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sábado, 11 de diciembre de 2021

Tierno Galván ascendió a los cielos. Francisco Umbral.

He leído poco a Umbral más allá de sus maravillosas columnas de opinión. Pero muy poco sus novelas, y eso hay que empezar a arreglarlo.

El libro casi vino a mi, en la Cuesta de Moyano, y eso ya es una buena señal.

Más que una verdadera novela es una larga crónica de aquellos años de la transición que Umbral conoció en primera línea, con retratos magistrales de decenas de políticos, intelectuales (aunque apenas escritores) y otra gente de malvivir que construyó un sueño casi imposible, una España moderna que al fin saliera de su larguísimo, inacabable siglo XX.


La obra es eso y los usos y costumbres de una época que estaba comenzando a romper las costuras de un traje ya tan gris y obsoleto. Se habla así de las terribles pugnas (culturales, religiosas, sexuales) entre la España oficial y la España que despertaba, especialmente en Madrid con su Movida, que tanta relación tuvo con el viejo profesor.
Quizás esta parte, la de una larga y bella amistad entre el político y el escritor, sea el momento más intenso de todo el libro que se lee apenas sin respirar y, para la gente más joven, enseña mucho más de nuestra historia más reciente, que muchos y sesudos tomos de historia.






                                             ÍNDICES DE NARRATIVA

miércoles, 23 de enero de 2019

LA MOVIDA (1) UNA CONTRACULTURA EN LA PRIMERA DEMOCRACIA


Pérez Villalta. Personajes a la salida de un concierto de rock

La tan afamada movida fue, ante todo, una explosión de contracultura tras la muerte de dictador que se centró en Madrid (aunque habrá focos de Barcelona, País Vasco o Galicia).
Ideológicamente, la Movida responde a una doble negación. 
Por una parte de la sociedad franquista y su mundo en blanco y negro, unidireccional, capitalista y basado en códigos de actuación sumamente establecidos.
Por otra, la Movida se opone también el progresismo antifranquista, a su fuerte ideologización y sentido compromiso, a la ética del esfuerzo.

Frente a ellos, el movimiento propone una extraña mezcla entre la negación punk (conocida por sus viajes a Londres) y cierta ideología posmoderna (muy vinculada con Warhol y el pop mediático) que busca la libertad, la trivialización o la vida como una aventura azarosa que hay que consumir deprisa y sin plantearse ningún futuro.
Más que una posición política que vincule todo se prefiere la pura vida en libertad y el encuentro con otras personas que desean esto (por ello es tan importante en su génesis y desarrollo tanto los conciertos como los bares y pub o el propio barrio (Malasaña) en donde suceden cosas).
Precisamente por ello el movimiento es, ante todo, contradictorio, en donde la mezcla prima sobre las esencias, y en su propio momento de desarrollo, ni siquiera sus propios protagonistas tenían demasiado claro qué estaban haciendo. Tan sólo "pasárselo bien", puro hedonismo frente a la España franquista pero también a la antifranquista.
Dentro de este gran saco cabían múltiples ideas y estilos (como bien demostró la mezcolanza musical del momento) desde la apertura a la sexualidad con todas sus variantes (como la homosexualidad o el travestismo) al culto a las drogas (que acabó con muchos de sus primeros integrantes), de la más pura contracultura de algunos de sus componentes (Kaka de Luxe, alguno de sus fancines) a la posmodernidad más sutil de otros (Pérez Villalta. Ouka Lele).
Aunque existan otras manifestaciones, será la música y el look sus dos grandes pilares.

En cuanto a la estética fue, nuevamente, profundamente impura. Tal vez las décadas de aislamiento provocaron este aluvión de influencias que generaron la Movida que podía pasar del Glam de Tino Casal (aunque su música fuera claramente tecno), a las fórmulas punk de Kaka de Luxe y la primera Alaska, el mundo warholiano y pop del primer Almodóvar o Ouka Lele, el travestismo heredado de Bowie de Mcnamara























sábado, 8 de diciembre de 2018

LA CONSTITUCIÓN DE 1978. No estaban todos de acuerdo


Fíjate en esta selección de carteles que se expone en la actualidad en el Reina Sofía y verás que tanto grupos de izquierda como de derecha (aunque por razones diferentes) pedían el voto negativo o la abstención a la Constitución.























