Dakar, un joven y ya hastiado profesor universitario, tras una tarde de sexo con su bella y explosiva amante, visualiza un terrible vídeo que se ha hecho viral: una horda desentierra un cadáver y lo arrastra fuera del cementerio. Se trata de un góor-jigéen, un «hombre-mujer», un homosexual.
A partir de entonces su vida irá cambiando progresivamente, enfrentándose con una sociedad terriblemente homofóbica que pone sus tradiciones o la religión islámica como barreras de odio hacia los homosexuales, un terrible lepra que todo lo contamina, desde las clases prohibidas de Verlaine por su sexualidad, a la propia muerte (prohibida en los cementerios religiosos) o la familia (que queda marcada ya para siempre)
La novela es terrible pero con destellos de una belleza extraña, de una sexualidad siempre presente.
En el fondo es una reflexión sobre los conflictos entre la modernidad y las tradiciones (tanto seculares como religiosas), pero hay algo más allá de lo puramente exótico o tradicional. El tema, las maneras de enfrentarse a él de los distintos personajes (incluido el propio protagonista), todos los conflictos interiores/exteriores son los mismos que podemos encontrar en el primer mundo, pues en el fondo no somos tan diferentes.