domingo, 17 de julio de 2011

EL HONOR EN EL SIGLO DE ORO


Al Rey la hacienda y la vida
se ha de dar; pero el honor
es patrimonio del alma,
y el alma sólo es de Dios
Calderón de la Barca (Alcalde Zalamea)

Dios, Rey y honor; ésta es la trilogía que el Conde de Villamediana le recita al Señor del Biombo. Pero, ¿qué es el honor?

La respuesta es complicada, pues en él se incluyen muchas cosas.
Evidentemente se encuentra muy relacionado con esa sociedad de las apariencias en donde todo el mundo quiere aparentar mucho más de lo que es, siendo la nobleza el objetivo más ansiado de todos. Evidentemente esto tiene mucho de económico, pues el ser noble (o aparentarlo) trae consigo no pagar impuestos, como es típico de una sociedad estamental.
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Pero el honor es, también, y en muchas ocasiones, un rasgo típico de muchas sociedades que se proyectan al exterior, hacia la calle, siendo mucho más importante lo que se piensa de uno, que lo que se es realmente. Esto genera una gran presión social, típica de sociedades más atrasadas, en donde la persona vive como si estuviera en un escaparate
Como veis, de nuevo, el mundo es un gran teatro y nosotros sus actores (por ello la importancia del protocolo pero también de los gestos, el lenguaje no verbal)

Dentro de este honor se encuentran características heredadas de los caballeros medievales: el valor, la generosidad, el mantenimiento de las promesas, el horror al trabajo manual, el respeto a las categorías sociales… Otras tienen rasgos religiosos como la limpieza de sangre (no ser descendiente de musulmanes o judíos) o no haber sido juzgado por la Inquisición
Sin embargo, todo lo relacionado con la mujer tiene mucho de musulmán, como tantas cosas en este siglo. Su encierro en los famosos estrados de las damas, las tapadas o el miedo terrible al adulterio son rasgos típicos de esta cultura.



Cuando el honor era mancillado (una simple palabra podía hacerlo, los rumores, un gesto de falta de respeto…) era necesario limpiarlo. Para ello lo normal era el duelo personal

Deseando pues remediar
agravio tan manifiesto,
buscar remedio a mi afrenta,
es venganza, no es remedio;
Calderón de la Barca (Alcalde Zalamea)
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Todas estas cuestiones no se quedaron en el siglo XVII y han perdurado en muchos lugares.
Aunque será un tema que trataremos más adelante, os ofrezco este pequeño adelanto: el comienzo de la película del Padrino



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