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martes, 17 de diciembre de 2024

COSAS DE ROMANOS. Un triunfo

Balbo salió de la Villa Pública, edificio estatal para alojar a los embajadores alzado tras las murallas y el Campo de Marte, y de la vía Triunfalis, iniciando el fastuoso desfile frente al templo de la diosa Felicitas. Al pasar junto a mi tribuna contemplé al vencedor, quien exhibía una coraza de plata con imágenes de Hércules, el patrono de Gades, y los símbolos del Triunfo: la cara tintada de rojo, los indumentos del mismísimo Júpiter, o sea, la brillante capa escarlata, el paludamentum distintivo de un procónsul romano, y una estatuilla de oro con su genius particular, mientras recibía la salva de sus legionarios y de la plebe con el brazo alzado.

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—Balbus victor! —lo aclamaban—. Balbus imperator! Lo acompañaban sus dos legiones vencedoras y a la que yo pertenecí, la Augusta, ante cuyo lábaro incliné la cabeza con lágrimas en los ojos. Lo seguían el rey Juba de Mauritania, el gran aliado de Roma en el territorio, con sus jinetes númidas, los arúspices del Palatino, las seis vestales y los flamines o sacerdotes de Minerva y Ceres, con los litus en sus manos. Un coro multitudinario de músicos y danzarinas rodeaba los thensae, los carromatos que transportaban las efigies amarfiladas del panteón romano, y grandes cartones pintados apresuradamente con los nombres y las imágenes de las gentes bárbaras vencidas, así como las ciudades tomadas al enemigo que yo conocía por mi estancia en Cirta: Tabudium, Gemella, Thuben, el monte y el río Níger, el río Dasibari, Debris y Garama y las riquezas que producían. Bajo el frontal de carruaje de Balbo, tirado por caballos blancos, se oía el tintineo de un falo de plata para prevenir al vencedor de los malos espíritus. Mi victorioso patrono lucía sobre su cabeza una corona de laurel y se vestía con una túnica bordada con palmas de oro, la túnica palmeta, y una ostentosa toga púrpura de Bozrah, bordada con estrellas doradas: la sacra toga pacta. —Io triunfe! ¡Salve, oh triunfo! —lo aclamaban los legionarios. Lucio Balbo saludaba sonriente a la oleada humana, concentrada en foros, esquinas y vicus, mientras sostenía en una mano un cetro de marfil, el imperium, y en la otra una frondosa rama de laurel. Montado en el carro, tras él, iba un esclavo que sujetaba por encima de su testa la corona de oro de Júpiter, mientras le susurraba al oído: «Mira hacia atrás y recuerda que eres mortal». 


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Tras su rueda se movían unos carromatos adornados de guirnaldas con el espectacular botín amasado en los asaltos a los poblados garamantas, sobre todo de gemas, diamantes, oro, joyas desvalijadas al enemigo, armas, imágenes pintadas en pancartas con las batallas libradas y miniaturas en madera y cartón de las fortalezas asaltadas y destruidas. El gentío rugía de fervor hacia el triumphator, y los veteranos, de viejas cicatrices y voces roncas, seguían cantando himnos castrenses y distribuyendo monedas entre la marea humana. A los legionarios se los veía exultantes, pues recibirían diez mil denarios como recompensa y el doble los comandantes. Habían sustituido sus armas por laureas que balanceaban en sus manos mientras cantaban las excelencias de su general triunfador. Una reata de esclavos nubios tiraba de unos carretones con jaulas donde los reyezuelos capturados y los caudillos de los pueblos del desierto miraban cabizbajos y sobrecogidos a la plebe. Los aguardaba la muerte. El vulgo les arrojaba inmundicias y los insultaba, recordando los feroces asaltos a las ciudades de la costa africana donde se habían perdido muchas cosechas de trigo, imprescindible para la manutención de la gran holgazana: la plebe de Roma. Los seguían los toros blancos que se sacrificarían ante el Capitolio, coronados de flores y con los cuernos pintados con pan de oro, junto a los trompeteros del Senado y los danzarines capitolinos que bailaban danzas arcaicas al son de las flautas y tamboriles. Las tribunas del Foro se hallaban atestadas con los cargos públicos, los invitados más ilustres de la República y los embajadores de Capadocia, Pérgamo, Tiro, Gades y Laodicea acomodados en sillas de marfil y bajo un dosel anaranjado de seda que aliviaba la resplandeciente luminosidad.