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lunes, 3 de septiembre de 2018

DOS CANCIONES PARA LA TRANSICIÓN

La primera canción era de Vino Tinto (Habla, pueblo, habla)  y fue utilizada en la publicidad del referéndum que abría la democracia tras la dictadura


La segunda la utilizó un nuevo periódico nacido en la Transición, el Diario 16



Fíjate en la letra y verás el miedo a los cambios (dicen los viejos...) pero, también, la esperanza de un nuevo mundo (Pero yo sólo he visto...)


              Dicen los viejos que en este país hubo una guerra 

                   y hay dos Españas que guardan aún, 

el rencor de viejas deudas 

Dicen los viejos que este país necesita 
palo largo y mano dura 
para evitar lo peor 

Pero yo sólo he visto gente 
que sufre y calla 
Dolor y miedo 
Gente que sólo desea su pan, 
su hembra y la fiesta en paz 

Libertad, libertad sin ira libertad 
guárdate tu miedo y tu ira 
porque hay libertad, sin ira libertad 
y si no la hay sin duda la habrá 
Libertad, libertad sin ira libertad 
guárdate tu miedo y tu ira 
porque hay libertad, sin ira libertad 
y si no la hay sin duda la habrá 

Dicen los viejos que hacemos lo que nos da la gana 
Y no es posible que así pueda haber 
Gobierno que gobierne nada 
Dicen los viejos que no se nos dé rienda suelta 
que todos aquí llevamos 
la violencia a flor de piel 

Pero yo sólo he visto gente muy obediente 
hasta en la cama 
Gente que tan sólo pide 
vivir su vida, sin más mentiras y en paz 

Libertad, libertad sin ira libertad 
guárdate tu miedo y tu ira 
porque hay libertad, sin ira libertad 
y si no la hay sin duda la habrá 
Libertad, libertad sin ira libertad 
guárdate tu miedo y tu ira 
porque hay libertad, sin ira libertad 
y si no la hay sin duda la habrá



martes, 12 de abril de 2016

LA TRANSICIÓN. Un rápido repaso a los partidos políticos

Con la Ley de Reforma Política (1977) se abría la posibilidad de crear otros partidos fuera del único oficial del franquismo (El Movimiento).
Algunos de ellos aún perduran (con grandes cambios), otros desaparecieron por completo



 UCD fue el principal partido de la Transición hasta la victoria del PSOE en 1982. Liderado por Suárez y más tarde por Leopoldo Calvo Sotelo será el principal instrumento para la segunda parte de la Transición.
Su composición (tan heterogénea, desde antiguos franquistas a socialdemócratas) fue positiva en los principios (supuso un escalón entre el franquismo y la democracia que evitó la ruptura y permitió la entrada de numerosos políticos del anterior régimen). Sin embargo, poco a poco comenzarán tensiones entre sus distintas sensibilidades que terminaron por forzar la dimisión de Suárez.
Posteriormente Suárez creará un nuevo partido (CDS) que nunca llegaría a tener una fuerza relevante en el nuevo panorama político de los 80.
Adolfo Suárez
Tomado de wikipedia

ALIANZA POPULAR. Liderada por Fraga Irribarne, figura importante del franquismo, aglutinaba a los sectores más contrarios al cambio (aunque aceptando la democracia), y durante mucho tiempo mantuvo una actitud nostálgica ante el franquismo, relegado a un segundo plano por UCD (Sólo será a partir de su refundación por Aznar como PP cuando comience a crecer y convertirse en el partido que conocemos hoy)

