Los pitagóricos tendían a vivir cerca de las regiones volcánicas. Para ellos tenía un significado especial ya que consideraban que el fuego volcánico era la luz de la más profunda oscuridad. Era el fuego del infierno, pero también el fuego del que deriva toda la luz que conocemos. Para ellos, la luz del sol, la luna y las estrellas eran sólo reflejos, retoños del fuego invisible del inframundo. Y entendían que no se puede subir sin bajar, no hay cielo sin pasar por el infierno. Para ellos el fuego del inframundo purificaba, transformaba, inmortalizaba. Todo formaba parte de un proceso sin atajos. Todo tenía que experimentarse, había que pasar por todo; y encontrar la claridad implicaba hacer frente a la más absoluta oscuridad. Todo esto es mucho más que una cuestión de mitología.
En los oscuros lugares del saber (Peter Kingsley)