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Después resonaron como truenos los timbales de guerra y las tubas de los legionarios, entonando el himno de Marte. Cientos de palomas volaron asustadas por encima del friso del templo, instante en el que fueron separados del cortejo los prisioneros y rehenes africanos, quienes fueron conducidos a la cárcel del Tullianum, donde serían estrangulados y arrojados sus cadáveres a las Gemonias del Tíber. Era la norma aceptada que no admitía la misericordia y Balbo no haría ninguna excepción. Llegados al templo de Júpiter, fueron sacrificados los toros en una gran hecatombe ante el padre de los dioses. Balbo Minor bajó del carruaje de caballos blancos y subió los escalones del santuario de rodillas, para manifestar su humildad. Había cumplido cincuenta y cuatro años y mi patrón se hallaba en el cénit de su gloria, aunque recitaba: «Nada soy ante los dioses inmortales». El victorioso se cubrió la cabeza con el manto escarlata y rezó contrito ante la estatua sedente de Júpiter Óptimo Máximo, como habían hecho muchos generales romanos antes que él. El pueblo contemplaba al hispano, eufórico por contar con un estratega de su calibre, y lo ovacionó con largueza. Después, el Senado, los altos funcionarios, magistrados, familiares, vestales e invitados del Estado participaron en un suntuoso banquete en el mismo Capitolio. Merodeé por sus salas para intentar descubrir a Valeria, pero allí no se encontraba, ya que a las mujeres no les estaba permitido participar. Abandoné el santuario decepcionado y busqué a algún amigo conocido.

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Mientras tanto, el pueblo romano y los soldados de las legiones fueron agasajados en grandes mesas que se ubicaron en el Foro y en el Aventino, donde sobraron la comida, las diversiones y el vino; y post meridium se celebró un espectáculo de carreras de cuadrigas en el Circo Máximo que complació a la ciudadanía. Roma se divertía y saciaba su hambre a costa de Lucio Cornelio Balbo.


El jardín de las vestales (Jesús Maeso de la Torre)


martes, 1 de octubre de 2024

EL PROGRESISMO NEOLIBERAL Y LA MÁSCARA WOKE

El proyecto neoliberal no podía venderse políticamente tal como era. Exigía un lavado de cara. Y ahí es donde entraron los “progresistas”, que aportaron cobertura ideológica a los propagandistas del libre mercado y los plutócratas asociados al sumar corrientes individualistas liberales de feminismo, antirracismo y derechos para las personas LGBTQ+. Muchos progresistas, desde luego, no se interesaban ni se concentraban en la cuestión económica. Pero existía una afinidad electiva entre su idea de “emancipación”, meritocrática y ansiosa por romper el techo de cristal, y el ethos del libre mercado. Tanto ellos como los neoliberales tenían una visión individualista y elevada de las cosas. Eso era una afinidad electiva.

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Clinton tuvo la idea de crear un “nuevo” Partido Demócrata capaz de conquistar el apoyo de los profesionales urbanos y los “trabajadores simbólicos” instruidos y de descentralizar las reivindicaciones de la base tradicional del partido entre los obreros fabriles. Tony Blair adoptó este modelo para su nuevo laborismo, cuyo objetivo era poner coto al monstruo del conservadurismo británico. Políticos como Blair y Clinton eran oportunistas que imaginaban estrategias para que sus partidos continuaran ocupando un lugar relevante y ganaran elecciones en tiempos de cambio. De paso, inventaron una nueva formación política hegemónica. El neoliberalismo progresista fue el sucesor de la so-cialdemocracia al estilo New Deal.