Manuel Fraga
Tomado de wikipedia

PSOE. Ya presente en la clandestinidad franquista (aunque de una forma muy marginal frente al todopoderoso PCE) empezó a crecer con un doble cambio. Primero fueron sustituidos sus dirigentes históricos en el exilio (Llopis) por una nueva generación española (Felipe González, Alfonso Guerra, Solana...) en el famoso congreso de Suresnes, renunciando al marxismo leninismo en favor de la socialdemocracia.
Participó activamente en el parlamento y sometió a Suárez a un acoso y derribo que originó su dimisión. En 1982 tuvo una inesperada y abrumadora victoria que cerraría el periodo de la Transición
Alfonso Guerra y Felipe González tras su victoria de 1982
Tomado de libertadigital

PCE. Dirigido por Carrillo o la Pasionaria fue la fuerza aglutinante de la oposición al franquismo (tanto desde la acción política como la sindical, desde CC OO). Su legalización supuso uno de los momentos más tensos de la Transición (aquí lo analizamos con mayor amplitud), y curiosamente, todas sus concesiones para entrar en el sistema democráticos le fueron quitando su anterior poder social que terminó recalando en el PSOE. Fue entonces cuando la figura de Carrillo será progresivamente erosionada para entrar en un largo periodo de luchas internas que destrozó el partido (y su apoyo). Será refundado en la nueva coalición de Izquierda Unida.
Santiago Carrillo
Tomado de wikipedia




jueves, 3 de marzo de 2016

LA TRANSICIÓN. LA LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA


¿Quién hubiera podido prever que el cambio de la dictadura a la democracia en España no lo urdirían los partidos democráticos, sino los falangistas y los comunistas, enemigos irreconciliables de la democracia y enemigos irreconciliables entre sí durante tres años de guerra y cuarenta de posguerra? ¿Quién hubiera pronosticado que el secretario general del partido comunista en el exilio se erigiría en el aliado político más fiel del último secretario general del Movimiento, el partido único fascista? ¿Quién hubiera podido imaginar que Santiago Carrillo acabaría convertido en un valedor sin condiciones de Adolfo Suárez y en uno de sus últimos amigos y confidentes? Nadie



Fue éste uno de los momentos culminantes (y más peligrosos) de toda la transición. Una decisión atrevida, aunque inevitable.
Inevitable porque sin el Partido Comunista la apertura a la democracia era imposible, ya que significaba la Oposición al régimen franquista más organizada y era el símbolo máximo de la otra España, la que había perdido la Guerra Civil y había quedado borrada literalmente de la España franquista. Sin partido comunista no podía existir (al menos simbólicamente, como luego se demostró) una verdadera democracia.
Atrevida por lo que significaba este partido a los nostálgicos del franquismo, un verdadero demonio. Esto era especialmente importante dentro del ejército (muchos de sus altos mandos habían combatido en la Guerra Civil y habían partido con la División Azul contra el comunismo soviético).

Tanto el Rey como Suárez sabían que su legalización podría precipitar el golpe de estado que desde hacía tiempo sobrevolaba todas las cabezas.
Santiago Carrillo
Tomada de wikipedia

Para realizarla se utilizaron dos tácticas muy habituales en nuestra Transición: las conversaciones secretas seguidas de un golpe de efecto casi instantáneo que dejara poco margen de respuesta.
Curiosamente estas conversaciones las hicieron lo que debían ser dos políticos irreconciliables. Un antiguo falangista (Suárez) y el líder histórico del comunismo (Santiago Carrillo).
Las posiciones de ambos, sin embargo, llevaban años convergiendo sin saberlo. Suárez había renunciado al franquismo cuando apoyó al Rey en su desmantelamiento del Régimen mientras Santiago Carrillo se alejaba del mundo soviético con su famoso eurocomunismo (una izquierda no dependiente de Moscú que empezaba a aceptar numerosas cuestiones de la socialdemocracia).
Sobre estas bases se produjeron numerosos encuentros, primeros indirectos, luego personales, que llegaron a un acuerdo. El partido comunista sería legalizado a cambio de su aceptación de la monarquía y el olvido de su pasado republicano y anticapitalista.
Fijaros en la gran bandera constitucional

