencuadernada, como se le llamaba en el argot de la picaresca)
Si habéis leído el texto anterior os daréis cuenta de lo importante que era el juego en el siglo XVII. Desde los reyes al pueblo el juego era una actividad casi imprescindible, especialmente con los naipes que había que comprar en locales con permiso real.
Sin embargo, como es lógico, había distinciones.
Nobles y personajes de calidad se reunían en elegantes “casas de conversación” (Villamediana acudía a ellas con asiduidad), en donde los dados estaban estrictamente prohibidos pero las fortunas que se jugaban eran realmente asombrosas (llegándose a jugar carruajes, palacios o esclavos)
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Dados
Por el contrario, las clases populares acudían a garitos más o menos legales (muchos de ellos en las traseras de las tabernas y casas de prostitución, dirigidos por antiguos soldados, ya “estropeados”) .
Evidentemente, allí las compañías no debían ser las mejores ni muy limpias las reglas de juego doblando las cartas, arqueándolas, raspándolas, sustituyéndolas por otras ("naipes limpios")
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Estos truhanes y tramposos profesionales, jaques, prostitutas (coimas) y todo tipo de pícaros provocaban a menudo escándalos y peleas que muchas veces podían acabar con las espadas desenvainadas.


Riña ante la embajada. Velázquez (atribuido)
Tomado de wikipedia 

Estos locales prosperaron en las grandes ciudades (centenas tenían Madrid, en la calle Francos, junto a la casa de Lope de Vega, o en Montera, o el famoso Arenal sevillano).

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