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Para que el proyecto neoliberal triunfara, había que presentarlo en un nuevo envase, darle un atractivo más amplio y vincularlo con aspiraciones emancipatorias no económicas. Una economía política profundamente regresiva podría convertirse en el centro dinámico de un nuevo bloque hegemónico solo si se la adornaba con las galas del progresismo. Por consiguiente, los “nuevos demócratas” tuvieron que aportar el ingrediente esencial: una política progresista de reconocimiento. Respaldados por fuerzas progresistas de la sociedad civil, difundieron un ethos del reconocimiento superficialmente igualitario y emancipatorio. En el núcleo de ese ethos convivían ideales de “diversidad”, “empoderamiento” de las mujeres, derechos para la comunidad LGBTQ+, posracialismo, multicul-turalismo y ambientalismo. Estos ideales se interpretaban de una manera limitada y específica que era plenamente compatible con la transformación de la economía estadounidense conforme a los dictados de Goldman Sachs: la protección del ambiente significaba el comercio de las cuotas de emisiones de carbono. La promoción del acceso a la propiedad de la vivienda equivalía a armar lotes de préstamos de alto riesgo y revenderlos como bonos respaldados por hipotecas. Igualdad era sinónimo de meritocracia.

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El programa neoliberal progresista para alcanzar un orden justo de estatus no apuntaba a abolir la jerarquía social, sino a “diversificarla” mediante el “empoderamiento” de las mujeres, las personas de color y los integrantes de minorías sexuales “talentosos” para que llegaran a la cima. Ese ideal es intrínsecamente específico de una clase y apunta a garantizar que individuos “meritorios” de “grupos subrepresentados” puedan alcanzar posiciones y retribuciones similares a las de los varones blancos heterosexuales de su propia clase. La variante feminista es reveladora pero, por desdicha, no única. Centrada en el “feminismo corporativo” y la “ruptura del techo de cristal”, sus principales beneficiarías solo podían ser quienes ya poseían el capital social, cultural y económico requerido. En cuanto a las demás, ni lograrían subir un escalón desde el sótano.

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se forjó una nueva alianza de empresarios, banqueros, residentes suburbanos, “trabajadores simbólicos”, nuevos movimientos sociales, latinos [Latinx] y jóvenes, sin perder el apoyo de la comunidad afroestadounidense, que sentía que no tenía ningún otro lugar adonde ir. En la campaña por la nominación presidencial demócrata de 1991-1992, Bill Clinton se alzó con la victoria al hablar de diversidad, multicul-turalismo y derechos de las mujeres, aunque luego predicaría con el ejemplo de... Goldman Sachs.

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Es innegable que el neo-liberalismo progresista ha beneficiado a las capas superiores de las clases profesionales y gerenciales, y ese es un sector numeroso e influyente. A las mujeres o las personas de color de ese sector, como a sus pares masculinos blancos, les ha ido bastante bien. Pero no, los beneficios para el resto no me impresionan tanto. Bhaskar Sunkara: El ejemplo de Cuomo, el gobernador de Nueva York, que aprobó una ley y se movilizó para legalizar el matrimonio igualitario la misma semana que clausuraba refugios para jóvenes que eran en su mayoría LGBTQ+fue hasta cierto punto un gran símbolo del momento presente.


¡Contrahegemonía ya! (Nancy Fraser)

lunes, 27 de noviembre de 2023

COSAS DE ROMANOS. Sexo y religión


La religión romana está aún más cuajada de sexualidad y erotismo. Desde sus deidades hasta sus fiestas, de sus amuletos a sus rituales y de la exaltación de la fidelidad conyugal al erotismo más lúdico y festivo. Esto no significa que la sexualidad fuera sagrada per se y, de hecho, hemos visto cómo algunas asociaciones que han florecido en el imaginario colectivo, como la prostitución sagrada, se deshinchan en cuanto uno acerca el foco. Sin embargo, sí significa que la religiosidad y la espiritualidad podían abarcar y abarcaban todos los ámbitos de la vida y la sexualidad no iba a ser menos. Puede que haya deidades que asociemos de una forma más intuitiva al amor, la sexualidad o el matrimonio como Afrodita/Venus y Eros, por ejemplo, o el exageradamente fálico Príapo. Otras, de forma más indirecta como Dionisos, cuyas festividades dieron lugar a uno de los mayores escándalos de Roma. Otras deidades se vinculaban al matrimonio o a la castidad como Hera/Juno o Vesta. Dejaremos aparte las «aventuras» de los dioses con mortales y no tan mortales y todas las habladurías que ocasionan, más allá de que incidamos en cómo son parte de un concepto de orientación sexual más enfocado al derecho que al género. Lo demás, lo dejaremos para las Metamorfosis de Ovidio.