Un último acontecimiento actuó en favor de los cambios: el control del Partido Comunista en las silenciosas protestas contra los atentados de Atocha que ya vimos aquí
La operación se puso entonces en marcha (con detención incluida de Carrillo que pasó una semana en la cárcel para darle un respiro a la imagen del gobierno) y un 9 de abril, Sábado Santo, con media España de vacaciones, se realizó la legalización.
La democracia resultó así consolidada mientras el golpe de estado futuro cobraba también más apoyos



sábado, 20 de febrero de 2016

El libro del sábado. JAVIER CERCAS. ANATOMÍA DE UN INSTANTE. 23 F Y TRANSICIÓN



Parece mentira pero este libro seguía esperándome silencioso en la biblioteca desde hacía años, y aprovechando las vacaciones de Navidades ha vuelto a nacer y ha resultado una experiencia excepcional por varios motivos.

El primero porque es un libro de historia que no lo parece, pues no en vano está escrito por un novelista de raza que (sin escatimar datos ni análisis) nos lleva a una lectura tremendamente atractiva y ligera en donde se plantean las múltiples hebras que entretejen el frustrado golpe de estado del 23 F.
Precisamente esta complejidad de tramas, causas y efectos resulta otra de las fascinaciones del libro, que no se dedica tan sólo al golpe sino que, en el fondo es una monumental historia de nuestra transición tejida en torno a sus principales personajes (el Rey, Suárez, Carrillo, Gutiérrez Mellado, Tejero, Armada, Millans ...)
De esta manera, Cercas da al golpe de estado una dimensión más allá de la militar y lo analiza como un conjunto de conflictos que se van sucediendo en los años anteriores (terrorismo, ruido de sables en los cuarteles, crisis económica, presiones internacionales, ambiciones desmedidas de múltiples políticos, iniciación desbocada del Estado de las Autonomías...) que se enlazan en torno a la figura de Suárez, un cadáver político un año antes del golpe contra el que se dirigen todas los odios y ansiedades, pasando de héroe a villano.

Así que en los últimos días de 1980 y los primeros de 1981 la realidad en pleno parece conspirar contra Adolfo Suárez (o Adolfo Suárez siente que la realidad en pleno conspira contra él): los periodistas, los empresarios, los financieros, los políticos de derecha, de centro y de izquierda, Roma y Washington. Lo hacen incluso algunos líderes comunistas, que se manifiestan en público o en privado a favor de un gobierno de concentración presidido por un militar. Lo hacen incluso los líderes de los principales sindicatos, que hablan de situaciones límite, de situaciones de emergencia, de crisis no de gobierno sino de estado. Lo hace incluso el Rey, que intenta a su modo librarse de Suárez y que espolea a unos y a otros contra él. Con todos esos materiales se fabricó el golpe: las maniobras políticas contra Adolfo Suárez fueron el humus del golpe.
(...) 
Para un hombre así, pura exterioridad, cuya autoestima dependía casi por completo de la aprobación de los otros, debió de ser una experiencia devastadora notar que sus trucos de prestidigitación ya no surtían efecto, que la clase dirigente del país le había tomado la medida y que el brillo de su seducción se había apagado, que nadie reía sus bromas ni se embelesaba con sus opiniones, que nadie sentía el embrujo de sus historias ni el privilegio de su compañía, que nadie se creía ya sus promesas ni aceptaba sus declaraciones de amistad eterna, que quienes lo habían admirado y lisonjeado lo despreciaban, que quienes le debían su carrera política y le habían entregado su lealtad lo traicionaban, que el mejor sentimiento que podía ya suscitar entre sus iguales era una mezcla de hastío y de desconfianza y que, como se encargaban de demostrarle a diario las encuestas desde el verano de 1980, el país entero estaba harto de él.

Resulta, además, un poderoso retrato de Suárez, de aquel que traicionó al Régimen que lo había aupado bajo los designios del Rey. Sin ningún tipo de idealización nos lo presenta como una ambición de poder, un político puro, sin una clara preparación pero con un instinto y voluntad que logró derrotar todos los obstáculos hasta que pasó su tiempo

Como cualquier político puro, Suárez era un actor consumado: joven, atlético, extremadamente apuesto y siempre vestido con un esmero de galán de provincias que embelesaba a las madres de familia de derechas y provocaba las burlas de las periodistas de izquierdas -chaquetas cruzadas con botones dorados, pantalones gris marengo, camisas celestes y corbatas azul marino-, Suárez explotaba a conciencia su porte kenediano, concebía la política como espectáculo y durante sus largos años de trabajo en Televisión Española había aprendido que ya no era la realidad quien creaba las imágenes, sino las imágenes quienes creaban la realidad

(...) tenía curiosidad, escuchaba más que hablaba, aprendía rápido, resolvía los problemas por la vía más simple y más directa, renovaba sin contemplaciones los equipos de políticos que heredaba, sabía reunir voluntades contrapuestas, conciliar lo inconciliable y detectar lo muerto en lo que aún parecía vivir; además, no desaprovechaba una sola oportunidad de demostrar su valía: como si en verdad hubiese sellado un pacto con el diablo, ni siquiera desaprovechaba oportunidades que hubieran podido arruinar la carrera de cualquier otro político.

Tomado del Mundo

Y es que durante todo el libro se evita el embecellecimiento y la mitificación de la famosa Transición que durante tantísimos años se nos ha vendido (aunque tampoco la crítica superficial que estamos escuchando en los últimos meses, hechizados como estamos por lo nuevo como si esto fuera por si mismo la panacea a todos nuestros males)
A lo largo de sus páginas encontramos una realidad a menudo brutal, tanto por el terrorismo como por las propias maniobras políticas, y la enorme tensión (casi diaria) que se vivió durante esos años (buen aviso a navegantes para los que creen que la segunda transición que ahora se plantea se ve como un prado lleno de sutiles florecillas).
Por supuesto que también se hablan de los pactos y las negociaciones, pero que vistas con preciso bisturí son más concesiones personales que grandes movimientos masivos (pues el en fondo nuestra Transición fue una Revolución de terciopelo siempre a punto de derrumbarse que sólo a través de una multiplicidad de casualidades consiguió salir adelante)


En resumen, una lectura histórica que tiene mucho de presente y que dará a sus lectores amplias miras para analizar la compleja situación actual que bien podría combinarse con el que le dedicó Manuel Vincent




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lunes, 21 de diciembre de 2015

EL ATENTADO SOBRE LOS SINDICALISTAS DE ATOCHA


La historia de la Transición (últimamente tan denigrada en conjunto como antes ensalzada sin crítica) fue la de las múltiples tensiones que sufrió la sociedad española para pasar (sin un conflicto armado) de una dictadura militar y tardocatólica a una sociedad democrática.
Alguna de estas tensiones ya las hemos ido analizando o lo haremos en breve: con el ejército (consumada en el 23-F), con la iglesia más refractaria (con la que se enfrentó Tarancón), con el terrorismo (especialmente el de ETA pero también el del GRAPO) o con la izquierda (aún clandestina pero cada vez más presente) y los elementos más duros aún franquistas.
Este último tema es el que gravita sobre la matanza de los laboralistas de Atocha, miembros de CCOO que habían defendido a líderes sindicales.
Sus asesinos pertenecían a los sectores tardofranquistas (con conexiones con el neofascismo italiano) que buscaban romper el frágil equilibrio del momento y provocar una involución política.

Por ello resultó tan importante la respuesta de la izquierda (comandada por un entonces fortísimo Partido Comunista), que convocó una manifestación sin precedentes en donde no se recurrió a la violencia que habría podido encender la chispa del desastre.

Tomado de elpais.com

Como pago ante ello (y a la asunción de la bandera española frente a la republicana y la aceptación de una monarquía parlamentaria), el Partido Comunista sería legalizado en plena Semana Santa, dando un paso gigante para el transcurso de la Transición.