Cunnus (González Gutiérrez_ Patricia)


TODAS NUESTRAS COSAS DE LOS ROMANOS

martes, 9 de mayo de 2023

El Anschluss (conquista de Austria por los nazis) según Vuillard

 (...) Invadiremos Austria sin pedir permiso a nadie, y lo haremos por amor.

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Hitler comunicó a los jefes de sus ejércitos que proyectaba ocupar a la fuerza una parte de Europa. Primero invadirían Austria y Checoslovaquia. Es que en Alemania estaban muy apretados, y como nunca se alcanza el meollo de sus deseos, como la cabeza se vuelve siempre hacia los horizontes difusos, y además, como un fondo de megalomanía sobre trastornos paranoicos hace que la pendiente resulte más irresistible, después de los delirios de Herder y del discurso de Fichte, desde el espíritu de un pueblo celebrado por Hegel y el sueño de Schelling en torno a una comunión de los corazones, la noción de espacio vital no suponía ninguna novedad.

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En Austria, hacia donde apuntaron de inmediato las ambiciones del Reich, el canciller Dollfuss, que se había arrogado —desde lo alto de su exiguo metro cincuenta— todos los poderes, fue asesinado por nazis austriacos ya en 1934.

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Pero ¿qué exige ese acuerdo? De entrada, exige —merced a una fórmula vacía y poco comprometida— que Austria y el Reich se consulten sobre los asuntos internacionales que atañan a ambas partes. Exige —y ahí es donde empiezan a complicarse las cosas— que en Austria se autoricen las ideas nacionalsocialistas y que Seyss-Inquart, un nazi, sea nombrado ministro del Interior, y con plenos poderes: una injerencia inconcebible. También exige que el doctor Fischböck, un nazi notorio, sea nombrado asimismo miembro del gobierno. Exige a continuación la amnistía para todos los nazis encarcelados en Austria, incluidos los nazis criminales. Exige que a todos los funcionarios y oficiales nacionalsocialistas se les restituyan los derechos de que gozaban anteriormente. Exige el inmediato intercambio de un centenar de oficiales entre los dos ejércitos y el nombramiento del nazi Glaise-Horstenau como ministro austriaco de la Guerra. Y, en fin, exige —postrer afrenta— la destitución de los directores de propaganda austriacos. Tales medidas deberán hacerse efectivas en ocho días, a cambio de lo cual —sublime concesión— «Alemania reafirma la independencia de Austria y su adhesión a los convenios de julio de 1936», que quedan ya totalmente vacíos de contenido. Luego, para acabar, fórmula inaudita después de lo que acaba de leerse: «Alemania renuncia a toda intromisión en la política interior de Austria». Es como estar soñando.

(...)

Se detienen un instante ante la casa natal del Führer, ¡pero no hay tiempo que perder! Llevan ya demasiado retraso. Las chiquillas tienden ramos de flores, la multitud agita banderines con cruces gamadas, todo marcha bien. A media tarde la comitiva ha atravesado ya numerosos pueblos. Hitler sonríe, agita la mano, la exaltación resulta visible en su rostro; hace el saludo nacionalsocialista cada dos por tres, a corros informes de campesinos o de muchachas. Pero las más de las veces se limita a exhibir ese extraño gesto que tan felizmente parodió Chaplin, el brazo doblado con un ademán 

(...)

Con el fin de consagrar la anexión de Austria, se convocó un referéndum. Se detuvo a los opositores que quedaban. Los sacerdotes instaron desde el púlpito a votar a favor de los nazis y las iglesias se ornaron con banderas con cruces gamadas. Hasta el antiguo líder de los socialdemócratas pidió que se votara sí. Apenas se alzó alguna voz discordante. El 99,75% de los austriacos votó a favor de la incorporación al Reich.