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lunes, 1 de septiembre de 2014

ACERCA DE LA MONARQUÍA

Todos los años, a final de curso, me gusta invitar a algún alumno a que publique un artículo de opinión en este blog.
Una pequeña forma de reconocimiento para aquellos alumnos que van más allá de la pura nota y se han distinguido por sus inquietudes, por su actitud crítica, por su pasión por la asignatura.
Este año la alumna invitada es Paula Sancho (IES Miguel Delibes en Mejorada del Campo), una "científica" con alma de letras, inteligente, crítica pero sensible, modesta y siempre dispuesta a ayudar a los demás.
Ha sido todo un honor (y una gozada) haberte podido dar clase, Paula

Atendiendo a la actualidad española, los problemas e inquietudes que se viven en nuestro país, dedicaré este artículo a una de las cuestiones o temas más planteados en este último tiempo: la monarquía, en su vertiente histórica, internacional y actual.
La Monarquía ha sido un modo predominante en la forma de Gobierno, o de máxima organización del poder político en España, en sus diferentes concepciones o modalidades. Lo que hace que la historia política e institucional de España sea la de su Monarquía.  
Partiendo de la base de que la monarquía es un sistema de gobierno en el cual el jefe del estado no es elegido de manera democrática, a menudo es un cargo hereditario, es importante establecer de forma clara que existen distintos tipos de monarquías: la monarquía absoluta, aquella en la que la figura representante, el monarca, rey, emperador o zar ejerce el poder sin ningún tipo de restricciones y en todos los términos, en algunos casos tiene un gran poder espiritual, la monarquía absoluta de origen divino. Esta organización estatal era la elegida en el Antiguo Régimen, en la Rusia Zarista y como ejemplo actual, Corea del norte. 
La monarquía semiconstitucional, en ella el monarca aun conserva poderes ejecutivos significativos, pero el jefe de Gobierno sigue siendo el primer ministro; su evolución es diferente en cada Estado, sin embargo, tenemos el ejemplo de los monarcas de los países árabes, quienes siguen ostentando casi todo el poder en sus manos.
La monarquía constitucional, en la cual el monarca es el jefe del estado con poderes limitados, meramente simbólicos, ya que el poder legislativo, ejecutivo y judicial se reparte entre las diferentes instituciones del país. Esta es la monarquía más dada en la actualidad, debido a que representa mayor libertad al pueblo.
Con la mirada puesta en el presente de España, comprobamos que la organización estatal viene dada por una monarquía constitucional o parlamentaria. Un debate frecuente es el que enfrenta a la monarquía con la república. Lo cierto es que tienen la misma base, excepto por el hecho de que el jefe del estado no es escogido de manera democrática. Respeto profundamente todo tipo de opiniones a razón de este tema, y dicho esto me dispondré a explicar la mía. 
Me encuentro en una situación en la cual yo, como joven, no veo más que manifestaciones y huelgas para pedir el derecho a decidir del pueblo. La verdad es que me parece razonable, y lo apoyaría si no pensara que la monarquía, aun no siendo elegida por el pueblo, es beneficiosa para este. En el modelo estatal español, el Rey es una figura representante y simbólica que da respeto, seriedad y lo más importante, estabilidad al país tanto nacional, como internacionalmente. Una figura que no se relaciona con ningún partido político, que simplemente está ahí, ejerciendo una función indispensable. A mi parecer, si el jefe del Estado se pudiera elegir, provocaría cambios e inestabilidad, al ser permutado cada cierto tiempo. Pienso que este cargo no debe estar relacionado con la política, ya que de esta ya se encarga el Gobierno y el parlamento.

Dicho esto, quería terminar mi exposición dando las gracias a Su Majestad Don Juan Carlos, por su papel ejemplar durante su reinado, y especialmente en la transición,  sin el cual no habríamos llegado al punto donde nos encontramos, la democracia.

miércoles, 11 de junio de 2014

EL REY JUAN CARLOS Y LA TRANSICIÓN

Tomado de blogs.ua.es

En estos últimos días hemos oído millones de veces que le debemos la democracia al rey Juan Carlos.
La afirmación no es falsa, pero tampoco verdadera, pues toma la parte por el todo en una campaña de re-prestigio de la figura del rey que algunos sectores han iniciado desde que se conociera su abdicación (y que, a mi juicio, le perjudica más que le beneficia, pues están intentando crear un mito, seleccionando sólo ciertas partes de la historia).

Y es que el tema es muy complejo, pero intentaré hacer un pequeño resumen.





















Es totalmente cierto que, tras la muerte de Franco (y como ya hemos explicado aquí), el rey Juan Carlos llega a la jefatura del Estado según las leyes franquistas, al ser nombrado su sucesor en 1969.
Desde entonces inicia una serie de movimientos y decisiones que serán el primer motor para la llegada de la democracia, como el cese de Arias Navarro en la presidencia de gobierno, sustituyéndolo por Adolfo Suárez, encargándole la ley para la Reforma política que permita destruir el monopolio franquista y permitir unas elecciones verdaderamente libres que generarían unas cortes que, a su vez, promulgaron la Constitución.
Adolfo Suárez

En ella el rey renuncia a todos los poderes (amplísimos) que le había concedido el régimen franquista para conformarse como monarca constitucional (el rey reina pero no gobierna) entendido como jefe de Estado con funcionales de representación, jefe de las fuerzas armadas (aunque bajo el control del gobierno) y factor de equilibrio fuera de los vaivenes políticos (una forma de evitar las radicalizaciones que ya vimos en la II República)
Por otra parte, fue también fundamental su figura como referencia de estabilidad en este complejo paso (sin violencia) entre franquismo a democracia, manteniendo sujeto a los sectores más reaccionarios y a una gran parte del ejército que podían haber dado al traste todo el proceso. De la misma manera sirvió como referente ante la población, convirtiéndose en una las representaciones del poder que, simbólicamente, nunca dejaba una sensación de vacío de poder que habría creado un vértigo aún mayor del que ya hubo
Y hasta aquí su aportación, fundamental.

Pero la Transición fue mucho más que esto, y no deberíamos olvidar el papel fundamental de otras personalidades sin las que habría sido imposible, como Torcuato Fernández Miranda, su antiguo profesor de Derecho y verdadero cerebro de la misma. En un segundo plano se le puede considerar como el verdadero ideólogo del proceso que iría "de la ley a la ley a través de la ley".

















Torcuato Fernández Miranda (izquierda) junto a Suárez
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Y además de Suárez (que sirvió de instrumento carismático del proceso), tampoco podemos olvidar a toda una serie de políticos que supieron encauzar a distintos sectores de la población y tendieron a un espíritu de consenso que fue imprescindible en todo el proceso. Así lo hizo Carrillo y con él el PCE al renunciar a la República y aceptar una economía capitalista, Felipe González que rehizo el PSOE, lo hizo renunciar a sus principios marxistas y aceptó la monarquía, Fraga Iribarne que, desde el régimen anterior, sirvió como punto de referencia de la parte más moderada del franquismo, Tarradellas y la adaptación del catalanismo a un sistema autonómico, o los propios sindicatos que, sin renunciar a la lucha obrera, pactaron con empresarios y partidos políticos los famosos Pactos de la Moncloa para intentar paliar los efectos más adversos de la crisis del 73.


 




















Pactos de la Moncloa 
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No debemos olvidar, por otra parte, que el propio régimen franquista estaba ya en proceso de descomposición antes incluso de la muerte de su fundador y el contexto internacional (especialmente EE UU) estaba a favor de una democratización del sur europeo (como ya había pasado con Grecia o Portugal).
Incluso en el interior del país, la creciente clase media que empezó a aparecer en los 60 y cuyos hijos se encontraban mucho más educados (muchos de ellos universitarios) permitían una base sobre la que apoyar el nuevo régimen (al contrario de lo que había ocurrido en la Segunda República), produciéndose una transición social bastante anterior a la política
Como puede verse en este brevísimo resumen, la Transición fue mucho más que el rey, y se parece mucho más a un gran tablero de ajedrez en donde se necesitó del movimiento de múltiples piezas para lograrse