El orden del día (Éric Vuillard)

miércoles, 14 de diciembre de 2022

LAS COSAS DE LAURA. Los motores primeros de la ultraderecha

El ideario de LUX no era una mixtura de materiales contradictorios ni un muñeco de trapo hecho con retales de diferentes colores, sino un sistema metafísico coherente: una moral basada en la ley natural, impronta de la voluntad divina, y una economía basada en las leyes naturales de la oferta y la demanda, igualmente expresión de la voluntad del Todopoderoso. ¿O qué era aquella célebre mano invisible del mercado sino la mano de la divinidad, que repartía el éxito y el fracaso entre los agentes económicos?

LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



lunes, 24 de enero de 2022

Emmanuel Carrere. Limónov. Textos para repasar la URSS

 La revolución ha dejado de devorar a sus hijos, el poder, según una expresión de Anna Ajmátova, se ha vuelto vegetariano. Bajo Nikita Jrushov, el porvenir radiante se presenta como un objetivo razonable e indulgente: seguridad, aumento del nivel de vida, crecimiento apacible de alegres familias socialistas en las cuales a los niños ya no se les alienta a denunciar a sus padres. Es verdad que hubo el período delicado en que tras la muerte de Stalin liberaron a millones de zeks, y a algunos incluso les rehabilitaron. Los burócratas, provocadores y soplones que les habían enviado al gulag estaban seguros de una cosa: de que no volverían nunca. Pues bien, algunos han vuelto y, por citar de nuevo a Ajmátova, «dos Rusias se han encontrado cara a cara; la que denunció y la que fue denunciada». No se produjo el potencial baño de sangre. Delator y prisionero se cruzaban, recíprocamente sabían a qué atenerse, y cada uno desviaba la mirada y se iba por su lado, a disgusto, los dos vagamente avergonzados, como personas que en otro tiempo han cometido juntas una fechoría de la que es mejor no hablar.

Destituido Jrushov de sus funciones, la generación de apparatchiks salida de las purgas implantó, bajo la égida del afable Leonid Brézhnev, una especie de estalinismo blando, compuesto de la hipertrofia del partido, la estabilidad de los cuadros dirigentes, los enchufes, los nombramientos internos, las grandes y pequeñas prebendas y la represión moderada: lo que se ha llamado el comunismo de nomenklatura, por el nombre de la élite que se beneficiaba del mismo, pero este grupo selecto, en el fondo, era relativamente numeroso y, por poco que se siguieran las reglas del juego, no demasiado inaccesible. Esta estabilidad plomiza, carente de sentido y en cierto modo cómoda, prácticamente todos los rusos con edad para haberla conocido la recuerdan con nostalgia hoy que se encuentran condenados a nadar y muchas veces a ahogarse en las aguas heladas del cálculo egoísta. La gran máxima de la época, equivalente a nuestro «trabajar más para ganar más», era: «Fingimos que trabajamos y ellos fingen que nos pagan.» No es muy estimulante como modo de vida, pero bueno: nos las arreglamos. No arriesgas mucho, a no ser que hagas estupideces. Pasamos de todo, reconstruimos en el fondo de las cocinas un mundo del que sabemos seguros, a menos que te llames Solzhenitsyn, que seguirá siendo como es durante siglos, porque su razón de ser es la inercia.

En aquel tiempo, justo después de la caída de Jrushov y la asunción del poder por la troika Brézhnev-Kosyguin-Gromyko, esto es un delito, y un delito relativamente serio. Está prohibido todo contacto con extranjeros, sospechosos a la vez de propagar por medio de libros, de discos o hasta prendas de vestir peligrosos virus occidentales, y de sacar del país textos de disidentes.

Le sometieron a inyecciones de azufre atrozmente dolorosas y a una simpática terapia denominada la okrutka, consistente en sumergir al paciente envuelto en una sábana en una bañera de agua helada y en dejarle secar dentro.

Esta verdad fundamental es, por supuesto, el gulag. Es también que el gulag existe antes y después de Stalin, que no es una enfermedad del sistema soviético sino su esencia y hasta su finalidad. Solzhenitsyn pasó diez años recopilando en secreto los testimonios de doscientos veintisiete antiguos zeks y, con su letra minúscula, enterrando sus manuscritos, haciéndolos microfilmar para trasladarlos a Occidente, edificó este monumento, Archipiélago Gulag, que se publicó en Francia y en Estados Unidos a principios de 1974 y empieza a leerse en Radio-Liberté. El hombre que en ese momento acaba de asumir la dirección del KGB, Yuri Andrópov, comprende que esta bomba es más peligrosa para el régimen que todo el arsenal nuclear norteamericano, y toma la iniciativa


Limónov (Emmanuel Carrere)


jueves, 18 de noviembre de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Las causas de la de ultraderecha

Los prejuicios funcionaban aquí como gasolina barata que ponía en marcha un ejército de peones en las redes sociales, por más que los medios de comunicación trataran de desmontarlos con datos y estadísticas. Es habitual que, cuando se trata de escoger entre la realidad y sus estrechos prejuicios, los individuos se queden con sus prejuicios, porque al menos estos conforman entre sí un relato coherente, mientras que la realidad es solo un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa. Casi nadie se tomaba la molestia de verificar tales informaciones, pues había titulares para alimentar todas las formas de intransigencia, y los simpatizantes de LUX no eran los únicos, pero sí los más reacios a revisar la credibilidad de las noticias, hombres que habían renunciado al combate fundamental: el combate contra sus propias ideas preconcebidas, hombres para los que la realidad solo era un comentario, una nota a pie de página de sus propias

(...)

Contábamos con medios de comunicación e información con los que hubieran soñado los filósofos ilustrados, herramientas prodigiosas con las que fomentar el conocimiento, y no obstante las empleábamos como una gigantesca máquina de producir bilis, con titulares tendenciosos sobre la inmigración, las feministas, los progresistas, que conducían al lector a un mismo corolario: nadie te tiene en cuenta, eres la última pieza del engranaje, la izquierda solo se preocupa de los rumanos, de los mahometanos, de las mujeres histéricas, de los travestis y de los negros. Pero ¿quién se preocupa de ti? Y ese mensaje calaba con facilidad entre los desempleados, los desahuciados, los desengañados, los desposeídos, los desharrapados, entre todos aquellos que anhelaban proclamar que no eran unos privilegiados, que no tenían la culpa de lo que hacían otros varones heterosexuales, blancos y españoles, que no era el género masculino en su conjunto el que agredía o violaba a una mujer. ¡Mírame! Vivo con cuatrocientos euros al mes en un barrio degradado, sin apenas ayudas sociales y sin esperanza. ¿De veras te parezco un privilegiado, un representante del orden patriarcal, un supremacista? Y, aunque lo fuera, ¿por qué hablaban ustedes de los hombres como si pertenecieran a un estadio evolutivo anterior a las mujeres? ¿Por qué los varones teníamos que sentirnos culpables, por ejemplo, de todas y cada una de las agresiones sexuales, como si se hicieran en nombre de todos? Un crimen es un acto individual o colegiado, no es la sociedad la que impulsa tu conducta, la que te empuja a la alcoba de la agredida ni te susurra instrucciones al oído mientras fuerzas su intimidad. No, siempre se está solo frente a la víctima. Un hombre que viola o que mata a una mujer no es la expresión de una superestructura ideológica, sino alguien que está solo en la cabina de mandos del mal.

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 Lo que aquellos hombres hacían era gestionar el miedo. El sistema era simple: los perturbados, los inmigrantes ilegales, los enemigos de la patria tenían que saberse en permanente peligro y en completa indefensión, y de este modo dormirían con miedo, se afeitarían con miedo y caminarían con miedo por las calles. La violencia, de este modo, ni siquiera sería necesaria, porque bastaría con la mera expectativa de la violencia.

(...)

Toda esa constante radiación sobre lo que los hombres hacemos, sobre nuestros privilegios, de la masculinidad tóxica, esa tenaz censura sobre nuestras palabras y ese fastidioso corsé de lo políticamente correcto. ¿Qué esperaban ustedes, que agacháramos la cabeza y escondiéramos el rabo entre las piernas? No, algún día nos rebelaríamos contra todo eso.


LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



miércoles, 28 de julio de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Debates con la ultraderecha

 Yo lo había visto en el que siempre me pareció su medio natural, los debates televisivos. Podría decirse que su estrategia en aquel lance consistía precisamente en no debatir, en descargar su batería de datos sin dirigirse de forma directa a sus oponentes, siempre mirando a cámara para apelar a los espectadores. Si un rival aireaba la cifra de víctimas de la violencia de género, él contrarrestaba poniendo sobre la mesa las denuncias falsas de mujeres. Si otro le afeaba su discurso insolidario con respecto a la inmigración, él aireaba dos o tres casos recientes de violaciones en grupo o de robos perpetrados por menores musulmanes. Frente a la abstracción de los principios, de los derechos humanos, el acudía a los incidentes concretos, a la anécdota, a los delitos ignominiosos con nombres y apellidos extranjeros [esto no va de derechos humanos, acostumbraba a decir, sino de supervivencia], la mayoría de las veces esgrimiendo falsas estadísticas sobre las ayudas a los inmigrantes, o sobre los índices de delincuencia y de internamiento carcelario de los distintos colectivos de extranjeros en el país, rumanos, marroquíes, ecuatorianos..., pero que tampoco podían ser refutadas: si un rival denunciaba la incongruencia de sus cifras con los datos oficiales, siempre le quedaba el recurso de acusar a las entidades públicas de concurrir en una inmensa conspiración alentada por financieros internacionales para ocultar la verdad a los ciudadanos, y si su oponente le reprochaba la naturaleza conspiranoica de aquellas afirmaciones, él siempre podía acusarlo de formar parte de la conspiración, de estar a sueldo de aquellos mismos magnates. 


LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



miércoles, 21 de julio de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Los discursos de la ultraderecha 1

Eso que ustedes llaman diversidad no es más que desorden, disgregación. Todo ese discurso de la izquierda me recuerda a la entropía del cosmos. Ustedes disgregan la normalidad, la pulverizan y la esparcen por el espacio vacío. Donde debería haber unidad y cohesión, solo proponen nebulosas de polen de ideas [sí, esa fue la rebuscada imagen que empleé entonces, lo recuerdo a la perfección: nebulosas de polen de ideas]. ¿Es que no lo ve? ¿No se da cuenta de que estamos perdiendo nuestras señas de identidad?

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No lo dude: nosotros disponíamos de todas las herramientas necesarias para propiciar aquellos brotes psicóticos y encender la mecha de la indignación, una inmensa red de páginas falsas, grupos de chat, avatares, perfiles clonados y bots gestionados por una empresa ucraniana pagada por la familia de Fausto que conseguían millones de interacciones viralizando noticias falsas, manipulando otras o descontextualizando vídeos y titulares viejos o filmados en otros países que nosotros presentábamos como si hubieran ocurrido aquí y ahora, grabaciones que se multiplicaban por las redes hasta que perdíamos el control sobre ellas, el viejo mecanismo de las habladurías convertido en matemáticas, en un algoritmo, en parte controlado y en parte incontrolable, y todo ello amasado con los peores materiales. 


 LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



miércoles, 7 de julio de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Las verdaderas verdades der la ultraderecha

 «¿Sanidad? ¿Educación? —proseguía la Hallman en aquella entrevista—. ¿Para qué querríamos que las proporcionara el Estado? ¿No hemos aprendido bastante de la experiencia de la Unión Soviética? Cuando el Estado mima a los ciudadanos, estos se acomodan bajo sus faldas. La vida es una lucha, y lo que nos hace mejores es precisamente esa lucha, esa competición, clave de la evolución biológica, y también de la evolución social», discurso que encajaba como un guante con aquella moral heroica que propugnaban sus camaradas de filas.


LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



martes, 29 de junio de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Las "defensas" de la ultraderecha

 Los hombres como Aliaga se creían la última línea de defensa de la marca cristiana, amenazada por el lobby homosexual, por la ideología de género, por el islamismo que pretendía invadir Europa, y proponían una moral guerrera y orgullosa cuyo lema, «mantenerse en pie en un mundo en ruinas», era la máxima expresión de aquel honorable código. 


LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



lunes, 21 de junio de 2021

LAS COSAS DE LAURA. Ser español

Después de todo, era la antigua idea de que solo hay una forma de ser español, solo una sana y limpia, acosada por un sinfín de virus o bacterias que era preciso eliminar.


 LUX. Cuenca Sandoval


LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA



martes, 8 de junio de 2021

LAS COSAS DE LAURA. El a veces terrible sentido común

Yo no era ni de izquierdas ni de derechas, que no creía en la política, que solo confiaba en el saludable y certero sentido común, siempre más eficiente cuanto más alejado de esa corrupción de las almas que llamamos ideologías, y entonces usted me presentó aquella estrafalaria hipótesis suya según la cual era precisamente el sentido común el que nos había conducido al desastre, o, mejor dicho, el sentir común, las [a su juicio] barbaridades que LUX había conseguido inyectar en el sentir colectivo, como si fueran naturales

LUX . Mario Cuenca Sandoval



LAS RARAS NOTICIAS DE LAURA


TODOS NUESTROS ÁNIMA MUNDI

lunes, 22 de febrero de 2021

Hominización. Bipedismo y problemas en el parto

La modificación de la arquitectura de la pelvis necesaria para hacer posible la locomoción erguida aproximó las articulaciones del hueso coxal con la columna vertebral y con el fémur; en consecuencia, se acortó el diámetro sagital del canal del parto, y ésta es la causa de que existan complicaciones para dar a luz en nuestra especie.

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Entre los simios la madre puede ayudar a nacer a su hijo, guiándolo en el parto con las manos, limpiándole la nariz y la boca para que pueda respirar mejor y liberándolo del cordón umbilical si es que éste se le enreda alrededor del cuello. El parto en los primates es un hecho solitario, sin ayuda ajena. Sin embargo, en nuestra especie la madre no puede ver la cara del neonato porque éste mira en dirección contraria, y cualquier intento de tirar de él podría, dada la posición de extrema flexión dorsal de la cabeza, ocasionarle daños en la médula espinal. Eso hace que en todas las culturas las mujeres busquen asistencia en el momento del parto; el parto humano es una actividad social, más que un comportamiento solitario.

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 En otras palabras, mientras que la sexualidad femenina en los antropomorfos está ligada exclusivamente a la reproducción, en nuestra especie también existe al margen de la misma.


La especie elegida (Juan Luis Arsuaga; Ignacio Martínez)



miércoles, 21 de octubre de 2020

Textos para entender el Brexit

Extraídos de la magnífica novela de Coe, el corazón de Inglaterra.





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TODOS NUESTROS POST SOBRE EL BREXIT

lunes, 14 de septiembre de 2020

Los años 60 y las revoluciones sociales. Texto.


Comenzaba una nueva era en la que había que cumplir con la obligación de ser dichosos a toda costa. En un barrio de San Francisco de California alguien había abierto la jaula y la fuga acababa de convertirse en una estética. Primero fueron los beatniks, nueva orden de mendicantes que llevaban en la mochila el evangelio de Jack Kerouac En el camino, e hicieron filosofía del hecho de no parar nunca de andar, devoradores insaciables de carreteras, de paisajes con gasolineras abandonadas y moteles perdidos. Años después, de sus botas putrefactas germinaron los hippies con las flores, el amor libre y el pacifismo. En Liverpool comenzaron a cantar los Beatles. Bandadas de chicos y chicas dulces y silvestres tomaron posesión de la Vía Láctea para convertirla en una simple discoteca donde se rascaban el aura hasta el amanecer. Sucesivas oleadas de jóvenes vistiendo harapos magnéticos levantaron el vuelo, unos hacia el Machu Picchu, otros a Picadilly Circus, otros a la isla Elefantina, otros a las faldas del Himalaya, otros a Ámsterdam, donde el ayuntamiento les había dejado el caserón de una iglesia neoclásica rebautizada con el nombre de Paradiso para que bailaran. Durante esos años de jubileo, las aves migratorias venían huidas llevando una flauta de indio en el pico para tocar «El cóndor pasa» en las plazoletas iniciáticas.

Ava en la noche . Manuel Vicent